Migrantes pudientes

Familias de Afganistán, Siria o Irak pagan fortunas para llegar a Europa en lujosos yates
Por Gaia Pianigiani y Lorenzo Tondo, New York Times News Service

Era muy diferente de los botes pesqueros destartalados y barcazas sobrecargadas que llevan precariamente a miles de emigrantes a las costas italianas. La familia de seis personas había pagado unos US$ 96 mil para viajar de Afganistán a Turquía. El último tramo del periplo fue una semana a través del Egeo y del Mediterráneo a bordo del yate Polina, de 15 metros de eslora y con tres pilotos ucranianos al timón.

La familia quedó en Sicilia en buena forma. Para ser emigrantes, esta fue la clase de lujo.
No es la primera vez que Carlo Parini veía tal cosa. Parini es el inspector en jefe de la policía, encargado de la inmigración ilegal en la ciudad portuaria de Siracusa, pueblo en el suroeste de Sicilia.

En lo que va del año, las autoridades sicilianas detectaron 125 inmigrantes llegados en yates y botes de vela, en su mayoría a cargo de capitanes ucranianos. Es una tendencia lucrativa y en crecimiento.

"Es probable que la organización esté formada por turcos que usan a marinos ucranianos profesionales para que crucen el mar", afirma Francesco Paolo Giordano, fiscal en jefe de Siracusa, a cargo de las investigaciones. "Pero es demasiado pronto para decirlo."

Desde que la Unión Europea llegó a un acuerdo con Turquía en 2016 se redujo el número de emigrantes que parten de Turquía en endebles botes inflables para cruzar el corto tramo hasta Grecia.

Pero la campaña de las autoridades turcas al parecer no pudo combatir a una amplia red integrada por ucranianos, muy hábiles, que recorren el Bósforo y están dispuestos a pasar de contrabando a afganos, iraquíes, sirios y cualquier otra persona que tenga los medios y el dinero.

El número de emigrantes de este grupo selecto es reducido comparado con los 181 mil africanos que arriesgan sus vidas en el cruce de Libia y Egipto hacia Sicilia.

Sin embargo, las autoridades italianas aseguran que está floreciendo el tráfico en la ruta de los ricos, de las costas turcas al sur de Italia, recorrida en elegantes botes de vela de madera y fibra de vidrio.
Parini vio aumentar el número de yates dedicados al tráfico de migrantes en los 10 años que lleva como jefe de un grupo interministerial contra la inmigración ilegal.

"En noviembre, arrestamos a un piloto ucraniano por segunda vez y yo lo reconocí", relata Parini.
Uno de los primeros navíos de lujo dedicados al contrabando que recuerda Parini llegó en setiembre de 2010. Era un elegante bote de vela alemán de 11 metros de eslora, que atracó en una playa cerca de Siracusa. Llevaba a afganos, y al timón había tres turcos.

En 2015, 111 emigrantes llegaron a las costas sicilianas en botes de vela y en 2016 habían sido 710.
Pero el año pasado, la ruta empezó a cobrar fuerza. Hasta ahora, los investigadores solo determinaron que los traficantes alquilan los botes en agencias de Turquía y los dejan en los puertos de Cesme o Izmir en la madrugada.

Los ucranianos que contratan los contrabandistas son conocidos por su habilidad. Para evitar revisiones de rutina, navegan por la "zona contigua", es decir, el área marítima contigua que se extiende más allá de varias banderas, que izan según el país al que se estén acercando.

En general, siempre tienen por lo menos una bandera turca, una griega y otra estadounidense, ya que muchos navíos están registrados en el estado de Delaware, donde "con 20 clics y una tarjeta de crédito puede registrarse un bote desde cualquier parte", explica Mario Carnazza, que integra el equipo de Parini.

¿Capitanes culpables o inocentes?

Los capitanes de los veleros interceptados en Italia suelen ser el eslabón débil de la cadena: cuando los capturan, los acusan de ser cómplices de inmigración ilegal, delito que en ese país implica una pena de cárcel de cuatro años.

Muchos se defienden y arguyen que debieron tomar el "trabajo" por necesidades económicas o porque contrabadistas de personas turcos amenazaron a sus familias en Ucrania.

Algunos negociaron para reducir sus condenas a cuatro meses y otros quedan en libertad por buena conducta. Uno de los casos más emblemáticos dilucidado en los últimos meses tuvo como protagonistas a dos ingenieros ucranianos, que habían sido sentenciados a cuatro años y medio de prisión, acusados de tener altos puestos en la red criminal.

Sin embargo, su abogada, Marilena Barone, contó que sus clientes solo trataban de escapar de Ucrania y que luego de buscar trabajo, aprendieron a navegar y fueron obligados a realizar el viaje.

"Ellos aseguran que su licencia náutica es falsa, así que con seguridad van a apelar", explicó la abogada. Ambos habían sido detenidos en julio de 2015 cuando cruzaron el Mediterráneo con 74 inmigrantes, en su mayoría iraquíes.

La embarcación encalló en un banco de arena próximo a Caponegro, cerca de Siracusa. La profesional también patrocinó a otros cinco hombres ucranianos en los últimos 18 meses.

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