Mandá la plata

Una estafa piramidal llegó en forma de mandala a las costas de Rocha; un sistema similar hizo rico a Carlo Ponzi hace un siglo
La estafa existe desde que el mundo es mundo. Sus cultores son multitud a través de las épocas. Pocos, sin embargo, le han dado su nombre a una forma específica, simple y efectiva de engañar a la gente y quedarse con su dinero.

Uno de esos pocos fue Carlo Ponzi (1882-1949), un italiano que emigró a Estados Unidos a los 20 años a buscarse la vida y llegó a amasar una fortuna con una estratagema que se conoce como "el esquema de Ponzi" y que sigue rindiendo dividendos a lo largo y ancho del planeta.

Ponzi llegó a Boston en 1903, según él mismo refirió al New York Times, "con dos dólares en el bolsillo y un millón de dólares en esperanzas". Estas últimas, y las de los incautos que se cruzaron en su camino, llegaron a reportarle US$ 20 millones (unos US$ 225 millones en términos actuales) hasta que el esquema colapsó.

La idea que derivó en el método que lo hizo millonario es de una modestia enternecedora. Ponzi había intentado el negocio de vender publicidad en una suerte de directorio de negocios y la idea falló. Una compañía española, sin embargo, le escribió solicitando el catálogo y hubo un detalle que a Ponzi le llamó la atención. La carta incluía un cupón de respuesta postal, que servía para canjear por los sellos para responderla.

El italiano averiguó cómo funcionaba el sistema y descubrió una grieta que le permitiría obtener una ganancia: el valor de los cupones en Europa era inferior al valor de los sellos postales por los que se podía cambiarlos en Estados Unidos.

Solo había que comprar los cupones en Italia, cambiarlos por sellos en Estados Unidos y vender los sellos. Era fácil y también legal. Ponzi calculaba que había una ganancia neta del 400%. Solo le faltaba capital y lo consiguió prometiendo a los inversores una ganancia del 50% en 45 días y del 100% en 90 días.

Se trataba de ser más inteligente que el sistema y hacerse rico de una manera fácil, rápida y sin riesgos. Era tentador y funcionó. Los primeros inversores recibieron sus beneficios en tiempo y forma y pronto nadie quiso quedarse afuera.

Ponzi pagaba con el dinero de los nuevos inversores y estimulaba a sus clientes a reinvertir, algo que hacía la mayoría de ellos. Estableció una red de agentes a quienes pagaba jugosas comisiones y llegó a tender una red gigante con la que recogía dinero a raudales.

El sistema apelaba a una pareja de cualidades muy frecuentes en todas las sociedades de todas las épocas: la ingenuidad y la codicia. Ponzi no llegó a comprar ningún cupón en Italia. Solo recogía dinero y pagaba cada tanto para mantener el esquema.

En 1920 había ganado millones de dólares. En julio del mismo año, estaba ganando US$ 250 mil por día. No podía durar. Charles Ponzi, como se lo conocía en Estados Unidos, era una celebridad que acumulaba cada vez más millones delante de todo el país.

Los acontecimientos se precipitaron. Los bancos empezaron a sacar cuentas y se percataron de que Ponzi estaba varios millones en rojo. El 11 de agosto de 1920, el Boston Post publicó en portada su pasado en Canadá, incluida su estadía en la cárcel. Al otro día, Ponzi se entregó a las autoridades y fue condenado por fraude postal. Estuvo 14 años encerrado.

En cuanto salió de la cárcel, fue deportado a Italia, y poco después viajó a Brasil. Murió pobre y casi ciego en un hospital de Caridad de Río de Janeiro el 15 de enero de 1949.

Carlo Ponzi pasó a la historia como un mago de la estafa. Su punto de partida fueron sellos postales de dos centésimos que imprimía el propio estado. Los convirtió en millones de dólares por obra y gracia de un esquema que urdió frente al público.

El sistema del italiano era más sofisticado que el de los mandalas y otras estafas piramidales, ya que estas ni siquieran hablan de un negocio sino de una redistribución del dinero: hay que invertir y conseguir otros que inviertan sin que haya ningún producto o servicio de por medio.

La pirámide muy pronto se derrumba y unos muy pocos ganan lo que invirtieron los demás. Da toda la impresión de que estas estafas tan burdas seguirán existiendo por siempre, envueltas en diversos mensajes para recibir la plata, algunos tan obvios como la palabra "mandala".

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