Miles de hectáreas bajo el agua y desolación entre los escombros

La ciudad de Dolores y sus alrededores se convirtió en un ejemplo de la adversidad climática
La mirada del presidente de la Cooperativa Agraria de Dolores (Cadol), Raúl Bertón, se posa en un horizonte imaginario que se pierde igual que sus pensamientos más hondos. Eso fue lo primero que llamó la atención al reportero gráfico de El Observador que recorrió Dolores y sus alrededores.

Bertón seguramente no pudo asimilar de entrada el impacto que le causó el efecto del tornado que arrasó el predio de la cooperativa a las afueras de Dolores. Muchos años de trabajo de la cooperativa de productores en el suelo.

Lo único que se salvó de Cadol "fue la foto" de lo que era Cadol (ver página 9), reproducida por el reportero gráfico de la pantalla de una computadora.

Con el último hálito atinaron a encerrarse en una casilla de seguridad al ver llegar el tornado

Es que el destino quiso que el tornado que atravesó el viernes pasado esa ciudad de Soriano –de forma inesperada– nació en una chacra de maíz detrás de la cooperativa. Dejó en su furiosa marcha una marca en el lugar como si al maizal le hubieran pasado una cortadora de césped.

Y siguió su marcha hacia la parte edificada de Cadol: los únicos que resistieron fueron los viejos silos de hormigón y otros dos grandes de metal. Todo lo demás quedó reducido a escombros.

Después están las historias personales de los que fueron protagonistas involuntarios del desasosiego del tiempo.

Como los dos funcionarios de Cadol que no entendieron al principio de qué se trataba lo que estaban viviendo –lo que se les estaba viniendo encima– hasta que comenzaron a ver volar chapas, ladrillos, portones de hierro, semillas.

Tal vez con el último hálito solo atinaron a encerrarse en una casilla de seguridad que se encontraba al alcance. Eran el jefe de galpones, Gustavo Bergara, y Luis Villalba, quienes contaron la historia milagrosa a El Observador.

Otro empleado de la cooperativa salvó su vida protegiendo su cuerpo agachado junto a un montacargas que sirvió de soporte a un improvisado techo.

Historias como esas se repiten en el suceso que cambió el rumbo de la ciudad de Dolores poco después de las 4 de la tarde del viernes 15 de abril pasado. Y quizás sin marcha atrás para recomponer algunas cosas perdidas.

Y atrás la lluvia

Si el tornado ya era suficiente para provocar daños, atrás llegó la lluvia cuando aún la gente de Dolores caminaba sobre los escombros.

Humberto, un productor mediano, puso su vehículo a disposición para que El Observador pudiera ver cómo el fin de semana el agua invadía los cultivos en las chacras de los alrededores de Dolores y aún más lejos, en el corazón agrícola del país, donde miles de hectáreas quedaron bajo el agua.

Baqueano en el manejo de su camioneta para pasar por puentes y zonas bajas, lo que mostró el paisaje lo puede ver el lector de El Observador Agropecuario en la tapa de este ejemplar en su expresión más impactante, con el maíz bajo agua.

Atravesando el río San Salvador con unos 50 centímetros de agua en el puente, la marcha permitió llegar a otras chacras con la soja y los maíces devastados.

Acá las pérdidas son totales", comentaron varios productores afectados por el exceso de lluvias

En la recorrida de tres días después del tornado y las lluvias del fin de semana hubo un común denominador entre los productores que dieron su testimonio: la tranquilidad, como si tuvieran que demostrar que están acostumbrados a una actividad en la que el comportamiento del tiempo juega un papel fundamental. Y en esa cancha se gana y se pierde, como ahora.

"Acá las pérdidas son totales", comentaron varios productores afectados por el exceso de lluvias de los últimos días, sin el consuelo de rescatar algo de los cultivos plantados. Tendrán que borrar y empezar otra vez.

Y a ello hay que agregar el drama de una ciudad que deberá ser reconstruida, que tuvo pérdidas humanas y materiales, que hasta la hora en la que llegó el tornado –y luego las lluvias– había vivido un proceso de expansión fruto del trabajo.

El reportero gráfico de El Observador volvió impactado también con lo que vio y lo cuenta en las imágenes de la página 9. Percibió –y escuchó– historias múltiples que abandonaron el cauce de lo cotidiano.

Pero el común denominador que encontró fue esa mirada reflexiva de la gente que sufrió el fenómeno meteorológico. La que perdió todo y la que no perdió nada.

Esa mirada perdida en algún punto de la desolación convertida en cultivos arrasados por un tornado o hundidos bajo el agua. Una mirada que invitaba a que cada uno –doloreños o forasteros– viera el paisaje con sus propios ojos.

En fin, una mirada como si la procesión fuera por dentro.

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