Manual básico de Don Pepe Batlle para las artes plásticas

Democratizar el conocimiento sobre las artes plásticas no parece ser una necesidad de los decisores culturales. ¿Cuál es el estado general de la crítica de arte en Uruguay?

Por Linng Cardozo

Multiempleo, poca preparación, amiguismo, relaciones de poder, escasa importancia de los medios por las artes plásticas. Todos estos elementos estuvieron expresamente dichos o sobrevolando en la charla organizada por la dirección del Subte Municipal de Montevideo, el pasado martes 9, con la participación de los artistas Pedro da Druz (también crítico), Alberto Lastreto y Gustavo Fernández (cronista de artes plásticas) y actuando como moderador el licenciado Raúl Álvarez (Rulfo), coordinador del Subte. (Ver foto).

El intercambio de opiniones y percepciones se dio dentro del título “Fin de la crítica”. Pedro da Cruz –que además ha sido jurado en algunos concursos- dijo que uno de los problemas es la escasa importancia que le adjudican los medios de comunicación a las artes plásticas y consecuentemente, el sitio asignado en cada medio resulta insuficiente para que alguien se especialice o “viva” de la crítica. Otro elemento destacado es la presencia dominante del “espectáculo” por encima de otras expresiones artísticas como la plástica. “Hay mucha cobertura del espectáculo”, aseguró. También dijo –frente a un planteo del licenciado Alvarez- que “no existe la objetividad”. Alberto Lastreto por su parte dijo que el crítico debe ser “responsable” y aseguró que existe una fuerte relación entre los artistas, los críticos, los galeristas y curadores. Para explicarse aún más, Lastreto recordó que Clement Greemberg, un importante crítico estadounidense, no solamente impulsaba artistas que le importaban y de los cuales era amigo, sino que creaba corrientes. Tras coincidir con da Cruz sobre “la sociedad del espectáculo” –citando a Mario Vargas llosa- Lastreto dijo que en el mercado aparece la especulación. “El valor ya no está dado por lo que dice el crítico sino por el mercado”, subrayó y reclamó que el crítico debe ser una persona preparada. (Entre los tertulianos no había egresado alguno de la Facultad de Humanidades).

Gustavo Fernández definió su labor en los medios (TV Ciudad, por ejemplo) como de “cronista” y no como crítico. Reclamó que estos sean “cuestionadores” y asumió que cuando se critica una obra “se arma un lío bárbaro”. Recordó incluso que un artista se iba a ir del país pero recibió una alentadora crítica y se quedó.

Acerca de la ausencia de crítica adecuada, Lastreto dijo que estaba esperando que el jurado del Premio MEC le hiciera una devolución de su obra. Más adelante expresó: “No me gusta pasar desapercibido”, pese a haber sido seleccionado entre casi 300 artistas.

En todo caso, lo que estaba reclamando era que los jurados deben tener otro rol y no solamente dictar sentencia sobre tal o cual obra merece ser exhibida. Da Cruz expresó: “Yo soy bastante pedagógico” y reclamó que antes de un salón nacional como el presentado en el MNAV debe haber una conferencia de prensa en donde se expliquen los criterios empleados.  Incluso llegó a citar lo que ocurre en la Bienal de San Pablo en donde estudiantes de artes son los anfitriones que explican las obras que se están observando.

Sobre el amiguismo Lastreto fue claro: “Acá nos conocemos todos y eso tiene ventajas y desventajas”. Gustavo Fernández habló de la existencia de una “relación de poder” en el mercado uruguayo y dijo que en muchos casos se percibe la crítica como un “elemento de poder”. Finalmente da Cruz y Lastreto echan luz sobre este asunto: en los concursos en Uruguay “los artistas juzgan a los colegas”; en la Bienal del Mercosur dijeron que iban a elegir ellos a los representantes uruguayos porque si se dejaba en manos de las autoridades uruguayas, “siempre van los mismos”.

En resumen, se abordaron líneas generales de cómo funciona el sistema de las artes en el mercado uruguayo. (Un indicio final: el mismo Subte organizó unas charlas en julio pasado, bajo el título “Concursos y Poder”.

La lista de expositores se repite en las charlas sobre crítica, se repiten en las curadurías, los jurados y los premiados. Sencillo: “El mercado es chico y en Montevideo todos nos conocemos”, como dijo Pedro da Cruz.

Ahh…me olvidaba. ¿Qué tiene que ver Batlle y Ordoñez con esto? Cuando don Pepe escribía sus editoriales, le daba el borrador a su chofer, un moreno con escasa formación: sabía leer apenas. Batlle y Ordoñez argumentaba: “Si él entiende lo que escribo, para arriba todos entienden”.

Pues bien, está máxima –foco de todo periodista- debe servir también para cronistas, curadores, escribidores de catálogos y críticos de arte.

Acercar las artes plásticas a la gente, democratizar el conocimiento, alejarse del vocabulario hermético –que quizás sea una expresión de debilidad argumental- y no hablar solo para elegidos que, en Uruguay “somos pocos y nos conocemos”, parece ser una buena hoja de ruta.


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