Más dudas que certezas con el ajuste

El gobierno pareció hacer algo de pie en el pantano en que se debate la economía al unir a su díscolo Frente Amplio y apaciguar al PIT-CNT

El gobierno pareció hacer algo de pie en el pantano en que se debate la economía al unir a su díscolo Frente Amplio y más o menos apaciguar al PIT-CNT con la modificación del ajuste fiscal. Lo logró eliminando tributos adicionales para los ingresos de hasta $ 50 mil mensuales y aumentando más los impuestos a salarios y jubilaciones por encima de esa suma. Pero contrarresta este respiro del oficialismo el rotundo rechazo de todos los partidos opositores, las prevenciones de las calificadoras de riesgo sobre el futuro del grado inversor y las dudas del resultado final del ajuste por su mala calidad.

Ernesto Talvi, director académico del Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (Ceres), precisó en una disertación: “No estamos en crisis, estamos en dificultades”. Pero si las dificultades no se solucionan a tiempo y con eficacia, pueden desembocar en una situación crítica. Este es el peligro que enfrenta Uruguay, bajo una misma conducción económica desde 2005 pero que recién ahora encara problemas que pudo y debió evitar, aprovechando los previos años de bonanza exportadora. Nada asegura el éxito de esta tardía corrección de errores, acentuados durante la administración Mujica por descuidados excesos en el gasto público. Se advierte, en cambio, escepticismo sobre si se saldrá a flote. Talvi señaló que la economía se resentirá porque, debido a la suba de impuestos y a la incertidumbre sobre el futuro, todos gastarán menos. Lo harán no solo los grupos de ingresos más bajos sino también las franjas más altas, con impacto sobre el empleo.

Sobrevuela además el peligro de perder el grado inversor, garantía de seguridad que es pilar esencial para atraer la inversión en la que el gobierno juega todas sus cartas como factor de reactivación de la economía. Standard & Poor’s nos mantiene el grado inversor pero bajó de estable a negativa la perspectiva de la nota de la deuda soberana. Moody’s advirtió que “el empeoramiento del entorno macroeconómico” dificulta cumplir el objetivo del gobierno de bajar a 2,5% el creciente déficit fiscal, que ya trepó al 4% del Producto Interno Bruto. Y Fitch consideró “insuficiente” el ajuste. Todas las calificadoras de riesgo reconocen los esfuerzos del gobierno para apuntalar una economía en deterioro, pero mantienen un severo escudriño sobre el déficit y una inflación del 11%, cada día más alejada del tope del rango oficial de 7%.

Aunque los US$ 467 millones que aportará el ajuste sean suficientes para bajar algo el déficit, la fórmula adoptada es defectuosa. Dos tercios del total provienen de aumentos tributarios a los ingresos de la gente, lo que debilita la capacidad de consumo y tiende a deprimir aun más la actividad. Solo hay unos US$ 150 millones de reducción del gasto público, área que está en la raíz de los problemas de hoy. Es cierto que la rigidez de la mayor parte del gasto dificulta recortarlo. Pero la situación imponía a la estructura del Estado, especialmente en la administración central, un régimen de austeridad extrema que no se anunció. El país necesita que al gobierno le vaya bien y que logre bajar el déficit, contener la inflación, mantener el grado inversor y atraer inversión externa. Pero la onerosa acumulación de errores en los años anteriores y las consecuencias de la forma en que se estructuró el ajuste plantean un futuro inmediato con más dudas que certezas.


Populares de la sección

Acerca del autor

El Observador

El Observador

Comentarios