Ni boniatos ni aventuras argentinas

Se debe despolitizar el manejo de las empresas públicas y asegurar competencia técnica en quienes las gestionan

Ya que las empresas públicas están para quedarse, por más que varias sean un prescindible lastre costoso, el único camino que le corresponde seguir a cualquier gobierno es despolitizar su manejo y asegurar competencia técnica en quienes las gestionan. La confirmación de este elemental curso responsable, tradicionalmente descuidado por los partidos en el poder al nombrar a políticos amigos así fueran competentes o no para la tarea, se dio primero con la eficacia de UTE en la transformación del marco energético y con ANTEL en la digitalización de todo el país. Ahora comienza a vislumbrarse en ese monumento a la ineficiencia que ha sido ANCAP. Todavía se está lejos de sacar a la mayor empresa estatal del desastre financiero en que la hundió el Frente Amplio, especialmente en los años en que la dirigió el actual vicepresidente Raúl Sendic.

Pero el equipo técnico que preside Marta Jara al menos le ha hincado el diente a algunas de las áreas deficitarias en el vasto paraguas de actividades en que el ente petrolero se fue embarcando. El objetivo es recortar las cuantiosas pérdidas que el año pasado obligaron al gobierno a capitalizarlo con más de US$ 600 millones para evitar su colapso. Además de cerrar absurdas aventuras periféricas, como la producción de perfumes que nadie compraba, las actuales autoridades atacaron en varios frentes. Se vendió a la petrolera argentina YPF su participación en una improductiva explotación de hidrocarburos en Neuquén y hace pocos días se cerró la perdidosa petroquímica Carboclor, también en Argentina.

ANCAP busca ahora desprenderse de una microdestilería de alcoholes a base de boniatos instalada en Artigas, otro traspié de la deficitaria Alcoholes del Uruguay (ALUR) que jamás funcionó por falta de planificación sobre la viabilidad del negocio. Los problemas con ALUR, cuyos balances eran disfrazados por ANCAP años atrás para ocultar sus pérdidas, no terminan de generar sorpresivos ejemplos de administración deficiente. Se sabe ahora que tiene en un depósito en Capurro un equipo de riego comprado en US$ 600 mil, pero que ni siquiera ha sido desempacado para darle algún uso.

Está pendiente el tema de las cementeras, centro de gigantescas inversiones pero que operan a pérdida por ineficiencia productiva. Jara intentó frenar el drenaje de recursos en esa área pero se topó con la reticencia del gobierno para evitarse problemas sindicales. Qué hacer con el personal redundante, como los 50 jardineros que figuraban en la plantilla de una de las plantas cementeras, es uno de los mayores problemas que enfrenta el actual directorio de ANCAP. Se extiende incluso a la refinería de La Teja, eje central del ente, donde el exceso de personal causa una baja productividad, hasta cuatro veces inferior a la de instalaciones similares en Chile y otros países.

La manea de la inamovilidad laboral de los funcionarios públicos y el deslumbramiento frenteamplista con los monopolios estatales limita agudamente los planes para darle a ANCAP el orden y la eficiencia operativa que son comunes en cualquier empresa privada bien administrada. Pero al menos se va en camino de hundir el bisturí hasta donde se pueda, para contrarrestar la ineptitud administrativa que llevó las deudas de ANCAP de US$ 300 millones en 2005 a casi US$ 2.000 millones en 2014 por gastos descontrolados e inversiones deficitarias por falta de estudios de viabilidad y planificación competente.


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