Maryland y Uruguay

Un editorial del Washington Post se refirió al grave problema educativo, y el parcial éxito del último año, en el estado de Maryland

Quien piensa que los problemas de retraso educativo son exclusividad de los países del Tercer Mundo o en vías de desarrollo, se equivoca de cabo a rabo. Y quienes piensan que solo los gremios docentes uruguayos o del vecindario son los que ponen palos en las ruedas de las soluciones que proponen los gobiernos y organizaciones de la sociedad civil para mejorar la situación, se equivocan más aún.

Ayer mismo el Washington Post editorializaba sobre el grave problema educativo, y el parcial éxito del último año, en el estado de Maryland. Según el Post, durante más de una década los gremios docentes de dicho estado y sus compañeros de ruta se las ingeniaron para bloquear un programa de becas que permitiría que estudiantes de bajos ingresos pudieran zafar de escuelas en franco deterioro y continuar sus estudios en la escuelas privadas. El año pasado, sin embargo, el gobernador Larry Hogan (Republicano) y los líderes del Partido Demócrata del parlamento estadual se pusieron de acuerdo en establecer en el presupuesto anual del estado de Maryland un programa de becas por US$ 5 millones. El programa será administrado por el ministerio de educación del estado y las escuelas participantes deberán aceptar exámenes de progreso a los estudiantes de dicho programa así como a no discriminar por ninguna razón de sexo, raza, nacionalidad y orientación sexual. Las becas tendrán un límite en el gasto promedio por alumno del estado, que no podrá ser superado.

¿A que se debió el cambio en la legislatura de Maryland? A que los lideres del Partido Demócrata, influidos por dos diputados afroamericanos, redujeron su oposición a los vouchers. Keith E. Haynes, uno de los delegados, explicó al Post que era urgente mejorar la educación de la gente de color en la ciudad. Según Haynes, y en esto no dice nada que no sepamos por activa y por pasiva, la educación es la llave para un futuro mejor y espacialmente en contextos de situación económica y social crítica o vulnerable.

Lo que sí sabemos es que la salida a una educación mejor para quienes carecen de recursos es sistemáticamente denegada, aquí y en Maryland y en otras muchas partes del mundo, por los gremios docentes y sus compañeros de ruta (en Uruguay, el Sindicato del Taxi, que siempre acompaña las movilizaciones y ocupaciones). Por qué razón lo hacen nunca es clara pero seguramente se basa en la defensa de privilegios adquiridos a lo largo de los años y en prejuicios sobre la actividad privada y en rechazo a todo lo que signifique evaluación, exigencia, esfuerzo. Privilegios que interesan más que el futuro de los niños. Prejuicios que no tienen base cierta sino que responden a su etimología “juicios previo”. Y rechazo a todo lo que implique mayor esfuerzo, mayor dedicación. El único derecho que se exige es el aumento salarial y sin contrapartida alguna.

En última instancia, en Maryland y aquí, los gremios docentes ponen sus intereses, gustos y preferencias por encima del legitimo interés de los alumnos. Más aún, obstruyendo el futuro de esos alumnos. Como decía recientemente en Pando el Director Ejecutivo de CERES (Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social) Ernesto Talvi al presentar una iniciativa viable para los liceos situados en contextos críticos, “solo a través de una educación de calidad para los más vulnerables podemos volver a soñar con un país digno y justo”.

Es una buena pregunta que podemos hacernos todos. Ya que hablamos, y con razón, de justicia, de equidad, de progreso, de reparto más equitativo del ingreso o de la riqueza, ¿qué estamos haciendo para dar una educación de calidad a todos nuestros jóvenes? ¿nos contentamos con hablar y parlotear sin hacer nada en el campo educativo, que es dónde se juega el partido de su futuro?

La justicia y la dignidad no son patrimonio ni de la izquierda ni de la derecha. Son patrimonio de la humanidad. Son valores humanos, propios de quien se siente hermano de los demás y preocupado de los demás. Son valores que alcanzaron su desarrollo gracias a la evolución devenida principalmente en la civilización judeo-greco-cristiana, pero son valores universales que anidan en el corazón de todo hombre de buena voluntad, esté donde esté. Si realmente nos importan la justicia y la dignidad, debemos preocuparnos seriamente por la educación de los más débiles, tanto en Maryland como en Uruguay.


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