Martín Inthamoussú, el comunicador de la danza

El coreógrafo presenta Irresponsables al Sodre y habla sobre la necesidad de llevar el baile a lo mediático

Por un par de minutos, en una de las salas de ensayo del Teatro Victoria el tiempo muta. El calendario viaja a la década de 1950 de la mano de un rock primigenio y los movimientos de los bailarines no pueden sino invocar faldas amplias, coletas altas y camisas pulcras, aún si lo que realmente están usando son buzos, musculosas y joggings. Cuando la música culmina, sin embargo, el tono cambia. Dos de ellos empiezan a dialogar entre palabras, manos que hacen las veces de armas y sonidos onomatopéyicos, y otra bailarina toma el discurso para hablar de todos los ejercicios que hace y lo bien que se mantiene. Uno de sus compañeros, sentado en el suelo, explota en risas mientras toma apuntes de la interpretación.

"Esta obra trabaja mucho el humor, lo cual es algo raro en la danza", explicó el coreógrafo Martín Inthamoussú, ahora director de Irresponsables, de la española Carmen Werner, que se presentará hoy en el Auditorio del Sodre. "Lo divertido es que Carmen pone a los personajes en situaciones en las que cualquier persona diría 'qué irresponsable es hacer eso'. Pero para ellos no es así. Se paran y dicen 'así soy yo. Y me divierte ser así'".

Con la teatralidad como "marca registrada", Werner conjuga movimiento con expresividad y habla, dándole la oportunidad a los bailarines de explorar lo dramatúrgico, "la composición de personaje, y a partir de él, tener cierta calidad del movimiento". Sin embargo, la presencia de una dramaturgia en Irresponsables no se traduce en una linealidad: los personajes se muestran, en su esencia, y hay un desarrollo en lo que son, pero no una trama en lo que hacen. "Eso requiere un público más activo y comprometido intelectualmente, porque es una dramaturgia fragmentada, con personajes a los que les podés hacer un seguimiento", señaló.

Como uno de los varios proyectos que Inthamoussú ha emprendido junto a la coreógrafa española, hoy en día identifica un "antes y un después" de su pasaje por las manos de Werner. La ductilidad física y expresiva que alcanzó no fue la única herencia que ella le supuso. "Me cambió como coreógrafo también en cuanto a metodología, búsqueda de nuevo material", comentó Inthamoussú. "Hay métodos que ella usa para encontrar un tipo de movimiento que quiere que los sigo usando. En (la versión contemporánea de) El lago de los cisnes también lo usé mucho, porque teníamos que encontrar otro movimiento que tenía más que ver con los personajes que los bailarines interpretaban".

No obstante, en la amplitud del panorama, Inthamoussú identifica "intentos muy tímidos" de danza teatro en Uruguay, y generalmente "más explorados por la gente de teatro que por la de danza". "Pienso que a veces tiene que ver con la formación que tuvimos, que nos lleva a trabajar sobre un tipo de movimiento concreto, y sobre el movimiento por el movimiento mismo (...). Creo que es hora de romper con los prejuicios internos, no del público con la danza, sino de la danza con la danza. Romper con los prejuicios del bailarín clásico, que es de cierta manera. Es peligroso encasillar, yo hago un gran ejercicio por no hacerlo, porque sino creo que no se puede dar esa integración" que supone este tipo de expresividad. "Y creo que estamos a punto caramelo para que la danza explote".

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De medio en medio

Licenciado en artes escénicas y con una amplia lista de premios, becas y colaboraciones en su haber, en los últimos años el nombre de Inthamoussú fue más allá de las esferas de la danza local y extranjera gracias a participaciones en programas televisivos como Esta boca es mía y Verano perfecto, así como una ingente presencia en redes sociales.

Entonces, cuando Inthamoussú habla de los prejuicios en el medio, su propia experiencia dentro de la televisión aparece como un ejemplo invaluable. "Cuando trabajaba en la televisión me decían que la gente de televisión es superficial. Es como que necesitamos encasillar a la gente en algún lugar. Mi pasaje por la televisión fue realmente hermoso porque me acerqué a gente a la que no me hubiera acercado mucho y otra gente se acercó a mi trabajo coreográfico cuando, sin eso, nunca lo hubiera hecho".

Sin embargo, para Inthamoussú la televisión no implicó la posibilidad de comenzar a verse como comunicador, porque el oficio ya estaba ahí. "Creo que el coreógrafo es comunicador, para mí cualquier artista comunica. La diferencia es el medio que uso para comunicar. Y ese es otro debate que se tiene que dar en la danza: ¿el arte comunica o no comunica. Si comunica, ¿cuál es la responsabilidad que tenés como comunicador? Tiene que valer la pena el momento de atención que te están dando, y estar muy agradecido con eso".

Respaldado en una experiencia que le permitió aproximarse a nuevos públicos, Inthamoussú defiende la necesidad de mediatizar la danza contemporánea para acercarla a otros ojos. "Hay prejuicios de creer que porque hacés eso lo estás volviendo comercial, vendiendo. Pero, si no, ¿cómo la gente se va a acercar a su trabajo? Porque si es así nos seguimos viendo entre la gente de danza", explica. También define la necesidad de armar equipos profesionales de comunicación y de optimizar los discursos de las gacetillas de prensa "para que el público se sienta invitado y venga". "Estoy obsesionado, estoy escribiendo mi tesis de maestría sobre eso".

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En esa comunicación, su presencia en redes sociales la concibe como una extensión del trabajo artístico, con fotografías de ensayo, pósters que anuncian funciones y un contacto directo con los seguidores de su trabajo. Sin embargo, entre el torrente visual de su Instagram con más de mil seguidores, imágenes con su sobrina, su esposo o su colega y amiga María Noel Riccetto también permiten aproximar, hacer de carne y hueso a la figura generalmente cristalina del bailarín. No obstante, el acercamiento no es el objetivo. Lo hace porque lo hace, aseguró. "Yo no me creo eso de 'el artista' y 'Martín' por otro lado", afirma, y define a las redes como plataforma con otro tipo de trabajo. "Yo tengo contrato con dos marcas y genero contenido en las redes para esas marcas. En otro tiempo, ¿te hubieras imaginado que un bailarín fuera embajador de una marca?".

Empero, mediatizado no implica mercernario. "Cada vez que me ofrecen un contrato es como cuando me piden un trabajo o un montaje. Hay dos conversaciones claves que tengo que tener: una con mi pareja y otra con mi mánager. Yo doy mi opinión y después los escucho. Hay cosas a las que he dicho 'no' porque no pasaban su filtro. Tengo que ser consciente de que 'Martín Inthamoussù', como tal, es una marca que yo construyo con esas decisiones", y en esa búsqueda, como en otras, la coherencia es clave.


Datos

Irresponsables se presenta hoy, mañana y el sábado con entradas a $320



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