Miopía frenteamplista para ver la nueva realidad política en el Parlamento

Con el músculo atrofiado por las mayorías, algunos en la coalición de izquierda no comprenden la situación delicada que enfrentan
Adaptarse a los cambios debe ser uno de los procesos más difíciles para los seres humanos. Pero solo los que logran hacerlo pueden seguir adelante con éxito.

En los últimos 12 años, el Frente Amplio se acostumbró a una forma de gobernar en particular. Las mayorías parlamentarias con las que contó hasta finales de 2016 le atrofiaron el músculo negociador hacia afuera de la coalición (no a la interna, porque todos saben que si se pierde la unidad, implosiona el proyecto político).

El año 2017, con la salida del diputado Gonzalo Mujica del Frente Amplio, implica un desafío gigante. Necesitarán como el pan el voto 50 en la cámara baja y si quieren aprobar algunas leyes importantes o polémicas no quedará otra que negociar. El desafío mayor es la ley de Rendición de Cuentas que, a iniciativa del ministro de Economía Danilo Astori, se parecerá más a una ley de Presupuesto, lo que la hace aun más vital.

Algunos dirigentes y legisladores frenteamplistas parecen no comprender la nueva realidad, que tiene cambios en el Parlamento pero que también está marcada por una opinión pública más crítica con la izquierda. Todas las encuestas marcan una baja aprobación de la gestión del gobierno. El último dato disponible es el de Opción, publicado este miércoles en canal 4: 28% de la población aprueba la gestión del gobierno y 35% manifiesta desaprobación.

El pasado fin de semana, en entrevista con El Observador, el senador del Partido Independiente (PI), Pablo Mieres, propuso que para comenzar un cambio profundo en la educación como el que prometió Vázquez en la campaña, el presidente destituya al Codicen. A cambio de eso, su partido está dispuesto a dar los tres votos que tiene en la Cámara de Diputados para aprobar la ampliación presupuestal para ese rubro.

La reacción de algunos dirigentes frenteamplistas –de sectores muy diversos– demuestra el grado de miopía que padecen y cómo muchos en el partido de gobierno aún no comprenden la situación delicada que enfrentan para poder gobernar a nivel parlamentario en los próximos tres años.

"Me parece políticamente detestable esa negociación que históricamente hubo en el Parlamento; esa política de cambiar figuritas que no tengan que ver con la lógica de los temas concretos", dijo la senadora de Asamblea Uruguay, Daniela Payssé. Y a la vez puso un ejemplo: "En el año 2000 vi canjear (durante la negociación presupuestal) policías de Colonia por puentes de Rocha. Eso para mí no es una negociación política y es más o menos lo que está planteando Mieres".

El senador de la lista 711, Leonardo de León, también fue duro con el líder del PI. "No me parece que sea la forma de buscar acuerdos en política. Obviamente rechazo ese tipo de formas de buscar acuerdos porque no me parece que conduzcan a nada", dijo.

Además de humildad, a algunos dirigentes del Frente Amplio les está faltando memoria.
Es hipócrita señalar que no se está dispuesto a negociar votos a cambios de cosas concretas cuando eso es lo que el Frente Amplio (como cualquier partido) realiza a su interna. ¿O qué fueron si no las "cuotas políticas" para el reparto de cargos durante las dos primeras administraciones? La listas de asuntos que el Frente Amplio discutió y negoció a su interna en los últimos 12 años es enorme: diputados rebeldes que luego acuerdan al conseguir algo, legisladores votando a desgano algunos proyectos para luego poder imponer otros y hasta el Poder Ejecutivo abandonando una negociación como la del TISA a cambio de que no le cambien el presupuesto.

Pero el ejemplo más gráfico de todos es cómo la izquierda construye sus programas de gobierno. Allí aparecen un montón de enunciados resistidos por algunos (el frigorífico nacional sin ir más lejos) que imponen otros sectores. Están los que se dejan imponer a cambio de luego poder agregar otros asuntos también polémicos.

Una muestra más de que al partido de gobierno le está faltando adecuarse al momento político del Parlamento, es que los dirigentes consultados dicen que la negociación en busca del voto 50 debe darse "siempre" bajo la línea programática del Frente Amplio. Eso tenía sentido (y es a lo que están acostumbrados) cuando contaban con mayorías parlamentarias propias. Pero es ajeno a cualquier tipo de negociación sentarse a pedir un voto , limitando el diálogo al espectro de opiniones del Frente Amplio.
Por suerte para el país, no todos los dirigentes son así de negados. Hay muchos que sí comprenden esta nueva realidad política y en vez de cerrarse en su terquedad, sí se muestran dispuestos a negociar y hacer política. Porque la propuesta de Mieres no es más que eso.


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