Manchester junto al mar: un melancólico regreso al hogar

Una de las candidatas al Oscar como Mejor película se estrena hoy en cines locales
El dolor, la pena y el duelo son sentimientos inherentes a la condición humana que todas las personas enfrentan en algún momento de sus vidas. A veces es pasajero y para poder mitigarlo es necesario escapar, tanto de las personas como de los lugares donde esa pena se ha enquistado. Pero ¿qué pasa cuando esos sentimientos se quedan a vivir para siempre, cuando quiebran tanto a un hombre que su existencia se reduce a soportar los días? ¿Y qué pasa cuando, además, no queda más remedio que volver al lugar donde se originaron todos esos pesares?

Eso es lo que le sucede a Lee Chandler, el personaje que Casey Affleck interpreta en Manchester junto al mar, que se estrena hoy en cines locales. El film, dirigido por el estadounidense Kenneth Lonergan, es uno de los grandes protagonistas de la edición 2017 de los premios Oscar, con seis nominaciones, entre ellas la de Mejor Película, Mejor Director y Mejor Actor.

En Manchester junto al mar, Lonergan se reúne por segunda vez con el actor Matt Damon, quien ofició de productor de la película como ya había sucedido en Margaret (2010). A su vez, Damon –gran amigo de la familia Affleck desde la adolescencia– acercó el papel de protagonista a Casey Affleck, que en un principio iba a interpretar él.

Trailer Manchester by the sea

Volver a las raíces

Lee (Casey Affleck) es un sanitario, electricista, conserje y encargado de todos los trabajos que sean necesarios en un edificio de Boston. Su vida parece acompañar un llano algoritmo que se repite día tras día: trabaja muchas horas para sus vecinos, recibe las quejas de su jefe, luego va al bar, se emborracha, se pelea ocasionalmente con alguien y luego se va a dormir en su ambiente de cuatro por cuatro. Lee es hosco, poco amigable y rechaza cualquier intento de socialización por parte del mundo exterior.

Pero, como ya se adelantaba en los avances, la cosa cambia. El hombre recibe un llamado desde Manchester-by-the-sea, localidad costera de la que es originario, que le anuncia que su hermano mayor murió por complicaciones del corazón. El llamado parece no hacer mucha mella en el humor de Lee, pero de todos modos emprende el viaje a su pueblo natal.

Allí, además de las cuestiones inherentes al funeral y la herencia, Lee se ve enfrentado a un problema crucial: la custodia de su sobrino Patrick, de 16 años. Patrick es popular en su colegio, tiene varios amoríos y lo último que quiere es quedarse a cargo de su tío, aunque la custodia, por pedido explícito del difunto, queda a cargo de Lee.

Hasta ahí, el espectador no logra entender muy bien qué pasa con esas personas ¿Por qué ni Lee ni Patrick parecen sentir dolor alguno? ¿Cuál es el origen de esa apatía? Los flashback –un recurso que la película emplea durante todo su metraje– muestran que Joe era un buen padre, un buen hermano y buen vecino, por lo que sus reacciones no se explican.

La perspectiva cambia cuando la relación entre los dos comienza a generar las primeras fricciones y los recuerdos del pasado de Lee comienzan a aflorar. Allí la película desvela un pasado trágico para el personaje de Affleck y una infancia difícil para Patrick. Y es allí cuando se revela la verdadera situación de estas personas, principalmente la de Lee: es un hombre quebrado, a quien el pasado anclado en el pueblo sigue atormentándolo.

La hora de Casey

Más allá de que la dirección de Kenneth Lonergan es correcta y logra evitar la manipulación de las emociones del espectador –a excepción de cuando se descubre la tragedia de Lee, momento en el que es casi imposible no sentir un nudo en la garganta– la película tiene en Casey Affleck su elemento más fuerte. El actor logra manejar al personaje –y a los sentimientos del espectador respecto a él– con maestría: es el motor y corazón de una película que requería un actor capaz de exteriorizar las batallas interiores del personaje.

Las mejores escenas de Manchester junto al mar suceden cuando él y Lucas Hedges, quien interpreta a Patrick, se juntan en pantalla. Sus respectivas pérdidas los hacen hombres frágiles, sobre todo a Patrick, que busca consuelo en las distracciones propias de la adolescencia sin conseguirlo realmente. Michelle Williams y Kyle Chandler, por su parte, se reparten el resto del protagonismo de buena manera.

Una de las cosas que se le pueden reclamar a Manchester junto al mar es su duración. Sus casi dos horas y media hacen que el ritmo pierda pie y se vuelva cansino en algunos momentos, lo que puede llegar a aburrir a algunos espectadores. Sin embargo, Lonergan sortea el escollo con la inclusión de los flashbacks, que agilizan la historia. Algo que sí se agradece son los sorpresivos momentos de humor que tiene la película, que terminan funcionando como oasis en un desierto de melancolía.


Manchester junto al mar es una muy buena película, que tiene en sus actuaciones y su guion –escrito por Lonergan– las razones por las cuales llegó a ser considerada como una de las mejores producciones de la temporada. Aunque sería una sorpresa histórica que se llevara ese premio porque no es la mejor película del año, sí lo merece Casey Affleck, que presenta uno de los mejores papeles de su carrera, sino el mejor.

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