Mercedes Morán sin la cuarta pared

El sábado y domingo la actriz argentina presenta Ay, amor divino, su primer trabajo como dramaturga, y con la dirección de Claudio Tolcachir
Es miércoles y Mercedes Morán llega con retraso a la redacción de El Observador, luego de que sus entrevistas en programas de televisión tomaran más tiempo del esperado. Tiene que subir a un avión en un rato, por eso Mario Morgan (encargado de traer al país numerosos éxitos del teatro comercial porteño) pregunta si es posible hacer la entrevista en el auto, de camino al hotel donde se aloja la actriz. La periodista accede y Morán espera a que todo se organice. Lleva lentes de sol, labios rojos, jeans y zapatos de taco, y un pelo rubio platinado que la hace ver como una celebrity de antaño. No muestra el menor atisbo de nerviosismo. Verla parada, con su belleza intacta a los 61 años y encendiendo un cigarrillo en la puerta del diario, es como estar viendo el plano de una escena cinematográfica.

El motivo de la visita de la actriz es la presentación de Ay, amor divino, con dirección de Claudio Tolcachir, que estará en El Galpón este sábado y domingo. Se trata de algo totalmente distinto a lo que la intérprete argentina ha hecho toda su carrera, pues es un unipersonal escrito por Morán, que debuta en la dramaturgia, en el que repasa su vida a través de las emociones y el humor.

"Tenía ganas de hablar desde mí, no desde un personaje, lo que es todo un riesgo porque nunca había hecho una obra que me relacionara con el público en un ida y vuelta, sin cuarta pared. Me produce una alegría muy grande hacerla y lo que recibo de la gente me confirma que este viaje personal funciona como disparador para que ellos también como público hagan un viaje. Yo creo que ese es el sentido del teatro, ser una excusa para que el espectador se modifique, abra la cabeza, se conmueva", dice Morán en el asiento trasero del auto, mientras termina el cigarrillo.

"Me daba mucho vértigo, pero las grandes maestras de mi profesión, con las que me une una relación de amistad profunda, como Norma Aleandro o Nacha Guevara, me decían 'vas a ver cómo lo vas a disfrutar'. Y una está sola en el escenario, pero por el vínculo con el público estás más acompañada que nunca. La sensación que tengo es que estuve con un grupo de amigos recordando la vida".
Otra "maestra" que le insistió para que se animara fue China Zorrilla. "Mi primera obra profesional la hice en su compañía, se llamaba Una margarita llamada Mercedes. Con ella vine por primera vez a hacer teatro a Uruguay. Después hemos trabajado juntas en cine y televisión, cultivamos una amistad toda la vida. No tuve oportunidad de trabajar con otra actriz que tuviera un manejo de la comedia como ella".

Con Ay, amor divino, Morán vuelve a trabajar –por tercera vez– con Tolcachir, uno de los directores argentinos más reconocidos, que en un lapso de 10 días presentó otros dos espectáculos en Montevideo, Dínamo y La chica del adiós. El artista plástico uruguayo Fidel Sclavo, pareja de la actriz desde hace una década, realizó la dirección de arte de la obra.

Los recuerdos de sus amores (Morán se casó a los 17 cuando todavía estaba en el secundario y tuvo dos hijas. Dos décadas después fue madre de otra niña junto al actor Oscar Martínez) y de su infancia en el pueblo de Concarán, San Luis, son algunos de los temas que toca Ay, amor divino, que también recuerda a la figura de su padre, que falleció hace cinco años. "Él ha sido un referente. Tenía una sensibilidad social que después hizo carne en mí. Murió con 90 largos y yo fui la encargada de cuidarlo en el largo período que duró su enfermedad y eso me posibilitó tener encuentros muy profundos", sostiene Morán, cuya madre tiene 90 años.

Mujer de cine

Luego de que su hija más chica dejara el hogar materno, Morán comenzó a aceptar más ofertas de cine y por ello los años 2015 y 2016 seguramente sean recordados por la actriz de Guapas y Gasoleros como de una intensidad inusitada. La actriz formó parte de la película Neruda, del chileno Pablo Larraín, en la que interpreta a la segunda esposa del poeta, Delia del Carril. El filme se presentó en el Festival de Cannes con gran éxito y fue seleccionado por Chile para la nominación al Oscar a mejor película extranjera.

Tal oportunidad no despierta en Morán las ganas de actuar en Hollywood. "Después de haber estado en La casa de los espíritus tuve la propuesta de ir para allá y no me interesó. No es una ambición para mí ese mercado". Otra película de la que participó es la italiana Chiamatemi Francisco (Llamame Francisco), de Daniel Luchetti, sobre la vida del papa, todavía sin estrenar en Argentina. "Me parece que como papa es una persona mucho más interesante de lo que fue antes, cuando era Bergoglio. Tuve el honor de conocerlo y todo lo que pudimos hablar me confirmó que está en un momento muy especial. Se lo ve muy consciente, muy iluminado. No soy católica y tengo mis temas con la iglesia como institución, pero está haciendo un papado muy interesante". Morán contó que pese que la cinta muestra a Bergoglio con sus contradicciones y ambiciones, al papa le gustó tanto que la estrenó en el Vaticano en un pase abierto a la gente de la calle.

Este año Morán filmó además otras dos películas: Artax, de Diego Corsini, y Maracaibo, de Miguel Ángel Roca. A fin de año filmará con Ana Katz, esposa de Daniel Hendler, Sueño Florianópolis, sobre el viaje de una familia al balneario brasileño en los años de 1990 a bordo de un Renault 12.

Conocida en Argentina por manifestar sus opiniones políticas, Morán cree que el país está "bastante mal".

"No creo que sea lo mismo administrar una empresa que gobernar un país", sostiene.

Al ser consultada sobre si existe o no la denominada "grieta" que divide a la sociedad argentina, Morán cree que existió toda la vida y en todos los lugares. "Ese es un marketing de no sé quién (el término lo creó Jorge Lanata, con el que la actriz está enemistada). Después la gente empieza a hacer propio lo que le van metiendo en la cabeza", dice Morán, justo en el momento en el que el auto arriba al hotel y la nota concluye.

Entradas

Sábado a las 21 y domingo a las 18 en El Galpón. Entradas: de $1.060 a $1.560.

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Acerca del autor

Fernanda Muslera

Colaboradora de O2 / Tendencias