Masterchef desde adentro

Crónica del detrás de cámara de la versión uruguaya del reality gastronómico que registra niveles de audiencia muy elevados en la televisión abierta

"¡Grabando!", gritó el director decenas de veces. Cámaras, sonidistas, guionistas y demás técnicos están en sus puestos y el tiempo corre. La dinámica de los rodajes de Masterchef combinan el show de la ficción y la competencia de un reality. El fenómeno del momento en audiencia de la televisión abierta en Uruguay mantiene en secreto sus andanzas, obligado por el formato y también porque necesitan grabar con antelación.

Son horas y horas de grabación. En ocasiones jornadas enteras para obtener el material de la tercera parte de un capítulo. El nivel de exigencia desde el punto de vista técnico es alto, y la gran exposición pública estimula un poco más a los realizadores.

Hasta ahora se sabe muy poco de lo que sucede detrás de cámara en los rodajes de Masterchef Uruguay. Aunque el país es chico, los rumores transmitidos por el boca a boca no han atentado contra el suspenso de saber cada lunes quién deja la competencia, a pesar de lo adelantado de las grabaciones en relación con las emisiones.

El lunes 5 de junio se estrenó el capítulo 10 de la primera temporada en el país de este concurso amateur de cocina. Y la prueba inicial en ese caso se desarrolló en las instalaciones del Establecimiento Juanicó, la bodega que auspicia el programa. Los participantes tuvieron que cocinar para 10 invitados especiales, entre los que se encontraban sommeliers, periodistas y cocineros. El vino fue protagonista.

Los comensales que integraron el panel de la primera prueba de ese capítulo fueron: Santiago Deicas (director de bodega Juanicó), Wilson Torres (gerente de turismo de bodega Juanicó), Alejandro Romero (chef de restaurante bodega Juanicó), José Burger (sommelier), Titina Núñez (revista Placer), Marcela Baruch (revista Galería), Martín Viggiano (diario El Observador), Federico de Moura (sommelier), Charlie Arturaola (sommelier) y Fabián Rodríguez (sommelier).

El día que se comenzó a rodar el capítulo 10, se emitió el cuarto. Eso muestra a las claras lo adelantado de la producción, que trabaja contra reloj en la edición del material. Los altos estándares exigidos por los creadores del formato que se emitió en más de 40 países hacen que haya triple turno de editores trabajando con las imágenes. Y a juzgar por la audiencia y la calidad del producto emitido, vale la pena.

En el detrás de cámara los participantes se muestran metidos en la competencia. La luz roja y el ir y venir de técnicos no los distrae de su meta: cocinar. Y en esa mezcla de show y reality, la chispa de la emoción se mantiene.

Cuando la cámara se apaga todo parece continuar rodando. Los cocineros participantes siguen metidos en el programa y los productores son cuidadosos de no propiciar contactos con personas extrañas. La confidencialidad existe y funciona, y en definitiva eso preserva la expectativa necesaria de los televidentes.

En 2014, cuatro horas antes de emitirse la final de la primera edición de Masterchef Argentina, el canal de noticias Crónica TV dio la noticia por adelantado de quién había ganado la competencia: "Está grabado. Masterchef, de Telefé, ganó Elba", decía una placa a toda pantalla. El caso generó indignación en televidentes y productores.

Ese extremo parece estar lejos del caso uruguayo, que promedia 15 puntos de rating cada lunes y ya tiene en marcha la selección de participantes para la segunda temporada.

Como detalle interesante y valorado por los protagonistas, se destaca que la realización del programa está a cargo de trabajadores de canal 10, lo cual es motivante para técnicos y profesionales de esa empresa. La productora uruguaya Estudio 9, en tanto, provee el servicio del estudio donde se montaron las cocinas de Masterchef.

Son decenas de profesionales que están al detalle de cada aspecto de la grabación.

El conductor, Diego González, se para frente a cámara para grabar las introducciones con apuntes de los guionistas.

"Diego, se terminó la maldición del equipo azul", le comentó uno de los guionistas antes de que el director diera la orden de grabar. Así terminaba la grabación de una parte del capítulo 10, que tuvo como escenario el viñedo del Establecimiento Juanicó una tarde de abril.


Los maridajes del capítulo 10, uno a uno

El capítulo en cuestión exigió a cada equipo elaborar una entrada, un plato principal y un postre. Los principales debían ser maridados con el cabernet sauvignon reserva Don Pascual, del Establecimiento Juanicó. Luego, cada plato tenía su vino previamente sugerido para maridar. Es decir que los participantes debían pensar en una propuesta que fuera bien con ese vino.

En general los maridajes no funcionaron, aunque tampoco desentonaron del todo. Todos los platos fueron presentados de muy buena forma.

Para el cabernet los dos equipos prepararon carne roja al horno con guarnición. Uno fue ojo de bife y el otro entrecot. Los dos llegaron a las mesas de los comensales secos y pasados de cocción, por lo que no se lucieron con el vino, a pesar de haber sido una elección típica y correcta para un tinto de esas características. En los acompañamientos estuvo la diferencia. Uno de los equipos presentó verduras saltadas y el otro ganó con una mezcla de hongos y cebollas caramelizadas, que en definitiva se acercaron más a lo que pedía el vino.

En las entradas, la mousse de salmón intentó ir por el camino fácil del maridaje con el vino blanco, pero el plato no logró ir de la mano con el blanc de blancs Don Pascual sugerido en ese caso. La otra entrada fue una bruschetta con jamón, higos y rúcula. La idea parecía estupenda pero el pinot noir reserva Don Pascual resultó demasiado vino para los sabores presentados en el plato. La sutileza de sabores de la comida no estuvo a la altura de la potencia del tinto.

Finalmente en los postres la cosa empeoró. En primer lugar, el mejor de los dos presentó ciruelas, frutillas y masa crocante muy rica, pero le costó combinar de buena manera con el tempranillo rosé Don Pascual elegido. El vino pedía una acidez que el plato no tenía, o una dulzura para combatir en el postre que tampoco estuvo. Y el último fue peras al tannat, que no estuvieron del todo cocidas. Eso atentó contra la idea que, en los papeles, sonaba atractiva. Sin embargo, el vino tapó del todo al plato, y el maridaje resultó ser el más flojo de todos.

Parece desafiante pensar en un postre para acompañar un tannat, la variedad tinta más adaptada al Uruguay y que da vinos de gran potencia en boca. El juego seguro para esos casos es apelar al chocolate o al queso, pero los participantes no los eligieron.



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