Marcelino Duffau presenta dos obras con la educación y el arte como hilo

¿Adónde van los patos en invierno? va los viernes y Mineros pintores sábados y domingos
En Ashington, Inglaterra, el dicho imprimió su peso. La realidad superó a la ficción. Con solo unos miles de habitantes, el pueblo llegó a albergar en la década de 1930 uno de los movimientos artísticos más peculiares e inusitados, el Ashington Group, una pequeña sociedad de mineros devenidos pintores. Tiempo después, el guionista de Billy Elliot (2000), Lee Hall, trasladó a los inesperados artistas a las tablas y con The Pitmen Painters (2007) logró repetir en los escenarios británicos el éxito que su pequeño bailarín había logrado en las pantallas de todo el mundo.

Ahora, bajo el nombre Mineros pintores, el director Marcelino Duffau convierte al escenario del teatro La Gringa en distintos parajes de Ashington. Con funciones sábados y domingos ($ 300), la obra retrata la conformación del grupo artístico, originalmente un conjunto de mineros que se inscribieron en un curso de "apreciación del arte". Su docente, empero, al fracasar en captar su atención a través de la teoría, les propone pintar tras mostrarles una obra de Van Gogh, y logra así descubrir su capacidad oculta para plasmar cada aspecto de su vida y su comunidad en el lienzo. "Ellos logran destacarse, algo que nadie imaginaba de estas personas, que son casi bestias de carga metidos en los socavones de las minas, extrayéndose para extraer carbón", comenta Duffau.

Sin embargo, el director señala que destacar esos contrastes no lleva a poner a los pintores en una posición sacralizada ni a subestimarlos. "La obra hace una magnífica pintura humana de los mineros.

Es algo que conversé mucho con los actores: no mirarlos desde 'pobrecitos, los mineros' o pensar que por ser obreros son buenos. Ellos tienen todas las grandezas y todas las miserias del resto. Eso es lo que maneja muy bien el autor". Progresivamente, la obra reafirma la importancia de las coyunturas en la realización del potencial de las personas, pero también la "claridad o la intuición de los pintores de apoyarse hacia lo colectivo, con sus colores y matices", agrega Duffau.

Aquel docente de arte no es el único profesor ahora en manos de Duffau, quien también está montando ¿Adónde van los patos en invierno?, de Hugo Burel, los viernes ($ 390) en el Teatro Alianza. Aunque las tramas se distancian, el rol que cumplen las artes plásticas es relevado aquí por la literatura, específicamente El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger. "¿Adónde van los patos en invierno?, está más inclinado a provocar en el espectador el gusto por la lectura", señala Duffau. La obra, que transcurre durante una clase de un profesor fanatizado con Salinger, habla directamente a la platea, discurriendo sobre la novela que, amada por muchos y criticada por otros, vende 250 mil ejemplares por año solo en Estados Unidos.

En un juego entre el profesor, el protagonista del libro Holden Caufield y un alumno displiscente, la obra repite la pregunta de su título, una que llenaba de incertidumbre infantil a Holden, casi siempre gruñón. "Cada uno tiene una respuesta para esa pregunta, y esa es la pregunta que deberíamos intentar responder. ¿Adónde va la vida? Esa pregunta complica al personaje, pero más al profesor, que leyó la novela una y otra vez pero no encontró ahí la respuesta".

Con el alumno enfrentado a él, el profesor intenta rescatar a la clase indiferente. "El alumno le dice al profesor que no le interesa el personaje, la novela. 'No la leo nunca más, ya la leí tres veces'. '¿La leíste tres veces? ¿y decís que no te interesa?', le pregunta el profesor. Algo pasó, algo tiene esa novela. Y esa es la magia del arte, que hace que quedes embobado, de boca abierta, cuando ves La habitación de Van Gogh, o Los girasoles. ¿Qué hace que te quedes mirándolo? El cuadro no cambia, hace cien años que está así. Y eso es el arte: lo que cada uno le pone, cómo uno lo siente, cómo lo toca".

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