Mano de obra no puede ser el "embudo que trabe" el turismo

Para el jerarca, Uruguay debe apostar a la capacitación del personal del sector
Entre enero y marzo de este año entraron al país cerca de 1,2 millones de visitantes, que gastaron US$ 489 millones, según cifras divulgadas por la ministra de Turismo, Liliam Kechichian, la semana pasada. Se trata de los mejores números para este período desde que se releva el dato. Durante esos tres meses entraron a Uruguay 840.900 argentinos, una cantidad 24% superior a la de igual trimestre del año pasado. Unos días antes de conocidas estas estadísticas el subsecretario del ministerio, Benjamín Liberoff, recibió a El Observador. Lo que sigue es una síntesis de la entrevista.

¿Cómo leen ese incremento de argentinos?
Si mirábamos los números al 30 de octubre y al 30 de noviembre ya teníamos un crecimiento (interanual) de argentinos por arriba de 15%. El año pasado fue uno de los años en que el argentino viajó más al exterior. ¿Por qué? Porque aprendió a trabajar con la tarjeta en relación con lo que había ocurrido en los años anteriores. En la década es de los años que más salieron al exterior. Ahora, lo que observamos después de las elecciones es –algunos nos decían– el talante de la gente. No necesariamente talante quiere decir mayor gasto.

Hubo varias medidas argentinas que fueron en la línea de poner obstáculos al turismo emisivo. ¿Se ha contabilizado cómo repercutió a nivel monetario?
¿Qué hubiera pasado si no se hubieran tomado todas las medidas de desestímulo? Eso es un juego modélico, no nos ayuda demasiado. Es cierto que teníamos disminución en número y, a veces, del gasto. Lo que sí es claro es que cuando percibimos que determinados fenómenos se dieron el Uruguay comenzó a tomar una medida extremadamente importante: la de los beneficios fiscales. A lo que invierto en comunicación, también invierto en una medida por la cual los uruguayos hacemos una resignación a los efectos de poder tener mayor competitividad. Y eso se verificó. Por el crecimiento que independientemente de las medidas que ellos habían tomado mantuvimos de alguna manera y porque nos ayudó en este período a ser mucho más competitivos. Nos ayuda en relación con Brasil. Decir en Brasil “no cobro impuestos” es muy fuerte, es un factor de convocatoria muy importante. Y eso ha dado sus resultados. Por eso incluso la campaña promocional también fue focalizada en transmitir los beneficios, porque detectamos que había una carencia en la información.

Se entiende que en este contexto jugaron un rol clave.
Exacto. Y creemos que ahora con mucha más razón. En la medida en que la inflación y los números que se están procesando en Argentina indican determinados factores de deterioro del poder adquisitivo esto va a ayudar también a incentivar la posibilidad de venir a Uruguay.

A nivel de infraestructura, ¿qué cosas se tendrían que sumar o mejorar para recibir a más turistas?
Lo primero que nos importa es seguir trabajando para mejorar la conectividad del país. Es muy importante, porque puedo tener una infraestructura de determinada característica, pero si no genero las condiciones de llegada, tengo dificultades. Desde el punto de vista de alojamientos parecería que Uruguay está en condiciones correctas en estos momentos, y que lo que se programa de construcción va en esa dirección. Entendemos que las infraestructuras portuarias y aeroportuarias no presentan dificultades por el momento. El hecho de haber construido la nueva terminal en Colonia –que hay que terminarla todavía con las mangas– es un elemento muy importante. Y ahora estamos trabajando en algo muy relevante, un llamado a licitación para la construcción de nuevos pasos de frontera en Fray Bentos, en Paysandú y en Chuy. El propio centro de convenciones de Punta del Este –que se va a inaugurar ahora el 23 y 24 de junio con los premios Platino– va en la dirección de generar factores para ayudar a la desestacionalización, o por lo menos que el descenso entre la temporada pico y la temporada baja no sea tan grande la brecha, en el entendido de que siempre van a existir temporadas pico.

¿Cuáles son los diferenciales que se entiende tiene el país como destino a la hora de promocionarse en el exterior?
Si no tengo las cataratas, no tengo picos nevados, el Amazonas, algo tengo que tener, y lo que Uruguay tiene es una cosa que no tiene precio: calidad de vida. Su diferencial principal está en que tiene las condiciones para disfrutar de su recreación con determinada facilidad y trato con la población y en el entorno. Lo que tiene es ese tema, que defino como calidad de vida. Tener todo cerca. Por eso la importancia del multidestino. Lo que muchas veces decimos es “si va para allá, tiene esta opción”.

En el terreno de lo que queda por hacer, ¿cuáles son las prioridades de la cartera?
En el plano internacional, seguir trabajando en el posicionamiento en forma constante. Y dar satisfacción a los requerimientos de los turistas. Y eso tiene que ver también con la capacitación de los recursos humanos de Uruguay. Estamos hablando de un sector con ingresos por US$ 2.000 millones. Es más que lo que ingresa por la carne. Es tanto como lo que probablemente este año exporte la forestación. Son cuatro veces lo que se exporta de software. El BPS tiene registradas 100 mil personas relacionados directamente con el turismo, es el 8% de la mano de obra. Está claro que si abrimos nuevos hoteles, queremos brindar mejores servicios, si la gastronomía que está teniendo un salto espectacular tiene que seguir desarrollándose, si tenemos que tener alguna de estas otras infraestructuras, la mano de obra no puede ser el embudo que traba ese desarrollo.

La industria turística es un gran generador de divisas, pero a veces este dato es poco conocido. ¿Es una industria silenciosa?
Me eduqué en un país donde la agricultura era todo. Y no es así. Existen facultades de agronomía, de veterinaria, institutos. El turismo es joven. Hasta hace 15 años, prácticamente, lo único en lo que había capacitación era en la UTU y en algunas escuelas de turismo. Llegar a que ahora, lo que era tecnicatura se transforme en licenciatura, que haya una maestría, que en los libros de texto empiece a aparecer el tema turismo… Porque todos nos educamos sumando vaquitas. En este país no solo los que gobernaron previo al Frente Amplio (FA), sino el propio FA ha tenido que ir mudando su aproximación en relación con el tema turismo. Y eso es un cambio cultural muy importante.

¿Antes se lo “ninguneaba”?
No es que se ninguneaba. Es que de alguna manera se veía que Maldonado y Punta del Este eran de los argentinos. Y hoy se ve que ahí trabaja mucha gente, que tiene que ver con una inversión que los argentinos han hecho, pero también muchos uruguayos viven y es muy importante. Y ese concepto de que el turismo estaba solo en la costa, no en todo el territorio nacional, hoy día hay lugares donde uno va y sabe que o se desarrolla alguna actividad turística o no hay condiciones para desarrollar otras actividades como mano de obra. Si sumáramos turistas en lugar de sumar vaquitas, probablemente hoy teníamos la cabeza de otra manera. Y al contrario: lo mejor que nos puede pasar es que se sigan sumando vaquitas, porque necesitamos mucho del crecimiento del complejo agroindustrial. Pero también hay otras cosas que tienen que pesar. Eso tiene que ver con la cabeza de los uruguayos. Y también cultural, porque estamos en un país de m’hijo el dotor, ¿no? Los sectores del turismo no eran reconocidos socialmente. Hoy ser un chef o un gastrónomo de prestigio es tan importante socialmente como puede ser también un médico. Esos fenómenos se van dando y hay que darles tiempo.

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