Montalbano, un detective sin jubilación

Muerte en mar abierto, de Andrea Camilleri, reúne ocho casos policiales del comisario
Si no fuera imposible cabría pensar que Andrea Camilleri ha hecho un pacto con el diablo. Algo así como un año de vida más por cada novela policial nueva que edite o un día extra por cada cadáver ficticio que aparece en Vigáta, la pequeña ciudad italiana donde el comisario Salvo Montalbano trabaja.

Y es que no deja de ser impresionante ver cómo se mantiene vivo este hombre de 91 años, fumador y bastante obeso, que no deja de escribir aunque ya está prácticamente ciego. Camilleri, además, no ha perdido un gramo de lucidez y es capaz de dar largas entrevistas donde aborda temas tan importantes como la política italiana, la crisis europea o los desafíos sociales del siglo XXI.

Poco le importa a sus seguidores que ahora deba dictar sus novelas policiales en vez de escribirlas, porque siguen siendo tan buenas como cuando publicó la primera, allá por 1994. A lo largo de más de 30 títulos, el italiano ha demostrado ser un maestro en el arte de seducir lectores y Montalbano se ha mantenido firme en las librerías durante más de dos décadas.

El secreto, como lo vuelve a demostrar en este Muerte en mar abierto, está en el equilibrio. En no querer pasarse nunca de listo y en respetar la esencia de los personajes que creó, muy humanos del primero al último. Porque Camilleri no es un maestro en el arte de urdir casos policiales memorables de brillante solución, pero sí lo es al describir la particular idiosincrasia de los italianos, sobre todo los del sur.

La otra gran clave de su éxito está en el realismo de sus historias. Los crímenes siempre son plausibles, nada insólitos, y suelen ser ajustes de cuentas entre familias mafiosas, crímenes pasionales de la más diversa índole o extorsiones económicas.

Los casos se resuelven más por la perseverancia del comisario que por sus dotes intelectuales, como se observa en cada uno de los ocho relatos que componen Muerte en mar abierto, que tiene la particularidad de que vuelve en el tiempo para ofrecer un Montalbano joven, más enérgico y menos escéptico. Que aún está de novio con Livia, que discute frecuentemente con su casera Adelina que no acepta esa relación, y que está al frente de una comisaría muy pintoresca.

Pero hay también (como en todas sus novelas), un trasfondo social que resulta importante a la hora de describir los males de Italia. Así, en La habitación número dos, que trata en apariencia del incendio intencional de un hotel rural para cobrar un seguro, lo que se revela por lo bajo son los métodos extorsivos de la mafia siciliana, que aloja allí sin costo a algunos personajes siniestros.

En La nota robada, la desaparición de una muchacha muy liberal en lo sexual sirve de excusa para tratar el tema de la doble moral, cuando se descubre que medio pueblo se acuesta con ella aunque se la señale con el dedo detrás de las persianas.

De lo mejor del libro es Según la práctica habitual, un relato que comienza con un sueño memorable, donde Montalbano compra a una bella mujer en una subasta, para derivar en un caso de trata de blancas, con videos de tortura incluidos, donde importantes personajes de la ciudad se ven involucrados con total impunidad gracias a la corrupción de la Justicia.

Pero sin duda el premio mayor se lo lleva El ladrón honrado, brillante ya desde el título, que presenta una peculiar alianza entre Montalbano y un veterano ladrón de casas para resolver un caso de secuestro. El humor y la ironía, presentes en todo el libro, alcanzan aquí las más altas cotas de refinamiento, para placer del lector, que sonríe sin parar ante los diálogos surrealistas de los dos protagonistas.

Muerte en mar abierto no decepcionará a los fans de Andrea Camilleri y es una buena ocasión para que quienes aún no lo conocen lo hagan.

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Acerca del autor

Andrés Ricciardulli