¿Matar a los delincuentes antes de que nazcan?

La polémica sobre el aborto y una teoría escalofriante

Un agente de policía y dos civiles fueron asesinados el viernes por un fundamentalista anti-aborto que asaltó a tiros un centro de planificación familiar en Colorado Springs, al sur de Colorado en Estados Unidos.

El aborto está legalizado en Estados Unidos desde la década de los 70, lo cual no obsta para que el asunto sea un punto de polémica permanente, como en el resto del mundo.

Entre las tantas teorías que se han manejado a favor y en contra del aborto en ese país de amplios debates, la más polémica de todas quizás sea la que planteó el economista Steven Levitt en 2005.

Ese año, este economista que dice no saber de matemáticas pero que es considerado un genio, fue invitado por Harvard y da clases en la prestigiosa Universidad de Chigago, se juntó con el periodista Stephen Dubner y produjeron un libro llamado Freakonomics. El libro vendió millones y se convirtió rápidamente en best seller.

En uno de los capítulos, los autores recuerdan cómo el dictador comunista rumano Nicolae Ceaucescu prohibió el aborto en 1966 con el fin de hacer más grande a su patria aumentando la población. Ceaucescu era un asesino impiadoso que encerraba en hospitales psiquiátricos a los niños con deformaciones.

En 1989, fue expulsado de su cargo por una turba integrada sobre todo por muchachos jóvenes, que le hicieron un juicio sumarísimo y lo ejecutaron. Se trataba de buena parte de aquellos niños que Ceaucescu había prohibido que fueran abortados, dicen los autores del libro

Levitt y Dubner ponen luego en tela de juicio la efectividad de la llamada teoría de las ventanas rotas, o tolerancia cero, con la que presuntamente el ex alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, logró bajar drásticamente los índices de criminalidad en esa ciudad.

Los autores del libro confirmaron que esa política iniciada en 1994, fue consecuencia de una decisión tomada en 1993 por el anterior alcalde que multiplicó el número de policías en la ciudad. Pero no la única.

Exhibiendo exhaustivos estudios, Levitt y Dubner señalan que en la década de los 90 no solo Nueva York bajó sus índices de criminalidad sino que fue un fenómeno que se dio en casi todas las grandes ciudades de Estados Unidos. Luego de un pico insostenible de crímenes, estos estaban bajando y los expertos se chocaban por tratar de imponer su tesis acerca de por qué esto había ocurrido: que el aumento de policías, que las penas, que la economía.

Levitt indagó el fenómeno desde otro ángulo y llegó a una conclusión que le paró los pelos de punta incluso a los liberales que defienden el aborto en aquel país.

El aborto se ilegalizó en Estados Unidos en 1890. Así quedó hasta que en 1970 una mujer, Jane Roe, se presentó ante un juzgado de Texas pidiendo el derecho a abortar, ya que su embarazo era producto de una violación. El fiscal Henry Wade rechazó tal petición. El caso se extendió y Roe parió a una bebé y la dio en adopción.

Pero las apelaciones siguieron y en 1973 el caso “Roe vs Wade” se convertiría en uno de los más trascedentes de la historia judicial de Estados Unidos: la Corte Suprema entendió que la mujer estaba amparada en el derecho a la privacidad atendiendo a la cláusula del debido proceso de la décimo cuarta enmienda, y de esta forma legalizó el aborto en todo el país.

En el primer año hubo 750 mil abortos. Para 1980 los abortos superaban el millón y medio.

Levitt sostuvo que quienes abortaban eran en general mujeres pobres, madres inestables, drogadictas y jóvenes. Si hubiesen parido, más de la mitad de esos niños habría crecido en la pobreza. Y de acuerdo al perfil de los criminales adolescentes en ese país, esos nacimientos habrían alimentado a las bandas que terminaron por producir un pico de criminalidad en los 80.

Pero tras la legalización del aborto cayeron los infanticidios y, a juicio de Levitt, era la primera señal de que abortos y delitos tenían una relación estrecha.

Cuando en 1990 los delitos descendieron, Levitt lo atribuyó a que no estaban sobre esta tierra los niños cuyas madres no habían querido traerlos al mundo.

El economista admite que es más fácil creer que la Policía, el control de armas o la economía reducen los delitos pero que es un hecho incontrastable que los cinco estados que habían legalizado el aborto antes de Roe vs Wade (Nueva York, Washington, California, Alaska y Hawai), tuvieron entre 1988 y 1994 una caída en los delitos un 13% superior al resto, cifra que aumentó al 23% entre 1994 y 1997.

Anthony Bouza, un ex comisario del Bronx, apoyó a Levitt en medio de la ola de críticas que generó su teoría: “(Los abortos son) posiblemente el único mecanismo” para bajar los delitos, dijo.

Entre 1973, cuando Roe le ganó a Wade, y 2004, hubo en Estados Unidos unos 37 millones de abortos, según Freakonomics. La cifra causa escalofríos, tanto como la teoría de Levitt, a pesar de lo cual no deja de ser una base de reflexión acerca del peso que la pobreza infantil tiene en los índices de delitos. Una reflexión que debería hacernos pensar si cuando invertimos en seguridad, en vez de más policías y armas lo que debemos de tener es menos nacimientos en medio de la pobreza.

Porque una cosa es que los delincuentes no roben necesariamente por ser pobres, y otra muy distinta que antes de ser delincuentes se hayan criado en un hogar desestructurado, violento y, sí, pobre.


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