Manic Street Preachers: la música como un sexto sentido

El álbum Journal For Plague Lovers fue el homenaje y la despedida que la banda galesa Manic Street Preachers le realizó a Richey James Edwards, su compositor a principios de los años de 1990, quien desapareció misteriosamente hace dos décadas

Por Gonzalo Palermo

Cuando abandonó su habitación en el hotel Embassy, ubicado en Bayswater Road, Londres, alrededor de las siete de la mañana del 1º de febrero de 1995, Richey James Edwards dejó solamente un cuaderno de notas repleto de letras, apuntes e ideas. Hacía semanas que venía retirando 200 libras diarias de su cuenta bancaria hasta ahorrar unas 2.800. Después, cuando ya era demasiado tarde, se supo que había dejado el hotel al volante de su auto, un Vauxhall Cavalier, con destino a su casa en Cardiff, Gales. Más tarde pasó por la oficina de pasaportes y luego (7 de febrero) fue recogido por un taxista en el King's Hotel de Newport para ser trasladado hasta la estación de servicio de Severn View, cerca del pueblo de Aust, luego de pasar por su Blackwood natal, por un total de 68 libras. Más tarde (14 de febrero), su Cavalier recibió una multa en las inmediaciones de Aust y fue denunciado por abandono tras permanecer estacionado varios días en el mismo lugar. La policía descubrió que el auto, que ya tenía agotada la batería, había sido también el dormitorio de Edwards. A partir de entonces se le perdió el rastro.

"Richard, por favor, contacta con nosotros. Con cariño, mamá, papá y Rachel", así rezaba la nota que los padres y la hermana del artista habían publicado en varios periódicos de Reino Unido. La mañana en la que desapareció, Edwards tenía previsto volar hacia Estados Unidos para iniciar la gira promocional del tercer álbum de estudio de los Manic Street Preachers, banda compuesta por el vocalista y guitarrista James Dean Bradfield, el bajista Nicky Wire y el baterista Sean Moore. En The Holy Bible (1994) se pueden encontrar encriptadas muchas de las señales secretas que Edwards, letrista y ocasional guitarrista de la banda galesa, revelaría la mañana del 1º de febrero. Fue, sin duda, un personaje enigmático, a mitad de camino entre el post-punk y el glam, y su función en los Preachers fue esencialmente lírica a tal punto que, en ocasiones, solo simulaba tocar la guitarra en el escenario. Su imaginería barroca fue clave para constituir el estilo del grupo, apoyado en una estética estridente y unas canciones cuyas referencias iban desde la ciencia ficción de J.G. Ballard hasta el pensamiento social de Guy Debord. Ya en Gold Against the Soul (1993) los primeros trazos de Edwards como letrista empezaban a asomar con brillo propio. "La vida ha sido infiel", empieza La Tristesse Durera, una de sus primeras joyas.

Después, claro, estaba todo lo demás, la mitología del genio atormentado: sus problemas con el alcohol, los límites con la anorexia y los brotes depresivos, combinados con una tendencia macabra hacia la automutilación (mención especial para su enfrentamiento con el periodista Steve Lamacq de la NME, quien discutió con el músico sobre la autenticidad de sus letras hasta que este zanjó todo tallándose "4 real" con una hojilla de afeitar en el antebrazo, algo que le valió diecisiete puntos de sutura).

Paradero desconocido

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Edwards se internó por propia voluntad en el hospital psiquiátrico The Priory poco después de publicado The Holy Bible, perdiéndose, entre otras cosas, el concierto del grupo en el mítico Reading Festival. La gira por Estados Unidos iba a significar su regreso a los escenarios y, al mismo tiempo, la consagración internacional del grupo. Pero nunca volvió para enterarse. En el pabellón de los malogrados Ian Curtis y Syd Barrett —aunque a una distancia considerable de ambos—, Edwards fue al principio la esencia de un grupo de adolescentes del interior de Gales que querían hacer ruido por todo el mundo y que, con su desaparición, maduraron de golpe y se convirtieron en un grupo maldito con inesperada (y quizá ciertamente indeseable) fama. Hoy cualquier noticia de los Manic Street Preachers va casi irremediablemente seguida de una referencia a su genio desaparecido en acción.

Un micrófono libre esperaba sobre el escenario, cada noche, por si su amigo volvía. Durante más de una década los Manic Street Preachers continuaron dividiendo sus ganancias en cuatro partes. Edwards estaba a mitad de camino entre lo espectral y lo real: a los ojos de la ley continuaba como ausente y hasta tanto no reapareciera, o se probara su muerte, todo seguía en la duda. Apenas algunos avistamientos —tan confiables como los reportes sobre actividad extraterrestre—, unos que decían haberlo visto en las islas españolas de Fuerteventura y Lanzarote, y otros que lo habían encontrado en Goa, India, algo que también había pasado con Elvis Presley y Jim Morrison en su momento. Y los místicos habituales del rock no dudaban en sumarlo al Club de los 27 junto con Janis Joplin, Jimi Hendrix, Kurt Cobain y compañía. Para los más detallistas, el hecho de que parara cerca del puente Severn, históricamente frecuentado por suicidas, era un dato concluyente.

A la misteriosa desaparición de Edwards le siguió un éxito inusitado. Como si el atormentado letrista, que había manifestado en más de una ocasión incomodidades con los estándares de la industria discográfica, lo hubiese anticipado. Las búsquedas de los tres primeros álbumes cristalizaron en Everything Must Go (1996) y This Is My Truth Tell Me Yours (1998), con su primer éxito masivo, If You Tolerate This Your Children Will Be Next. Pero la cuestión no estaba cerrada. Según la ley correspondiente a la declaración de ausencia y fallecimiento en Reino Unido, una persona puede ser declarada legalmente muerta después de siete años de no recibirse señales de vida. Sin embargo, la familia no perdió las esperanzas hasta mucho después. Recién el 23 de noviembre de 2008, luego de trece años sin pruebas, los familiares se resignaron y Richey James Edwards fue declarado entonces como "presuntamente muerto".

Cuando en 2008 la familia anunció finalmente la muerte legal del artista, la banda decidió volver al principio, a la habitación de hotel donde todo había empezado a terminar. Los Manic Street Preachers desempolvaron el cuaderno de notas que Edwards había dejado en su habitación del hotel Embassy antes de desaparecer y de él extrajeron las trece canciones que conformaron Journal For Plague Lovers (2009). La lírica de este álbum toma referencias desde la alta cultura hasta la cultura pop, pasando de La gran odalisca de Dominique Ingres hasta las películas de Marlon Brando. Desde algún lugar desconocido, Edwards volvía más profético que nunca, sobre todo en William's Last Words: "Simplemente déjame ir, no me retengas por más tiempo, porque estoy realmente cansado". Y eso hicieron, lo dejaron ir.

Un asunto familiar

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Rachel Elias, la hermana de Richey, ha sido la persona más implicada en el caso del músico y su desaparición, por un lado aportando datos importantes sobre su hermano a lo largo de numerosas entrevistas y por el otro, colaborando con otras familias que han sufrido la desaparición de un familiar. Rachel Elias está al frente de la organización www.missingpeople.org.uk. En una entrevista concedida el año pasado con WalesOnline, la hermana del letrista de los Preachers aseguró que este ya en la infancia era un niño especial. De hecho, gracias a su notable rendimiento en la escuela de Blackwood, recibió una beca completa en el Monmouthshire School for Boys, una institución de más de 400 años de antigüedad y abocada a reunir pupilos brillantes. Sin embargo, Richey no aceptó el ofrecimiento porque, según su hermana, prefería quedarse junto con sus amigos en una escuela común y corriente.

De amigo a compañero

Al principio, Richey James Edwards era el amigo de la banda que los seguía a todas partes. Con el tiempo, su talento artístico lo convirtió en el diseñador de arte del grupo. El primer single de la banda, Suicide Alley (1988), llevó en la portada una fotografía tomada por él. Para ese momento ya escribía también la mayoría de las letras del grupo junto con el guitarrista Nicky Wire. Cuando el primer bajista, Miles Woodward, dejó la banda, justo antes de aquel primer single, Wire pasó a tocar el bajo y Edwards se ganó un lugar sobre el escenario.