Mr. Bean dentro del gran Georges Simenon

El famoso actor inglés Rowan Atkinson se metió en la piel de un personaje a priori alejado de su universo dramático: el inspector comisario Jules Maigret
Dos mundos colisionan. Uno es el París de las décadas de 1940 y 1950, en blanco y negro o colores en sepia, con los recuerdos frescos de la ocupación alemana, las luces tenues y los ambientes de café cargados de humo, los adoquines eternamente húmedos, el río Sena y el crimen siempre rondando. El otro, el Londres de los 1980 y 1990, más luminoso y alegre, más moderno y (supuestamente) confortable, con un Mini Morris que surca la ciudad y al volante tiene a un perfecto tonto cuya mascota es un gastado osito de peluche marrón.

El actor inglés Rowan Atkinson, famoso mundialmente por interpretar a Mr. Bean, se metió en la piel de un personaje a priori alejado de su universo dramático: el inspector comisario Jules Maigret, la quintaesencia del policial noir francés, creado por el gran escritor belga Georges Simenon.

La serie de la cadena británica ITV, titulada simplemente Maigret, comenzó a filmarse a finales de 2016 y se emitirá a mediados de año en Inglaterra, aunque seguro que se podrá ver antes en algún sitio web.

Raro movimiento para Atkinson, un actor nato de comedia, dueño de una gestualidad hilarante que moldeó a base de talento en sus personificaciones de Mr. Bean. Por lo que se ha visto del tráiler del primer capítulo, Atkinson maneja la seriedad y la mirada fija como marca personal de Maigret, un personaje encarnado por decenas de actores desde que se llevó al cine en la década de 1930. Charles Laughton, Rupert Davies y Jean Gabin, entre muchos otros, se pusieron el traje oscuro, el sombrero y se calzaron entre los labios la mítica pipa del comisario parisino. Ahora es este hombre de 62 años, flaco y de cara impávida, el que se interna en ese universo sutil y criminal creado por el eterno Simenon.

¿Cuánta libertad existe en la actuación? ¿Cualquier actor puede interpretar el papel menos pensado? La profesión ofrece oportunidades dispares. Hay actores y actrices que han quedado encasillados con una cara, en un momento particular, quizás irrepetible, de sus vidas.

Atkinson es Mr. Bean, la obra magna de su carrera. En Cuatro bodas y un funeral encarnó a un cura al que se le escapaba Bean por las comisuras de la boca. Con Johnny English intentó, sin conseguirlo, una parodia del género de espionaje. Pero básicamente seguía explotando los gags de Bean. ¿Cómo hace un actor para deshacerse de su mejor versión? ¿Cómo hacen los espectadores para no dejar de ver, detrás de "x" personaje, la referencia directa de una cara implícita, que intenta crear algo que nuestros ojos niegan?

Un personaje puede ser una cárcel. Los comediantes que ingresan en la actuación de dramas corren ese riesgo, al igual que cuando un actor trágico avanza en el sinuoso territorio de las risas. Díganselo a Robert De Niro...

Un rol puede ser una cárcel. Los comediantes que ingresan en la actuación de dramas corren ese riesgo

Pero hay otros ejemplos. Por supuesto que Harrison Ford ha filmado mucho, pero inevitablemente en la memoria emotiva del público es y será siempre Indiana Jones. ¿Ha tenido Jim Carrey muchas oportunidades de demostrar su capacidad actoral por fuera de la comedia? Muy pocas.

Lo mismo podría decirse más cerca, del otro lado del río, las películas de Ricardo Darín se han transformado en un subgénero en sí mismo. El caso extremo opuesto es el galés Anthony Hopkins, camaleón absoluto, auténtico escapista de la pantalla.

Pero por suerte existe el talento, la sorpresa, lo inesperado del arte. ¿Por qué Atkinson no puede ser un gran Maigret? ¿Veremos a algún día a Carrey en la piel de Edipo? ¿Antonio Banderas dejará de ser siempre "el mexicano"? ¿El cine uruguayo podrá cambiar de horma? Ojalá se pueda contestar sí a todas estas preguntas.


Populares de la sección

Acerca del autor