Mevir les cambió la vida a familias de productores rurales

El Observador visitó a tres matrimonios que mejoraron su confort para vivir y realizar sus labores en el agro
Por Juan Samuelle, enviado a San José

Un matrimonio de granjeros protegía a la cebolla producida debajo de la copa de los árboles y, además, vivía en casa de los padres de uno de ellos; hoy tienen casa propia y galpón. Una pareja de tamberos vivía a varios kilómetros de sus vacas y además se le llovía el tambo; le arreglaron el techo de la sala de ordeñar, le hicieron la casa a media cuadra y ven al rodeo por la ventana. Otro matrimonio de productores de leche maneaba las vacas y ordeñaba entre un puñado de chapas; ahora tiene una moderna sala habilitada para remitir a plantas industriales.

Son apenas tres ejemplos de cómo la asistencia de Mevir permite que mejore notoriamente la calidad de vida y el confort para producir. Eso, que sucede a medio centenar de kilómetros de Montevideo como en muchos otros rincones del país, se da en el marco un detalle no menor: a cambio de cuotas que pueden pagar.

En la recorrida de El Observador Agropecuario, en la que los miembros del equipo técnico de Mevir del Programa Kiyú UP II fueron los guías –ingeniero agrónomo Alfredo Irureta, asistente social Alejandra Mackinnon y arquitecto Ariel Etchevarne–, surgieron los siguientes testimonios.

"Nos cambió la vida"


Blanca Pérez y Pedro Doldán conducen una empresa hortifrutícola familiar. Producen papa, cebolla y frutilla en un predio de 10 hectáreas, ubicado sobre la carretera que va desde la ruta 1 hacia Kiyú, en San José. Cuando El Observador Agropecuario llegó a visitarlos Pedro estaba cosechando frutilla y Blanca clasificaba la fruta.

"Recibimos dos ayudas de Mevir que nos cambió la vida", dijo Blanca, con énfasis. Por un lado, hace unos seis años, la primera asistencia les permitió disponer de su vivienda. Hasta entonces, vivían junto a los suegros de Blanca, en el mismo predio.

En la nueva casa –tiene tres dormitorios, baño, cocina-comedor y living– hoy residen con sus dos hijos (Patricia de 20 años, que hace bachillerato en la UTU de San José, y Facundo, de 18, que se capacita en lechería en la escuela agraria de San Ramón).

"Era la única solución, la casa propia acá era imposible, un alquiler no baja de los $ 10 mil más luz y agua y todo lo otro que hay que pagar. Ahora nosotros pagamos $ 5.200 entre la casa y el galpón, y además vivimos mejor y trabajamos mejor", contó.

La construcción del galpón, en setiembre de 2015, fue la segunda asistencia. Tiene 6x5 metros cerrados, con otro espacio de 3x5 metros de alero. Una obra que les mejoró el confort a la hora de trabajar y les permitió proteger de una manera más adecuada a la producción.

"Ahí hacemos de todo, por ejemplo en la época de la papa la separamos por tamaño y embolsamos, hacemos lo mismo con cebolla y el descolado de la cebolla, y ahora estamos preparando la frutilla", comentó.

Antes de disponer del galpón, "eso lo hacíamos al aire libre. La cebolla la guardábamos afuera, debajo de los árboles, entonces llovía y había que taparla, paraba de llover y había que destaparla... era un esfuerzo tremendo, por el frío, por el calor. Lo único es que el galpón quedó un poco chico, así que más adelante cuando podamos lo agrandaremos nosotros".

Otro aspecto que Blanca señaló es que "estamos al día en la cuota con Mevir, es una cuota razonable, la podemos pagar bien", obligación que se cumple con la rentabilidad que se logra en la actividad productiva.

"Juntar primero el dinero para después hacer la obra era algo imposible, por eso si no teníamos esta ayuda no hubiésemos podido lograrlo", expresó.

Mevir
Pedro muestra la frutilla delante del flamante galpón.
Pedro muestra la frutilla delante del flamante galpón.

Mevir
Blanca destacó que la producción ahora está mucho más cuidada.
Blanca destacó que la producción ahora está mucho más cuidada.

"No hubo que endeudarse"


Cristina Fort y Gilberto Rogelio Moreira integran una explotación familiar en la colonia Alonso Montaño, en San José, a cinco kilómetros al sur de la ruta 1. Es un predio de 43 has, donde hay 50 vacas en ordeñe con un promedio de 22 litros por vaca. La producción se remite a una industria que produce queso muzzarella.

La actividad involucra además a la familia de un cuñado de Rogelio y a sus padres, quienes ya están jubilados. Son, pues, tres familias viviendo de un emprendimiento productivo en el rubro lechería.

"Hace un año y medio Mevir me trajo la solución de la vivienda en el campo donde se trabaja. Acá vivían mis padres, pero yo no tenía casa, alquilábamos en Libertad con mi señora y mis dos hijos; ahora vivimos y trabajamos acá y todo mejoró", contó Rogelio.

Rogelio y Cristina tienen dos hijos. Lucio tiene 18 años y va al liceo, y Máximo, de 11, va a la escuela. La vivienda, con dos dormitorios, living con comedor y cocina y el baño, "nos mejoró la calidad de vida 100%, pero además de vivir en una casa nueva, que es nuestra, por la que tenemos una cuota que la podemos pagar bien, nos mejoró el tema del trabajo al estar acá mismo y por ejemplo poder cuidar todo mejor".

"Tenemos con esto ventajas en lo productivo, en la seguridad, ahorramos lo que se pagaba por alquiler... lo que le pago a Mevir es menos y esto que pago ahora es nuestro", reflexionó.

La asistencia de Mevir se extendió además, en este caso, al ámbito productivo y en forma simultánea a la realización de la obra de la vivienda.

"El techo del tambo se llovía, estaba todo picado y con la ayuda de Mevir lo pudimos cambiar totalmente. Cambiamos todas las chapas y toda la madera, en un tambo de 110 m2. Eso obviamente nos mejoró la calidad del trabajo y el ambiente para los animales", dijo el productor.

También en este caso "lo que pagamos a Mevir lo sacamos de la producción, para hacer la casa y el arreglo del tambo no hubo que sacar un crédito, no hubo que endeudarse", manifestó.

Mevir
Rogelio y Cristina delante de la nueva casa donde viven con sus dos hijos.
Rogelio y Cristina delante de la nueva casa donde viven con sus dos hijos.

Mevir
El tambo, con techo reconstruido en su totalidad, ya no se llueve.
El tambo, con techo reconstruido en su totalidad, ya no se llueve.

"El estrés quedó atrás"


Paola Álvarez y Juan Reyes fue otra de las familias que recibió a El Observador Agropecuario. En este caso, lo hicieron en el predio donde viven y trabajan, en Colonia Damón, a 5 kilómetros de donde se encuentran las rutas 1 y 3. Son padres de Nicolás, que tiene 19 años y trabaja en un vivero en Soca, de Bryan, que tiene 13 y concurre a una escuela agraria y de la más chica, Brandy, de apenas un año.

En este caso, la obra que Mevir les permitió emprender fue disponer de una sala de ordeñe totalmente nueva, construida "desde cero".

Eso sucedió hace 18 meses. Antes, comentó Paola, se ordeñaba en un galpón muy rústico, maneando a las vacas, pero ahora todo se hace en forma mucho más confortable para quien ordeña y para las lecheras.

Eso, admitió Juan, "seguramente mejoró la cantidad y la calidad de la producción, el estrés quedó atrás para los animales, también para uno, todo es muy limpio, es más fácil trabajar, la leche ya no va a un tarro y del tarro al tanque de frío, tenemos un circuito cerrado".

"Todo esto nos permitió haber pasado de elaborar quesos blancos a remitir la leche a una industria que elabora quesos muzzarella", complementó Paola.

Recordó que "antes era todo muy lento, más sacrificado, teníamos una máquina con un carrito para ordeñar, con dos órganos... ahora se disfruta lo que se hace".

La obra se realizó en un espacio de 9,5 por 5,5 metros techados, más un corral de 38,5 metros cuadrados, contemplando todas las exigencias que se plantean a nivel oficial para estos espacios de producción lechera.

Hay 21 vacas en ordeñe que producen 300 litros diarios. "Comen mejor, no tienen tanto tiempo de espera, están más tranquilas, limpias... mejoró todo", agregó.

También coincidió con los otros dos ejemplos en cuanto a que "la cuota que pagamos a Mevir es una cuota razonable, podemos cumplir bien con esa exigencia, sin endeudarnos".

Juan, quien al momento de la nota estaba "tractoreando", aportó un dato clave sobre cómo le cambió la rutina de trabajo el disponer de la nueva sala de ordeñe: "la tarea de mañana y de tarde, en cada caso, la hacemos en una hora o menos, y antes nos llevaba por lo menos el doble de tiempo. Se vive mejor, porque se trabaja mejor".

Mevir
El tambo donde hasta hace poco Paola y Juan hacían el ordeñe.
El tambo donde hasta hace poco Paola y Juan hacían el ordeñe.

Mevir
Paola y Juan junto a uno de sus hijos en la nueva sala de ordeñar.
Paola y Juan junto a uno de sus hijos en la nueva sala de ordeñar.

Asistencias en el programa Kiyú UP II


En el denominado Programa Kiyú UP II, donde mayoritariamente las 21 familias atendidas son colonos del Instituto Nacional de Colonización (INC), hubo 17 soluciones habitacionales con siete viviendas nuevas de dos dormitorios, seis viviendas nuevas de tres dormitorios y refacciones en cuatro viviendas.

Además, hubo soluciones mediante construcciones productivas en ocho predios: tres nuevas salas de ordeñe, una quesería nueva, un galpón hortifrutícola nuevo y una refacción en sala de ordeñe.

Finalmente, se procesaron cuatro soluciones relacionadas con el acceso al agua, involucrando en cada caso pozo, tanque y bomba.

Puntualmente en este programa no hubo demanda de soluciones relacionadas con la energía eléctrica.

Se evalúa el impacto de la deuda que se va a asumir


Luis Silvera, adjunto a la gerencia general de Mevir, explicó que la recorrida realizada recientemente por El Observador Agropecuario en la zona de Kiyú involucró la visita a tres familias de productores del sector del agro que fueron asistidas en el marco del denominado Programa de Unidades Productivas y Viviendas Dispersas, concretamente en este caso el Programa Kiyú UP II.

Estos programas de Mevir, indicó, atienden las necesidades de los productores familiares de bajos recursos de una zona concreta, en este caso la zona de Kiyú, residentes en áreas rurales donde desarrollan su actividad.

Las necesidades atendidas refieren a la mejora de la vivienda (tanto vivienda nueva como refacciones de la vivienda existente); construcciones para la actividad productiva, también ya sean nuevas o refacción (galpones de ordeñe, queserías, depósitos, galpones hortifrutícolas o galpones ganaderos, etcétera); soluciones de agua para el consumo de la familia (perforación, bomba de extracción, depósito elevado); y también soluciones de energía (conexión a la red de UTE), según explicó Silvera.

"La combinación de este menú de posibilidades –vivienda, construcciones para la producción, agua y energía– la estudia nuestro equipo técnico con la propia familia, verificando el perfil socio económico, evaluando las necesidades y aspiraciones y el impacto de la deuda que se va a asumir en la economía familiar", comentó.

Quinquenio


Según datos aportados por Luis Silvera, en 83 programas desarrollados por Mevir entre los años 2011 y 2015 se atendió a 966 familias.

De ellas, 692 tuvieron intervención en su vivienda para construirla, o sea vivienda nueva, o refacción. En 266 casos "nos solicitaron también intervención en las construcciones para la producción".

Hubo 424 casos en los que "se solicitaron además de la intervención en vivienda o construcciones productivas solución para el agua o la energía", agregó Silvera.

"Estimamos que, en este quinquenio, atenderemos a otras 1.000 familias bajo esta modalidad, facilitando su afincamiento y trabajo en el medio rural", concluyó.

En línea: Luis Silvera


"Estamos haciendo el esfuerzo para llegar a los más pobres"


A veces se relaciona a Mevir básicamente con la generación de soluciones habitacionales. Más allá del valor que esa asistencia tiene, ¿qué peso tiene en la actual estructura de soluciones concretadas o encaminadas las implementadas en los denominados ámbitos productivos?
Mevir es parte del sistema público de acceso a la vivienda y lleva atendidas más de 28.600 familias en todo el país. Es conocido por los núcleos de viviendas hoy ya muy notorios en el interior del país. En ese total están incluidas las 3.752 familias participantes de Programas de Unidades Productivas y Viviendas Dispersas, que representan un 13%. Mevir fue creado hace casi 50 años para atender las necesidades de vivienda de los asalariados rurales. Con su accionar en el territorio, se pudo verificar que los productores familiares, además de ser un sector estratégico para el país, tienen algunas características socioeconómicas similares a los asalariados e incluso algunos combinan sus fuentes de ingresos (producción agropecuaria con salario rural fuera del predio). Es así que Mevir diseñó a partir de la década de 1990 (a casi 25 años de su fundación) programas de unidades productivas para productores familiares que atendieran sus necesidades de vivienda y de construcciones para la producción. Hoy tenemos 16 programas de unidades productivas abiertos y 14 programas nucleados (tradicionales de Mevir), además de algunas obras por convenios.

¿Cuáles, en ese marco, son las principales demandas de obras en las denominadas unidades productivas?
El caso de Kiyú se repite en general. Mayoritariamente las familias demandan viviendas (ya sea nueva o refacción). En cuanto a las construcciones productivas, varían en función de la zona del país, ya que en las zonas lecheras se nos demanda salas de ordeñe con fosa que mejoran significativamente las condiciones de trabajo, el tiempo de ordeñe y la calidad de la leche permitiendo una mejor higiene del tambo. En las zonas hortícolas por ejemplo se nos requiere la construcción de galpones que permiten mejorar las condiciones de clasificación de la producción y hasta mejor conservación de los productos. Los galpones ganaderos son más de depósitos de producción (por ejemplo lana y cueros) y herramientas, pero también sirven para trabajar los días de lluvia, etcétera.

¿Es una prioridad brindar la solución habitacional en el predio donde el productor y su familia trabajan?
Dar condiciones para que las familias rurales puedan acceder a un confort mínimo, razonable para el siglo XXI, que les permita desarrollarse como familia creo que es indiscutible como política de Estado. Pero hacerlo en el propio predio mejora también las condiciones de vida de esa familia, afincando. Si, además, podemos mejorar las condiciones de trabajo y hasta mejorar el ingreso de esas familias creo que estamos aportando y contribuyendo a la sustentabilidad de ese sector productivo. En ese sentido se debe destacar el trabajo interinstitucional ya que acuerdos con el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, el Instituto Nacional de la Leche, la Mesa de Queseros, organizaciones de productores y las intendencias complementan los aportes para el desarrollo de las familias atendidas. Estamos haciendo el esfuerzo de adaptarnos a la necesidad de cada familia y, sobre todo, para poder llegar a los más pobres.

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