Murales: un sueño francés para 25 de Agosto

Una pintora francesa llegó al pueblo en busca de tranquilidad y provocó un revuelo de arte que lo posicionó como una joyita a descubrir

Textos Gabriela Malvasio

Un gran cartel con una cámara fotográfica, después del peaje de la ruta 11, muestra que se está en el camino correcto para llegar al pueblo 25 de Agosto. Con unos 2.000 habitantes, ubicado en la "triple frontera" de Canelones, San José y Florida, a una hora de Montevideo, durante mucho tiempo este pueblo vivió en torno a la estación de ferrocarril, pero en los últimos años tuvo una colorida transformación. Un pueblo apagado y gris se llenó de murales.

Detrás de esta historia hay un personaje delicioso: Michele Dubaux, una pintora francesa cuyo nombre artístico es Leo Arti (en homenaje a su tía materna Leocadia), que en 2008 se instaló allí con su atelier.

Descubrimientos

Cuando uno llega a Villa 25 de Agosto, parece un pueblo más. Calles vacías, alguna moto que pasa zumbando, un perro que se estira perezoso aprovechando el poco sol. No hay ningún otro cartel —más allá de aquel de la ruta— que indique o explique lo que allí está pasando.

murales 25 de agosto Leo Arti

Pero si uno le pregunta a cualquier persona que se cruce por el atelier de la pintora francesa, seguramente con una gran sonrisa de "por supuesto" señale hacia la estación de tren: "Enfrente, a mitad de cuadra". Y en el recorrido, van saltando a la vista los murales sobre las casas: una pareja que baila tango, dos gauchos que comparten mate, una bicicleta apoyada bajo una falsa ventana que refleja un atardecer, un gatito que salta jugando en un patio repleto de flores. En épocas de cacerías de Pokémon, el ir descubriendo murales tiene algo de esa sensación: la expectativa de dónde estará el próximo. Y de repente aparece un caballo blanco revoltoso bajo la luz de una luna llena; una glicina que se recuesta sobre una puerta; un atardecer en un paisaje de estilo japonés.

murales 25 de agosto Leo Arti

Un matrimonio de Montevideo va pasando despacito con el auto. La mujer se baja y empieza a sacar fotos. "Qué belleza", comenta.

El atelier de Leo Arti tiene la fachada pintada con gauchos. Una mujer alta, estilizada, abre la puerta. La pintora resulta una cálida anfitriona que recibe con la estufa de leña prendida y una taza grande de café, en un taller repleto de libros, pinceles, caballetes y muestras de su obra. Desde los colores pasteles y concepciones más abstractas y reflexivas de sus primeros tiempos, a la explosión de colores de su pasaje por el Caribe, y los actuales caballos y personajes más uruguayos. Llegó a este lugar para descansar y ahora tiene más trabajo que nunca, dice riendo.

murales 25 de agosto Leo Arti

Cuando conoció 25 de Agosto se encontró con un pueblo vacío: "No había ruido y pensé ¡qué bueno!". No percibió ninguna energía en particular, ni positiva ni negativa. Era un lugar neutro y eso, según explica, para una artista es muy importante para hacer fluir el interior, para sacar lo que uno tiene dentro,. "¿Qué me gusta de Uruguay? El aire y el cielo", responde sin vacilar.

Fue en 2006 que visitó por primera vez 25 de Agosto para conocer su estación de ferrocarril. Con su marido vieron el cartel de "se vende" en una vieja casona blanca que ocupaba una esquina. Estaba en ruinas. Al año siguiente, regresaron para comprarla y desde entonces la están restaurando. A mitad de cuadra encontró otra casa adecuada para poner su atelier.

murales 25 de agosto Leo Arti

No hubo nada planificado. Lo de los murales se dio por casualidad y contagio. Abrió su atelier y los vecinos, sobre todo las mujeres, se fueron acercando para que les enseñara a pintar. En 2012, Leo Arti pintó la fachada de su taller a partir de fotos de gauchos que había tomado en la Fiesta de la Patria Gaucha de Tacuarembó. Poco tiempo después, una de sus alumnas le pidió si la ayudaba a reproducir en el frente de su casa una de las pinturas que había realizado en el taller. Fue el gran disparador: uno tras otro, todos le pidieron reproducir sus propios cuadros en sus fachadas y luego se sumaron otros vecinos y los comerciantes de la localidad. Es por eso que algunos tienen la firma de Leo Arti y otros de vecinos del pueblo. Llevan pintados unos 60 murales, hay otros cinco en ejecución y los pedidos empiezan a llegar desde pueblos cercanos.

murales 25 de agosto Leo Arti

Hace cuatro años que no paran de pintar fachadas; pero tienen que ir despacio, se lamenta la artista. En general son dos o tres las que la ayudan a pintar. Y hay que tener en cuenta que la mayoría son jubiladas, señoras mayores que se suben a escaleras o trabajan sobre andamios y a veces tienen que parar porque "les duele un poco aquí", cuenta Leo y ríe señalando la espalda. Además, muchas veces tienen que encargarse de sus casas o de cuidar a sus nietos.

Pueblo de artistas

MURALES 02

Reciben visitantes de todas partes, fundamentalmente de Florida, San José y Canelones para ver los murales. Hasta se han organizado viajes en tren desde Montevideo. El año pasado, por ejemplo, llegaron un mismo día 400 personas para un festival organizado por el atelier. Muchos paran un rato en el taller para charlar con ella o directamente la encuentran pintando algún mural y siempre se da una conversación.

Leo Arti habla con cariño de los vecinos del pueblo y sobre todo de sus alumnos. "Tienes que conocer a Nancy. Es maravillosa. Si coordinan con ella, les hace una visita guiada por los murales", cuenta. Todo a pulmón y a cargo del atelier, como el librillo que me muestra sobre la historia de los murales. O como los imanes y tazas que venden en el Vagón Atelier, que fue donado por AFE para sumar a la inciativa.

murales 25 de agosto Leo Arti

La artista lamenta que todavía no exista una infraestructura en el pueblo para hacer de este proyecto algo más grande. Su sueño, confiesa, es que se convierta en un pueblo artístico-turístico; que muchos artistas instalen sus atelieres y que a los turistas de cruceros se les ofrezca el paseo de los murales como se hace con las bodegas.

Tiene muchas ideas. Una de ellas es poner un café en la antigua casona blanca de la esquina, para lo que está acumulando muchas lámparas en el techo de su atelier. Pero, aunque no ha salido a buscarlo activamente aún, sabe que para lograrlo necesitará un inversor.

murales 25 de agosto Leo Arti

Por el momento, están los murales, un restaurante (que no funciona en los meses de invierno) y la posibilidad de ir a tomar la merienda al Vagón Atelier todos los domingos.

Me despido con un au revoir y empiezo a vagabundear por el pueblo acompañada esta vez del librillo que me compartió Leo Arti. Ahora veo los murales con otros ojos. No hay solamente pinturas, sino parte de las historias y los sueños de los habitantes de 25 de Agosto. Sus emociones, sus gustos.

La pareja que baila tango la pintó Luis porque es una pasión que comparte con su esposa; Haydée pidió que se pintara al Padre Pío en agradecimiento por su curación; Beatrice eligió la vida cotidiana de los charrúas porque forma parte del Grupo Choñik que trabaja en la conservación de las raíces indígenas; la casa de Nancy muestra las costas uruguayas y a lo lejos el faro de La Paloma; para el restaurante del pueblo, Rosana eligió recrear antiguos afiches de publicidad con aire a Toulouse Lautrec; el amor de Julio por los barcos lo inspiró para reproducir una obra del español Joaquín Sorolla; en la fachada de Mirtha hay un tren porque su esposo trabajó en AFE toda su vida; el dueño del bar, Carlitos, pidió que se representara el momento en que su caballo Al Pacino ganó una carrera; Susana, la profesora de música, está retratada junto a sus hijos mientras tocan diversos instrumentos sobre los techos de París. Y así, cada uno de los murales refleja a sus creadores y a sus historias.

Quienes visitan 25 de Agosto se quedan extasiados con la sensación de descubrir una silenciosa y auténtica forma de hacer fluir el interior, de sacar lo que uno tiene dentro; como un turista inglés que subió fotos hace poco a Instagram contando a sus amigos: "Miren la maravilla que me encontré en un pequeño pueblo de Uruguay".

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