Montevideo y la búsqueda para superar el gris

La propuesta realizada por “Ghierra Intendente” puso a Montevideo en tensión. El necesario ejercicio creativo tiene sus limitantes.

Por Linng Cardozo

El Montevideo gris es una construcción social que, quizás, tenga su clave central en el relato onettiano. No lo sé. Si sé que está instalado en el montevideano –sobre todo el de edades maduras y creo que menos, por suerte, en los jóvenes- de que Montevideo es gris. No sé si el origen está en la elección del color de las veredas (debo recordar nuevamente la polémica entre Figari que las quería de colores y Batlle y Ordoñez que las quería grises. Ya se sabe quién triunfó), el tono nostalgioso de los inviernos o ambas cosas a la vez.

Existe un Montevideo amable, entrañablemente democrático en sus ramblas y en sus parques. (Hay también un Montevideo fracturado, disonante, radicalmente inarmónico cuya distancia social es mayor que desde la costa al barrio Marconi).


EL EMPUJE JUVENIL. La biología hace su trabajo. Las nuevas generaciones –las nacidas en democracia y posteriores- son marcadamente diferentes que las anteriores y juegan –desde la costa hasta el Marconi y el Casabó- a otra cosa.
Desde el espacio intelectual y de reflexión, hasta las prácticas lúdicas y artísticas, hay un tono irreverente, desafiante y rupturista. En un reciente debate en Facebook, algunos artistas y gestores culturales debatieron sobre las políticas culturales. Reclamaban al Estado más actitud promocional. Coincidían que nada o poco se hacía. Pero se comían una cosa importante: los fuertes empujes culturales y artísticos en el Uruguay de los últimos 60 años se hicieron sin apoyo estatal. Nada. ¿Por qué esa viruela de pedir al Estado todo, desde sancionar a los que sacan el perro y dejan su caca en las grises veredas, hasta impedir que un tarado mate a su pareja por la simple razón de que ya no existe amor?

LOS EMPUJES POR FUERA DEL ESTADO. La campaña “Ghierra Intendente” permitió pensar otro Montevideo, pero en una suerte dinámica de continuidad y cambio. (Aprovecho para decir que no todo lo viejo hay que mantenerlo. No toda obra de 1800 a 1950 hasta que cuidarla, preservarla, declararla patrimonio y poner un vigilante en la puerta derruida). En una reciente publicación llamada “Mapeo”, liderada por el arquitecto Marcelo Danza –insistente promotor de nuevas ideas y de pensar Montevideo en clave dinámica- se planteó nuevamente que desde el Poder haya señales de cambio. Se insiste con reclamar al Estado. “Nosotros seguiremos esperando una señal”, escribe Danza. Recuerdo que la Sociedad de Arquitectos del Uruguay reclamaba que la IMM –en los 90 todos miraban al piso 5 del edificio municipal porque era allí que se “cocinaba” todo lo que era construcción en Montevideo, desde los permisos de construcción hasta las habilitaciones en altura- cambiara su actitud. Con la llegada de la izquierda a la IMM, llegaron los arquitectos de la SAU a ese piso 5. Poco cambió. Más todavía: en los estudios de arquitectura se habla de “padrinos” y no de funcionarios. De cualquier manera, Danza tiene una larga trayectoria de inconformista, de remover el nido, de patear rutinas.


MONTEVIDEO AL PALO. “Usted ya está participando del proceso de renovación, resignificación, restauración y dinamización para embellecer la ciudad de Montevideo. Para esto debe comenzar a mirar con otros ojos, desde otra perspectivada, con actitud positiva y energía constructora”, dice la publicación que dirige Danza. Esa es la línea. Crear ciudadanía crítica y creativa que inunde la ciudad y los despachos. Y al Estado…un beso en la frente y seguir con el pedaleo. Hay un Montevideo que se mueve y crece, que embellece y luce, sin que la mano del Estado. Cito a Ghierra en “Mapeo”: “Hay una masa crítica de gente preocupada por temas que no están en la agenda política y tienen que ver con el patrimonio, con cuidado ambiental, con progreso sustentable. En cualquier caso, esta masa de gente ha venido aumentando sistemáticamente desde el 2010 a la fecha, y creo que seguirá aumentando, reclamando ser parte de la construcción de la ciudad y no meros espectadores”.


¿LA IMAGINACIÓN AL PODER? El arquitecto Danza se pregunta si la imaginación debe tomar o llegar al poder. No queda claro el planteo. Pero el problema de la imaginación, paradojalmente, es la realidad, ya no como motor sino como limitante. El ejercicio fantástico que impulsa Ghierra –y que acompaña Danza- tiene el inconveniente de convertirse en una suerte de masturbación intelectual. Con el objetivo de sacudir Montevideo, de modernizarla, de dotarla de color y mobiliario moderno, de fortalecer los espacios verdes y públicos, la imaginación puede ir para cualquier lado. Y ahí ese esfuerzo de creación se va al diablo. Hay muy buenas ideas, pero impracticables. Entonces no son buenas ideas. Hay acciones creativas de gran factura, pero irreproducibles. Entonces no son tan “creativas”.

Ghierra y Danza proponen mirar Montevideo en forma removedora. Es un necesario ejercicio, pero se debe asumir que se desarrolla en tensión entre la imaginación y lo realizable.

Nota. La foto que ilustra esta nota es una propuesta para la rambla portuaria, presentada en el encuentro “Ghierra Intendente”.

 


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