Mercedes Vigil: curiosa y empática

Para ella, escribir ha sido una forma de respirar, un juego que cultiva. Los personajes la buscan para contarle sus historias y ella hace de puente para llevarlas a los lectores. En el 2000 publicó su primera obra y desde ese momento se hizo conocer por su estilo personal de narrar la novela histórica

Por Antonella Bacelo

¿Sos de leer el horóscopo?

En absoluto. La verdad es que llevo media vida sin leerlo.

Se dice que los de Libra tienen una personalidad equilibrada, evitan las discusiones y no les gusta que los contradigan. ¿Te sentís identificada?

Realmente creo tener una personalidad bastante equilibrada. No olvides que mi profesión te obliga a acompañar a cada personaje en sus vaivenes emocionales y si no estás bien parada puedes oscilar junto a él todo el tiempo. No me gusta discutir, pero si me buscas, me encuentras y si tratas de utilizar argumentos engañosos o mentir, me vas a conocer furibunda.

También se dice que la fortaleza de los libranos está en la empatía, ¿creés que esto ayudó a develar a la escritora que llevabas dentro?

Emulando a [Antonio] Machado te diré que siempre converso con la mujer que viaja conmigo. Esto me lleva a establecer un diálogo permanente con el otro y con el afuera. Aprender a escuchar el eco del otro es sin dudas la mejor manera de ser empático, si no lo haces, tu relación con el mundo puede ser ríspida. Creo tener una gran empatía, es algo natural y a ella le debo el que mis personajes me abran sus almas y mis lectores me acojan en sus vidas.

Esa empatía se ve reflejada en tus obras…

¡Claro! El proceso empático en el escritor de novela histórica es imprescindible, te permite establecer la alteridad con el personaje y su época. Si cuando trabajas no logras esa alteridad, podrás escribir una buena novela pero no habrás logrado atravesar el alma del personaje.

Tus personajes son sacados de la realidad, ¿cómo los elegís?

En tiempos remotos supe decir que los elegía por tal o cual circunstancia. Pero luego advertí que ellos me eligen a mí para que cuente sus historias. Me susurran, me despiertan en las noches para relatarme algún suceso o me insisten para que borre algún pasaje que no les gusta. Ellos construyen su historia, yo solo les doy adjetivos, verbos y sustantivos para que ustedes la comprendan. Hoy sé que soy tan solo un vehículo.

Por ejemplo, como con Clara García de Zúñiga…

Para mí era solo la niña de ojos tristes que pintó Blanes. Una calurosa noche de febrero, Clara llego a mis sueños para contarme un episodio de su vida que yo no conocía y que creo que nadie conocía. Mi curiosidad despertó de golpe y comencé a trabajar en ella, en su historia. Un año después encontré en el archivo García de Zúñiga de Entre Ríos el suceso que Clara me narró un año antes, estaba redactado por un magistrado de la Nación Argentina. Está narrado en mi libro Clara, la loca.

¿Sos feminista?

Creo que feministas en serio fueron las de las décadas de 1960 y 1970. Batallaron para que nosotras en este siglo XXI tengamos más derechos que ellas. Nunca fui feminista de la confrontación, sino de la complementación. Lo que sí me regocija, y no es por feminismo, es el que tras miles de años de narrar la historia desde un punto de vista androcéntrico, ahora aparecimos las mujeres y escribimos más que los hombres.

¿Tu nombre es polémico en el medio artístico uruguayo?

Mi nombre debería ser un orgullo para los uruguayos cultos. Los Vigil fueron escritores, periodistas y empresarios editoriales desde que el Uruguay existe. Sucede que hay un grupo de “advenedizos” que se apropiaron de la palabra cultura, dirigen la academia, eligen los premios nacionales y creen que repartiéndose entre ellos tales lauros se convierten en escritores. La verdad está a la vista y el cargo no hace al talento.

Varios de tus libros fueron de los más vendidos del momento, ¿por qué creés que se dio así?

Creo que es esa empatía de la que hablamos. Sé cuando el lector necesita que abandone el dato pesado de la historia y haga irrumpir en escena a una dama vestida de tafetán, comentando de amores, chismeando, escuchando música o haciendo algo cotidiano, o a un prócer dejando de lado la espada para amar, odiar, comer, hacer el amor, etcétera.

¿Vas a terminar el año con alguna obra nueva?

Tengo en máquina a otro personaje del siglo XIX y un libro sobre mi paso por Yemen. Trabajo sobre una leyenda sueca… En fin, hay mucha cosa para escribir.