Michael Schumacher: La velocidad en la sangre

“Podemos ir al límite y al mismo tiempo disfrutarlo”

Llegó a la Formúla 1 para ser campeón, para romper todos los relojes y convertirse en leyenda. Michael Schumacher fue bicampeón del mundo a bordo de un Benetton (1994 y 1995) pero alcanzó estatus de ídolo en el año 2000, cuando pilotando un Ferrari se coronó nuevamente y le devolvió la alegría a la mítica escudería italiana, que hacía 21 años que no veía a uno de sus pilotos en lo más alto del podio al final de la temporada.

El auto rojo volvía a estar de parabienes y los hinchas del cavallino rampante, esparcidos por todo mundo (especialmente en Italia), empezaban a transformar al alemán en su nueva esperanza.

Con su personalidad y su calidad de manejo no era suficiente, pero sí alcanzó con el liderazgo que tomó en el equipo para hacer de la Ferrari un bólido soñado.

Imbatible en las pistas una y otra vez; desde las pruebas de clasificación en las que se codeaba con la pole position, hasta la carrera del domingo en el circuito que fuera, bajo sol o lluvia. Fue un estratega, además de ser dueño de una muñeca prodigiosa. Sabía cuándo atacar, cuándo esperar y qué táctica de carrera usar, ya fuera para entrar a boxes o para hacer su juego con el tipo de neumáticos adecuado.

La comunión con Ferrari fue tal que lo que años atrás parecía imposible para los italianos se convirtió en realidad. La escudería volvía a ser la más temida porque Schumacher no tenía rival.

"No eres un verdadero campeón del mundo si no lo eres con Ferrari", llegó a decir, para locura de los tifosi.

Así es que logró otras cuatro coronas mundiales consecutivas, sumando siete dianas para convertirse en el más ganador de la historia.

El récord del argentino Juan Manuel Fangio quedó pulverizado y Schumacher inscribió su nombre en letras de oro en el mundo de la Fórmula 1.

Desde pequeño soñaba con la velocidad y su espíritu aventurero y competitivo lo moldeó para ser un gran campeón. Tanto es así que luego de su primera etapa en la máxima categoría (1991-2006) necesitó la adrenalina de los monoplaza y volvió al campeonato mundial 2010 con la escudería Mercedes Benz. Dos años más tarde efectivizó su retiro definitivo.

Su pasión por la velocidad ya se distinguió a sus cuatro años de edad, cuando su padre –mecánico de karts– añadió un motor de motocicleta al coche a pedales que tenía el pequeño Michael.

En el karting fue campeón del mundo a los 16 años y a los 18 se coronó campeón alemán y europeo. De allí en más, de primera a sexta en un abrir y cerrar de ojos.

Su primera escudería de Fórmula 1 fue Jordan (1991) y después las ya mencionadas Benetton, Ferrari y Mercedes Benz.

En su estadística, además de las siete copas del mundo conquistadas, obtuvo 91 victorias y 155 podios en 307 grandes premios. En 68 de ellos largó en la primera posición.

Se retiró a los 43 años y las pistas no dejaron de extrañarlo.

Sin embargo, el golpe más duro para los fanáticos llegó el 29 de diciembre de 2013, cuando se conoció la noticia de que Schumi había sufrido un accidente mientras esquiaba.

Había perdido el control en el descenso de una montaña y se había golpeado la cabeza contra una roca. Lo inconcebible terminó por suceder. Un hombre que vivía al límite y a velocidades superiores a los 300 kilómetros por hora, caía en coma en la nieve de los Alpes franceses. Las investigaciones aseguran que Schumacher había excedido los límites de la pista de esquí y que se aventuró una zona no controlada ni apta para la práctica de ese deporte.

El 16 de junio de 2014 anunciaron que había abandonado el hospital y que era trasladado a su mansión en Suiza, con secuelas de lesiones cerebrales serias.

Desde entonces, la familia ha solicitado a la prensa y a los fanáticos que se respete la privacidad del expiloto y se ha encargado de preservar cualquier información que tenga relación con la salud del gran campeón mundial de todos los tiempos.

Esta nota forma parte de la publicación especial de El Observador por sus 25 años.


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