Musa, una novela por amor al papel

La novela del escritor estadounidense Jonathan Galassi es entretenida pero algo irregular que gira en torno al mundo editorial antes de la revolución digital
Cuando un hombre ejerció durante décadas un oficio que ama y decide luego escribir sobre él, el resultado suele ser positivo. Como ejemplos ilustres se pueden citar al capitán de navío Joseph Conrad y sus exquisitas novelas de mar o al espía del MI6 John Le Carré, creador de intrigas internacionales ambientadas en plena guerra fría.

El editor y traductor estadounidense Jonathan Galassi, con una larga y exitosa trayectoria en el mundo de los libros, apuesta también por describir un mundo que conoce al detalle. Pero Musa es, además de una novela sobre editores, una radiografía agridulce de un tiempo pasado que no volverá.

Una época (después de la segunda guerra mundial) en que la gente solo hablaba de cosas importantes cara a cara, donde el tiempo no era un factor determinante y la palabra Internet no se había inventado. Y fundamentalmente, como escribe Galassi, un tiempo en el que los libros eran el centro de la cultura mundial, hoy tan difusa.

Nostalgia pero también homenaje es lo que propone el autor, que narra la historia de Paul Dukach, un joven editor que trata de abrirse camino en el mundo de los libros, al tiempo que se obsesiona por la obra de una poeta de culto, Ida Perkins, que es el activo principal de una editorial rival a la suya.

Tanto en su lugar de trabajo como en el negocio de la competencia, Dukach conocerá a dos hombres que marcarán su destino por la forma en que administran su negocio. Los dos mentores son descritos con elegancia por Galassi, que opone a los dos titanes de la edición en una lucha sin cuartel.

Opuestos de carácter pero parecidos en esencia, esos dos editores simbolizan la pasión genuina por un oficio que da más quebraderos de cabeza que satisfacciones, pero que resulta irresistible para quien ama los libros o, mejor dicho, a los escritores, que es la diferencia sutil que le interesa resaltar al autor durante toda la obra.

La novela, hay que decirlo, va de menos a más. Los capítulos iniciales son algo lentos y confusos, ya que Galassi opta por nombrar a algunos escritores conocidos de la época y a otros los oculta bajo nombres falsos, creando un catálogo desparejo de personalidades literarias que el lector termina obviando para no perderse.

De lo mejor del libro es la descripción cáustica y jocosa que hace el autor de la famosa feria de libros de Frankfurt. Un viaje de Dukach a Alemania le sirve de excusa para denunciar el snobismo de los participantes, la decadencia general del lugar y la competencia salvaje por tal o cual manuscrito que promete ser un éxito.

En un mismo lodo, editores, escritores, agentes y público en general trafican arte con una amoralidad absoluta. Es el primer síntoma de una descomposición que corroe al sistema desde adentro. Es el negocio al por mayor y al mejor postor, que desplaza y va enterrando las viejas y sanas prácticas editoriales de antaño.

Si la novela acierta de pleno allí, falla en cambio al describir al personaje principal, que no aporta nada salvo ser el hilo conductor de la historia. Galassi, vaya a saber por qué, no se ocupa en absoluto de él, salvo para reiterar su complicada vida sentimental por ser homosexual y su devoción por la literatura de Perkins, nunca bien explicada y un tanto absurda.

La muerte de sus mentores dejará a Dukach a cargo de una de las empresas, justo cuando la revolución digital comienza a transformar el mundo editorial para siempre con el surgimiento de los e-books y las tiendas de venta online.

Musa, por su temática singular e irregularidad narrativa, no es una obra apta para todo público. Pero gustará a quienes aún sienten por los libros un cariño especial.

Acerca del autor

Andrés Ricciardulli