Mal que pese, una economía estancada

La economía uruguaya dejó de crecer y eso obliga a replantear el discurso oficial
Hay un diagnóstico o más bien un calificativo que al oficialismo le molesta y mucho. Cuando los analistas privados empezaron a hablar de "estancamiento", el equipo económico y algunos técnicos de la fuerza política reaccionaron con particular vehemencia. En relación al consenso de los expertos que participan del debate público, el gobierno se mantuvo en los últimos dos años varios tonos por encima en la escala de optimismo al analizar el desempeño de la economía y realizar sus proyecciones. Y ese optimismo no se quedó en el discurso, sino que se plasmó en el presupuesto y en otras grandes decisiones de política.

"Hay una desaceleración, pero de ninguna manera puedo aceptar afirmaciones que me han sorprendido sobre que Uruguay está estancado (...). Discrepo totalmente", señalaba el ministro de Economía y Finanzas, Danilo Astori, a mediados de setiembre. También el presidente del Banco Central (BCU) y exministro de Economía, Mario Bergara, negaba en diciembre el estancamiento en un evento organizado por Forex Uruguay en el World Trade Center.

Una vez conocido el jueves el dato sobre la evolución del Producto Interno Bruto (PIB), no fueron pocos los analistas que usaron el término "estancamiento" para referirse a una economía que en los últimos tres trimestres relevados tuvo dos leves caídas de su actividad alternadas por un crecimiento de apenas 0,5% interanual en el tercer cuarto de 2015.

El viernes, el contador Alfredo Asti, diputado del Frente Amplio del mismo sector que el ministro de Economía, señalaba en redes sociales: "Algún titular de prensa con indisimulado regocijo alarma con que el Uruguay está estancado pese al crecimiento del 1% del PIB en 2015 que es similar al promedio de crecimiento del país en los 50 años anteriores a 2005 cuando no gobernaba el FA".

Una economía estancada

La economía uruguaya dejó de crecer, y si bien el gobierno se empeña en resaltar el hecho de que no está cayendo, lo cierto es que el cambio en el ciclo económico se está sintiendo en los indicadores de empleo, salarios y en el ánimo de la gente y de los empresarios a la hora de adoptar sus decisiones de consumo e inversión.

No atraviesa una recesión ni es mayoritaria la opinión entre los expertos de que la actividad se contraiga de cara a este o el próximo año. Entre los 11 economistas, empresas consultoras, centros de investigación académica e instituciones financieras que operan en la plaza local, encuestados por El Observador en marzo –antes de conocerse el dato del PIB de 2015 cerrado–, solo dos preveían una contracción de la actividad en 2016, pero solo tres anticipan un crecimiento mayor a 1%.

Eso implica que el consenso entre los expertos es que este año Uruguay va a seguir creciendo, pero muy poco; y lo que no avanza ni retrocede, se puede decir que está estancado.

Otro elemento preocupante y que refuerza la idea de estancamiento es la tendencia de esas proyecciones, que con el correr de los meses se han ido ajustando a la baja. La mediana de los expertos esperaba en setiembre un crecimiento de 1,5% durante este año y en marzo esa proyección pasó a 0,8%. Incluso una vez conocido el dato de 2015, varios analistas coincidieron en que van a revisar a la baja sus proyecciones para este año.

No hay ningún acontecimiento ni indicios por parte de los datos ya difundidos ni cambios en las percepciones del empresariado y los consumidores, que permitan avizorar un cambio en la tendencia de la actividad económica durante el primer trimestre del año. Nadie espera una aceleración significativa que invite a pensar que el estancamiento reciente fue un hecho aislado y anecdótico.

El viernes se conoció el índice Líder de Ceres de enero, que se adelanta al desempeño de la actividad económica. Según ese indicador, que completó siete caídas consecutivas, hay una alta probabilidad de que la economía se haya contraído en el primer trimestre de este año.

La importancia del discurso

En momentos de incertidumbre económica, cuando al común de la población le cuesta dimensionar el alcance del cambio en el ciclo económico, se genera un peligro que quita el sueño a las autoridades: que los uruguayos sobrerreaccionen al estancamiento económico asumiendo una crisis que hoy no existe ni tampoco se espera.

En un intento por aplacar el pesimismo, el equipo económico portó durante el último año como estandarte un discurso en el cual no solo le quitaba dramatismo a la evolución de los principales indicadores económicos, además proyectaba un piso más alto para el crecimiento y una más rápida recuperación que el consenso de los analistas privados.

Con la intención de que los agentes económicos no incorporen en sus decisiones un escenario más pesimista y terminen amplificando el efecto del cambio de ciclo, las autoridades adoptaron un set de proyecciones que a la luz de los datos finales, quedó en falso.

Hoy las proyecciones oficiales requieren un rápido sinceramiento. Durante el año pasado el gobierno se aferró a la idea de que la economía crecía a una tasa de entre 2% y 2,5%, mientras los analistas privados veían entre 1% y 1,5%. Para 2016, el presupuesto espera que la economía avance 2,5% cuando las expectativas privadas están por debajo del 1%. Recién el viernes, luego de publicado el dato que dejó como optimistas incluso el grueso de las proyecciones de los privados, el equipo económico se comprometió a revisar sus proyecciones.

El costo que tiene hoy día mantener un discurso desalineado con la realidad es muy alto. Si el equipo económico quiere convencer a los uruguayos de que tiene las herramientas para revertir el estancamiento, frenar la pérdida de puestos de trabajo y volver a encauzar el crecimiento del país, debe hacerlo sobre la base de un diagnóstico creíble. Antagonizar en su relato con los expertos privados no contribuye a combatir el pesimismo, solo corroe la credibilidad del gobierno.

El efecto en la población que genera el "alarmismo" que critica el oficialismo no se combate negando la realidad, eso solo conduce a alimentar la incertidumbre y el temor en los uruguayos.

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