Mal ensayo de Carnaval y un "puñadito" de errores

El fracaso de tres senadoras y el enojo de un ministro evidencian problemas del FA
"Los Oportunos" y "Los Misteriosos" tenían tal rivalidad, que ni lograron acuerdo para competir frente a frente; y cada comparsa armó su propia fiesta de Carnaval. Fue en el febrero de 1871, durante el gobierno de Lorenzo Batlle, y aquellas comparsas carnavalescas, reflejaban a su manera el enfrentamiento entre "principistas" y "candomberos", entre intelectuales que culpaban de los males del país al enfrentamiento entre las divisas tradicionales, y los que reivindicaban a los caudillos y sus bandos para la conducción de la República.

"Los Oportunos" eran la comparsa crítica del gobierno, tanto que hicieron un espectáculo en la Plaza Matriz para parodiar una elección fraudulenta: "Criarán pelo las ranas / y las mulas tendrán cría / y extraerá la cirugía / las muelas sin dar dolor / cuando el pueblo soberano / triunfe en las elecciones / cuando no haya compadrones / ni revólver elector".

"Los Misteriosos" eran oficialistas, y por eso el ministro de Gobierno José Cándido Bustamante, les hizo un agasajo con "un archisublime asado con cuero" en su quinta del arroyo Miguelete.
Con el tiempo, el Carnaval uruguayo fue cuna de murgas y otras categorías.

La murga nació crítica, pero no partidaria, pero a partir de la década de 1970 comenzó a cambiar, con el nacimiento de una murga frentista, "La Soberana". Luego, otras se fueron sumando, hasta que por convicción o por conveniencia, todas quedaron como "progresistas".La llegada de la izquierda al gobierno fue un desafío para esas murgas, y por corazón o por visualizar una plante frentista, les ha costado ser críticos en serio.

En los últimos tiempos eso volvió a girar, unos por desilusión, otros por enojo, otros por asumir que el carnaval debe estar por encima de banderas, pero otros también por olfatear que el Frente viene en baja, y que no será poder siempre.Eso le está pesando al Frente Amplio.Perdió la calidad de favorito y eso incide en su accionar político.

El problema del oficialismo no está en la economía, ni un contexto adverso, ni en la oposición; es un mal interno. Dos episodios de esta semana demuestran lo mal que se maneja políticamente.

Entrevistado en Radio El Espectador, el ministro de Economía, Danilo Astori venía respondiendo alineado a un libreto cuidado al extremo, con mensaje prolijo hacia el público y hacia la interna, hasta que no controló el mal humor sobre una nota del diario "El País" y acusó bronca por una "filtración" de datos sobre proyección presupuestal.

El ministro se enojó porque creyó que eso complicaba la negociación en la interna del Frente, pero al salir enojado a quejarse de la supuesta traición de alguien de su ministerio, dio veracidad a toda la nota. Podía haber dicho que era un disparate: "el que crea que tenemos 250 millones para repartir, que busque en el Ministerio y si encuentra esa plata se la lleva", expresado con ironía, y mantener sensación austera.

Pero se calentó, y dijo que era "una información que obviamente salió de adentro del Ministerio". Dio veracidad y fuerza a una nota que no había tenido tanto eco, ya que era tapada ante la opinión pública por el documento frentista que informaba que varios grupos pedían que en la Rendición de Cuentas se incluyera la no devolución de excedentes por aportes al Fonasa.

Innecesariamente erosionó la interna del MEF, y también dijo agravios inmerecidos al medio de prensa que dio la noticia, y al periodista que simplemente había cumplido con su trabajo.
Peor que eso fue la negociación de la bancada frentista sobre relevo en la Suprema Corte de Justicia.
Tres senadoras, Constanza Moreira (CG), Lucía Topolansky (MPP) y Mónica Xavier (PS) negociaron con la oposición, ya que para nombrar ministro de la Corte se precisan dos tercios de votos de la Asamblea General (por lo que precisan 22 votos no frentistas).

Propusieron a la jueza Alicia Castro, que obtenía consenso con la oposición, pero un canallesco enchastre a la magistrada, por desconocimiento de los hechos de 1973 o por revanchas incalificables, llevó a que le bajaran el pulgar.

Luego eso se "disfrazó" con lo de que le quedaba un año para retirarse por edad, que no valía la pena que asumiera por un año y que era mejor que terminara en el TCA. ¡Cómo si para un juez no fuera un honor jubilarse siendo ministro de la Corte Suprema!

Después eligieron a la jueza María Rosina Rossi que estaba en el puesto 14º de la lista de antigüedad, y tras examinar su trayectoria, la oposición consideró que no había méritos para saltearse tantos magistrados. El Frente habló de "lobby empresarial", con el argumento de que era una defensora radical de los derechos obreros y por eso, no la querían en la Corte.

Lo cierto es que para elegir uno o una, debe haber consenso entre los que tienen los votos.
Por disposición constitucional, al pasar los 90 días del retiro de Jorge Larrieux, asumiría el primero de la lista, Eduardo Turell.

Para las tres negociadoras por el FA, la prioridad era que fuera una jueza mujer, y que estuviera consustanciada con la defensa de los derechos de los más desprotegidos, para decir con elegancia que estuviera afín a los principios de la izquierda.

¿Sólo Rossi encuadraba en eso? No; Alicia Castro era una opción, pero además, con más antigüedad que Rossi y con currículos destacables, había tres mujeres (por lo menos). Y todas esas mujeres tenían luz verde de la oposición.Pero prefirieron no negociar y plantarse con la carta de Rossi, lo que supuso elegir entre llevar otra mujer a la Corte, o dejar que ingresara otro hombre.

Como en mayo hay otro recambio, por retiro obligatorio de Ricardo Pérez Manrique, podían haber vuelto a negociar por una mujer, y de esa manera ... por primera vez en la historia habría una Suprema Corte con tres juezas y dos jueces. ¡Hubiese sido histórico!

Dejaron pasar el plazo. Las tres senadoras frenteamplistas, y todo el oficialismo. Y eso pese a la lucha por "la cuota" por más espacio a mujeres, y pese a la indignación por la expresión vidalinesca del "puñadito".

Para esa causa, ¿fue peor lo que dijo el intendente de Durazno o esta negociación?
Más allá de si es mejor un juez de raíz tradicionalista que una jueza progresista, o viceversa, el episodio desnuda una mala capacidad negociadora en el Frente.

Y eso, como ensayo de negociaciones futuras en Rendición de Cuentas y otros temas, ahora que el oficialismo no tiene mayoría asegurada con sus votos, es un anticipo de problemas para el gobierno y su bancada.

El entrevero complica las chances electorales futuras de la izquierda, pero quizá pueda dar una oportunidad al presidente Tabaré Vázquez para manejar el gobierno ajeno al tironeo de la interna.
Es que aunque varios dirigentes frentistas insistan en que lo ven desgastado, Vázquez juega mejor que el resto del Frente.

Con ese contexto, la puja entre "Los Oportunos" y "Los Misteriosos" tiene para varios cuplés más.


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