Más pasturas a la cancha

El repliegue de la agricultura genera más espacio para el retorno de los cultivos forrajeros sembrados
Por Blasina y Asociados, especial para El Observador Agropecuario

Tras un quiebre radical en el área de praderas de Uruguay en 2009, la agricultura forrajera ha ido recuperando terreno, en una tendencia que debería acelerarse dada la baja de precios agrícolas. Pero en el año 2015, de acuerdo a las cifras oficiales de Dicose, esto sucede de forma muy gradual. La superficie sembrada con praderas convencionales el año pasado tuvo un crecimiento de unas 35 mil hectáreas respecto a lo sembrado en 2014. Pasó de 248 mil a 282 mil hectáreas, una suba porcentualmente importante, de 14%.

Sin embargo todavía no parece alcanzar para generar un impacto productivo importante. Cuando se mira el stock total de praderas, el área total bajo estos mejoramientos sube solo 3%, y se mantiene un poco por encima del millón de hectáreas: de 1,014 millones a 1,044 millones.

En ambos casos la siembra de 2015 es la mayor de los últimos tiempos. En praderas la superficie actual es la mayor desde 2008 y la siembra anual del año pasado fue la mayor desde 2009.

Pero ambas cifras se mantienen muy por debajo de las áreas de mejoramientos forrajeros que Uruguay tenía hace 10 años. En 2006 había 1,4 millones de hectáreas empraderadas, 360 mil más que en la actualidad. Aunque los precios ganaderos eran bastante más bajos que ahora, también eran menores los costos y la ganadería iba con precios en ascenso, cuando ahora la perspectiva es más incierta.

Por otra parte, se ha desarrollado una cultura de suministro de granos al ganado que desde 2009 ha llevado a muchos productores a ser más cautos a la hora de la apuesta forrajera. En aquel año una sequía destruyó buena parte de los mejoramientos y muchos productores se replegaron. Ahora están volviendo muy gradualmente con una lógica muchas veces de sinergia, granos más praderas en lugar de una lógica de sustitución.

El repliegue de la agricultura permite una expansión de las praderas, pero ha tenido un efecto ambiguo sobre los verdeos. La superficie con estos cultivos se ha mantenido casi incambiada, con un aumento de 1%, de 520 mil a 525 mil hectáreas, pero por debajo de las superficies plantadas cuando arrancaron los planes de uso y manejo de suelos que llevaron a estos mejoramientos a una superficie récord de 535 mil hectáreas en 2013. Pero los verdeos están consolidados como mejoramientos de más importancia que en el pasado. Cruzaron las 500 mil hectáreas en 2011 y desde entonces no volvieron atrás.

Las siembras en cobertura crecen levemente, pero se suman a la tendencia de retorno pastoril. De 103 mil de 2014 pasaron a una siembra de 112 mil hectáreas en 2015, un crecimiento de 8%, pero que no se traslada a la superficie total de mejoramientos extensivos, que cayó en 21 mil hectáreas, de 656 mil a 635 mil hectáreas.

En suma, la siembra de pasturas de 2015 fue intensa. Si se suma lo que se plantó de coberturas, verdeos y praderas se llega a una cifra de 985 mil hectáreas, en las cuales un poco más de 50% son verdeos, un 35% son praderas y el 15% restante son mejoramientos extensivos.

Todo hace suponer que la tendencia se mantendrá en 2016 dado que con una soja de US$ 300 y un trigo de US$ 150 las zonas lejanas a puertos y de suelos que no son óptimos deben dejar la agricultura sojera.

Pero el regreso de las pasturas es por ahora gradual. La lechería no estará para empujar, los números de la invernada tampoco son los mejores, pero alguien deberá ocupar las hectáreas agrícolas, tal vez apostando a producciones vinculadas al cupo 481, o tal vez a esquemas más de ciclo completo.

También es posible que los esquemas de trigo/pasturas que en otros tiempos fueron tan populares hagan un gradual retorno.

Si persiste el crecimiento de áreas forrajeras y se mantiene el alto uso de granos puede esperarse que se retomen algunas tendencias de la ganadería que han quedado interrumpidas: la baja en la edad de faena de los novillos, la baja en la edad de entore, la velocidad de recría en general, entre ellos.

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Cambios en el uso de la tierra: de la agricultura a la ganadería


Existen varias señales que indican una progresiva retirada de los cultivos y una posible posterior ocupación de tierras por parte de la ganadería.

En ese sentido, Juan Enrique Díaz, Gerente de Investigación y Desarrollo de PGG Wrighton Seeds, afirmó: "Yo creo que hay una retirada parcial y quizá temporaria (de la agricultura), aunque me parece que si mañana volviesen los U$S 500 (por tonelada de soja) hay áreas que van a volver a la agricultura porque es mejor negocio".

Respecto a la posibilidad de volver a ocupar tierras con animales, agregó que "esto es dinámico, pero con los números de hoy, con los niveles de degradación de los suelos que tenemos, los problemas de compactación y con las altas demandas de nutrientes, todo de alguna manera se alinea para que la ganadería, que tampoco tiene unos números brillantes y además tiene un costo financiero importante, sea un negocio atractivo que justifique el retorno a las pasturas", comentó.

Al mismo tiempo, indicó que en el último año se percibió un cambio rotundo en el interés en el tema pasturas en el sentido amplio, y perennes en particular. Esto indicaría que las intenciones de los productores se sitúan en el mediano plazo y no simplemente en un puente verde para "salir del paso", una señal importante que inclinaría la balanza al retorno ganadero.

La reocupación de las tierras ya sea con puentes verdes, pasturas e incluso mejoramientos o la posibilidad de incluir animales en la ecuación es al mismo tiempo una manera de mejorar la degradación provocada en el último ciclo agrícola.

"Consciente o inconscientemente la gente sabe que, si bien ahora está haciendo esto por plata, también es una manera de prepararse para un próximo ciclo agrícola mucho más exitoso, con otros niveles de rindes y necesidades de fertilizantes probablemente disminuidas", puntualizó Díaz en su análisis.

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Bajar los costos para paliar el mal momento


A propósito, Alejandro Henry, delegado alterno en el Instituto Nacional de Semillas (Inase), representante de los usuarios de semilla, señaló a Blasina & Asociados que "no va a haber una zafra muy buena porque el estado de ánimo de la gente es muy malo, y este negocio se define mucho por el estado de ánimo del productor, sobre todo al momento de tomar decisiones, que es ahora, durante el verano".

Agregó que "había algo que más o menos empujaba que era la ganadería, y que era lo que venía ayudando un poco, y ahora tenemos una caída tremenda de los precios y eso va a provocar que la gente tome la decisión de gastar poco".

"Mejoramientos tal vez se hagan, pero bajando costos al máximo, menos fertilizante, menos tecnología invertida, y menos semilla a utilizar", añadió.

Este 2016 se presenta como un año de transición, en el que por un lado las áreas que está dejando libres la actividad de la agricultura abren espacios para que lleguen los mejoramientos forrajeros y, por otro lado, el precio del ganado gordo no termina de estabilizarse y esodificulta las decisiones de inversión.

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Buena cosecha de gramíneas


La cosecha de semilla fina se encuentra en plena zafra para las leguminosas y ya finalizó alrededor del 15 de diciembre para las gramíneas. El clima ha pegado de manera muy diferencial, de acuerdo a la zona y al momento de la cosecha.

Según informó a Blasina & Asociados el gerente comercial de PGG Wrighton Seeds, José García, el mercado está bien abastecido por la cosecha de semilleros nacionales, que fue muy positiva, gracias a una primavera moderada que permitió buenas cosechas sobre todo en gramíneas, destacándose la avena y el raygrass, que obtuvieron máximos de producción superiores a los 3.500 kgs y 1.500 kgs de semilla/ha, respectivamente.

En cuanto al mercado de precios, las gramíneas presentan cierta presión a la baja por el abundante stock, respecto al año pasado.

La avena se sitúa entre US$ 0,40 y US$ 0,45/kg y el raygrass anual LE284 en el entorno de US$ 1,40/kg.

Las leguminosas, que no obtuvieron rendimientos tan satisfactorios como las gramíneas, sí presentan cierta estabilidad en precios, tal vez ligeramente al alza.

El trébol blanco se ubicará alrededor de los US$ 6,50/kg y el trébol rojo rondando los US$ 5,60/kg. En el caso del lotus, se presentaron algunos inconvenientes en la cosecha por las altas temperaturas de las últimas semanas, por lo que, al 19 de febrero, los productores se encontraban realizando las segundas trillas, pero se estima que el precio oscilará alrededor de Us$ 5,50/kg.

La alfalfa, que fue muy demandada el año pasado, con poca oferta, producto de un verano 2015 lluvioso, este año, se espera un buen desempeño al resistir favorablemente en períodos secos como fue este verano. Al estar comenzando la zafra no existen estimaciones de precios aún, aunque se prevén precios cercanos a los 2015, alrededor de US$ 11/kg.

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