¿Mayores ingresos implica menor criminalidad?

América Latina y el Caribe experimentó avances económicos y sociales sin precedentes pero tiene altos índices de violencia
Durante años se ha creído que el crecimiento económico y la reducción de la pobreza, el desempleo y la desigualdad, reducían los índices de violencia y criminalidad. Sin embargo, esta visión ha cambiado y la experiencia reciente de América Latina es una clara evidencia, según un informe del Banco Mundial.

Entre 2003 y 2011, el crecimiento promedio de América Latina y el Caribe, -sin contar el 2009 por la crisis financiera- alcanzó casi el 5% y la región experimentó avances económicos y sociales sin precedentes.

La pobreza extrema se redujo a menos de la mitad, la desigualdad más del 7%, -según el índice de Gini- y por primera vez la clase media superó a quienes se encuentran bajo los índices de pobreza. A pesar de los avances sociales y económicos, la región mantuvo "la indeseable distinción de ser la más violenta del mundo", según el informe Fin a la violencia en América Latina: una mirada a la prevención desde la infancia a la edad adulta.

Con una tasa de homicidios de casi 24 personas cada 100.000 habitantes,América Latina supera de forma desproporcionada la tasa de menos de 10 que ostenta África, de 2,9 de Europa y de 2,7 de Asia. América Latina representa apenas el 8 % de la población mundial, sin embargo, el 37 % de los homicidios del mundo tienen lugar en la región. En 2013, de las 50 ciudades más violentas del mundo, 42 eran latinoamericanas, y Honduras y Venezuela, eran de los países más violentos con tasas superiores a la de algunos países en guerra.

A pesar de ello, la violencia tiene un carácter muy localizado y es heterogénea, no solo entre países, sino también entre provincias y municipios. En los últimos 15 años, a pesar de las mejoras en los índices de desarrollo, la tasa de homicidios se ha mantenido estable. Y si bien hubo una leve reducción durante la primera mitad de la década del 2000, el deterioro de la situación en América Central revirtió la tendencia. Por lo tanto, como afirma el informe, el desarrollo económico no necesariamente trae seguridad. "La relación entre criminalidad y desarrollo es significativamente no lineal: el crimen puede aumentar a medida que el ingreso aumenta".

Pero si bien la región tiene los más altos índices de violencia, cuenta con un PIB per capita promedio que se encuentra justo en medio entre las regiones más ricas de Europa, Oceanía o América del norte, -sin contar México- y las más pobres de África y Asia medida en su conjunto.

Por lo tanto, según el informe,"las tasas de homicidio primero aumentan a medida que crece el ingreso per cápita, y luego cae en niveles elevados de ingreso per cápita". Esto se explica porque, a medida que un país con pocas posibilidades mejora sus ingresos, tanto las oportunidades como la rentabilidad de los delitos aumenta. Y de la misma forma, cuando los países se enriquecen y satisfacen sus necesidades básicas, los esfuerzos se centran en lograr sociedades más pacífica.

A pesar de esta explicación, según el informe, la seguridad es el resultado de una combinación de diferentes factores. Y así como la falta de oportunidades y la desigualdad son aspectos fundamentales, el tráfico de drogas, el crimen organizado, sistemas judiciales débiles y la corrupción policial, tienen una gran incidencia en los índices de criminalidad.

La complejidad del asunto y la multiplicidad de sus causas, es una de las características determinantes de la criminalidad. Por ello, el informe resalta la necesidad de una visión integral para combatir la violencia, y apunta al rediseño de las políticas de los países en base a la prevención del delito.


Jeronimo Giorgi, periodista uruguayo dedicado a temas internacionales, está cursando una maestría en Estudios Latinoamericanos, ha colaborado con varios medios de América Latina y Europa, y ha recibido distinciones como el Premio Rey de España de periodismo.


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