Mejora económica con reservas

Tiene asidero la aseveración del equipo económico de que lo peor ha pasado, pero su confirmación depende todavía de muchos factores

Algunos indicadores favorables fundamentan el optimismo oficial sobre la evolución de la economía en lo que resta del período de gobierno. Pero la reciente evaluación del equipo económico soslaya focos que generan reservas y omite reconocer el costo que paga la gente y los sectores productivos a través de los sucesivos ajustes fiscales. Incluyen aumentos tributarios y el manejo oportunista de las tarifas de servicios públicos para arbitrarles recursos al gobierno, a expensas de los consumidores. Los ajustes que empiezan a regir el 1º de enero son consecuencia del desmedido gasto público por los dos primeros gobiernos del Frente Amplio y la renuencia del tercero a reducirlo. El ministro de Economía, Danilo Astori, al comparecer con su equipo, sostuvo que "Uruguay tiene que mantener la prudencia" fiscal. La prometió para el próximo presupuesto pero no será "mantener" un camino que las administraciones frenteamplistas nunca tomaron sino introducir prudencia por primera vez en 2017.

Esta tardía corrección de rumbo, si se confirma, ayudará a salir de un largo período de declinación sostenida del Producto Interno Bruto (PIB) y al comienzo de una pequeña recuperación, luego de un ínfimo crecimiento de 0,5% este año. Andrés Masoller, director de la Asesoría Macroeconómica del ministerio, destacó algunas señales de mejoramiento en precios para exportaciones del agro y auguró para 2019 un robusto aumento del PIB de hasta el 4% si se concreta la tercera planta de celulosa. Esta inversión de la pastera finlandesa UPM por US$4 mil millones, sin embargo, depende de que el Estado restablezca un buen sistema ferroviario y complete otras obras de infraestructura, sobre lo que todavía no hay noticias confirmadas.

Masoller señaló como otro elemento esperanzado un crecimiento de Argentina y Brasil a partir de 2017. Pero los gobiernos de estos dos importantes clientes enfrentan enormes dificultades internas para sacar a sus países de las crisis que los golpean y ven postergados sus planes de recuperación. Se les agrega la perspectiva de medidas proteccionistas de Estados Unidos anunciadas por su presidente electo Donald Trump. En la otra cara de la moneda, ayudan el renacimiento de buenas temporadas turísticas con incrementado flujo de argentinos, al haber desaparecido las restricciones que había impuesto en nuestro vecino el derrotado kirchnerismo. Además de cierta mejora en precios externos de commodities, relativizada por la incertidumbre exportadora a Brasil, Argentina y Estados Unidos, hay una leve mejora en indicadores como la inflación y el desempleo, así como haber frenado el deterioro del déficit fiscal.

En balance, tiene asidero la aseveración del equipo económico de que lo peor ha pasado y que es factible un lento período gradual de retorno al crecimiento. Pero su confirmación en los niveles que anticipa el gobierno depende todavía de muchos factores. Incluyen como evolucionen nuestros dos grandes vecinos en el mediano plazo, hasta donde puede afectarnos la administración Trump y que se concreten inversiones previstas pero todavía en el aire, como las obras de infraestructura y la nueva planta de UPM. Y otro elemento vital pendiente de confirmación es la prudencia fiscal que acaba de prometer Astori.


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