Mariana Rava: vivir arte

Se formó en comedia musical pero se enamoró del teatro. Ya hace ocho años que vive en Buenos Aires

Por Andrea Sallé Onetto

@andreasalle

¿Sos de leer el horóscopo?

No soy de leer el horóscopo, pero me gusta mucho la astrología viéndola en un conjunto porque solo el horóscopo es demasiado limitado.

Se dice que los de Capricornio son reservados, que les cuesta expresar sus sentimientos y que pueden parecer un poco fríos en el trato...

Es todo mentira (risas). La astrología es muy compleja, porque también depende del ascendente que tengas. El capricorniano en esencia es así, pero el ascendente hace que se manifieste de otra manera. Yo tengo ascendente en Aries y llega un momento en el que empezás a comportarte más como un Aries que como un Capricornio. Dentro de las características de mi signo, me siento identificada con la perseverancia.

¿Cómo fue tu 2015?

Este año me guardé. Lo último que hice fue la obra Locos de contento con Alejandro Fiore. La idea era retomarla y hacer gira por Gran Buenos Aires, pero a Alejandro le salió un trabajo en televisión y los horarios se empezaron a complicar, así que dejamos por ahí. También filmé un par de cosas para una tira de Disney que se llama Soy Luna. Fue un año en el que me moví en otros terrenos que no había pisado, con gente más pesada. Empecé a tomar clases con Mariano Dossena, un director que dirige muchas cosas en el under y en el teatro comercial, y con María Onetto, que es una gran actriz argentina.

¿Cómo te ves para la tele?

No sé, nunca me moví mucho. Tengo una gran dificultad para meterme en los lugares porque no me gusta estar insistiendo. Me gusta hacer mi trabajo y hacerlo bien, pero no me gusta insistirle a la gente para que me llame y un poco tenés que ser así. En ese sentido me tendría que poner las pilas.

¿En qué proyectos estás trabajando ahora?

Estuve tomando cursos con gente grosa y tengo ganas de empezar a armar cosas propias con unos compañeros de teatro. Ahora en febrero nos juntamos y vamos a empezar a ver materiales. No tengo más ganas de estar en proyectos donde no me gusta lo que hago o que no me terminan de llenar.

¿Cómo es un día de Mariana Rava?

Depende del momento. Si estoy con una obra, estoy ensayando. Ahora, para zafar un poco del tema económico me puse un negocio chiquito de estética. Empecé a separar la necesidad económica de la carrera porque si no me volvía loca. Está bueno tener algo aparte, porque si no es demasiada presión, sobre todo si querés elegir los contenidos de lo que vas a hacer. He tenido la posibilidad de conocer a gente muy famosa a la que le ha ido muy bien y todos te dicen lo mismo: es muy inestable. En general todos tienen lo que llaman "un quiosquito", un negocio que te permite vivir y no sufrir.

¿Alguna vez te planteaste abandonar todo?

No, porque soy de Capricornio (risas). Soy muy perseverante. Estando en Buenos Aires hubo un momento en el que la pasé horrible y mis padres fueron a buscarme y me dijeron: "Basta, te volvés", y yo les contesté: "No me vuelvo nada, me voy a quedar acá porque no la remé tanto para volverme". Cuando llegué a Buenos Aires estaba desesperada con que las cosas tenían que ser ya y después hice un clic. Empecé a pensar el arte como algo que iba a ser para toda la vida y que iba a hacerlo de distintas maneras. No puedo no hacerlo. Si no lo hago me vuelvo loca, así de sencillo.

¿Tenés alguna cuenta pendiente?

Sí, quiero estudiar cine, dirección de fotografía, pero no sé cuándo voy a hacerlo. Me encanta el cine y me gusta lo que pasa detrás, más que actuar. Está todo desordenado, no es como en una obra de teatro en la que uno sigue la línea de las emociones de lo que va sucediendo. De repente la última escena tenés que filmarla el primer día. Lo que tiene de bueno el cine es que te salió una vez espectacular y sos Gardel. Ahora, si no te gustó cómo quedó la toma, quedaste expuesto. El teatro en ese sentido es más amigo, sos vos en el escenario —con todo lo bueno y lo malo— y nadie te está toqueteando tu trabajo. Se pierde en el aire, pero eso también es lindo porque si estás conectado con ese momento y nada más, es toda una experiencia. Es así la vida, es ahora y nada más.