Necesaria parquedad en el gasto

Si el gobierno no toma el curso de rectitud económica, le corresponderá al resto del sistema político imponer verdadera prudencia fiscal.

Temerosas incertidumbres ciudadanas sobrevuelan el segundo presupuesto de este período en la mal llamada Rendición de Cuentas. El gobierno asume compromisos de gasto sin sustento sólido, situación agravada por la pérdida de confianza de la población y de los sectores productivos desde que el presidente Tabaré Vázquez descartó su promesa electoral de no aumentar la carga impositiva. El ministro de Economía, Danilo Astori, acaba de reiterar que ejercerá prudencia fiscal para cumplir la meta de bajar el déficit fiscal al 2,5% del Producto Interno Bruto (PIB) para el fin del período. Pero al mismo tiempo anunció que se aumentará el gasto estatal, con énfasis improductivo en la educación pública, tendiendo hacia un arbitrario 6% del PIB pese a su atraso y su negativa a modernizarse.

Precisó que el aumento del gasto estará acompasado al incremento de ingresos, rubro que depende de considerable expansión de las exportaciones o del consumo interno o de ambos factores. Si no se concretan, el incrementado gasto público solo podrá ser cubierto con mayor déficit y el consiguiente endeudamiento o, más probablemente, con nuevos ajustes fiscales a través de impuestos directos y de las tarifas de servicios públicos. Astori declaró que aumentar la carga impositiva no está por ahora en la agenda del gobierno, pero nada obsta a que se la incluya más adelante, según evolucionen decisivos factores externos. Incluyen el impacto de la cambiada política económica de Estados Unidos bajo Donald Trump, de las tasas de interés, del valor del dólar y de lo que suceda con la economía china y en Europa a raíz del brexit, así como de que Brasil y Argentina recuperen crecimiento.

El acierto en 2015 de presupuestar solo para los dos años siguientes, a la espera de un panorama más claro para los tres años restantes, sirvió de poco porque en los dos últimos años la economía se estancó y el gasto comprometido solo pudo solventarse con una continua sucesión de ajustes fiscales. Igual peligro existe para 2018-2020 por la acumulación de factores potencialmente adversos. Si se ejerciera la prudencia que Astori saca a colación una y otra vez, el ajuste presupuestal de este año tiene que centrarse en una extrema parquedad en la expansión del gasto. Sería poco responsable comprometer gastos cuando no se avizora su financiación genuina a través del crecimiento del PIB.

Si el gobierno no toma este curso de rectitud económica, le corresponderá al resto del sistema político imponer verdadera prudencia fiscal. Debería facilitarlo el hecho de que el Frente Amplio ha perdido su mayoría automática en Diputados desde que Gonzalo Mujica abandonó la alianza de izquierda. El Poder Ejecutivo y la bancada frenteamplista tendrán que negociar ahora con otras fuerzas la aprobación de su proyecto presupuestal, lo que abre la oportunidad de frenar eventuales gastos que no estén debidamente compensados con ingresos seguros y que, al contrario, abran la perspectiva de más déficit o más carga tributaria. El líder del Partido Independiente, senador Pablo Mieres, adelantó la posibilidad de darle al gobierno la mayoría que ya no tiene para aprobar el Presupuesto, pero siempre que remueva a la cúpula de ANEP, responsable directo del estado calamitoso de la educación pública. Sería un camino adecuado para que el gobierno muestre sensatez en uno de los puntos más críticos del venidero debate presupuestal.


Acerca del autor

El Observador

El Observador