Ni playas ni favelas, conozca el otro cine brasilero

La película Boi Neón, que se estrena en la Sala Zitarrosa, propone una mirada a una práctica poco conocida: las vaquejadas

El director brasilero Gabriel Mascaro se siente confiado al distanciar su última película, Boi Neón, de la concepción general que cree que el público uruguayo tiene del cine de su país: "Aquí no hay playas ni favelas", dice.

El cineasta estuvo en Uruguay para presentar la película, que cerró la última edición del Festival de Cine de Brasil en Montevideo realizado a fines de abril y que ahora tendrá un segundo pasaje en la pantalla grande dentro de la Sala Zitarrosa (18 de Julio 1012), donde será proyectada en cuatro instancias entre el 12 y 26 de mayo.

El filme de Mascaro, ya premiado en múltiples festivales internacionales, se presenta como una road movie ("película de carretera") atípica, debido a su temática principal. Boi Neón sigue la vida de un grupo de trabajadores de las vaquejadas brasileras, una actividad competitiva similar a los rodeos estadounidenses y a las domas uruguayas en la que dos vaqueros montados persiguen a un buey hasta atraparlo entre los caballos y conducirlo a un objetivo donde debe ser derrumbado.

En conversación con El Observador, Mascaro cuenta que creció y estudió en Recife, al nordeste de Brasil. Allí se familiarizó con personas provenientes de la zona rural del país cuyos planes de ocio de fin de semana giraban en torno a las vaquejadas.

"No hay cine, no hay teatro y entretenimiento, no hay nada. Solo hay vaquejadas. Es un evento cultural muy fuerte", describe el cineasta.

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Como un adulto ya embarcado en una carrera artística –su primera película de ficción, Vientos de agosto (2015), obtuvo una mención de honor en el Festival de Locarno–, Mascaro volvió a visitar el mundo de los vaqueros brasileros y señala que presenció cómo el cambio y el desarrollo económico de Brasil de la última década impactaron en la actividad recreativa, creando unas "vaquejadas 2.0". De acuerdo al cineasta, el imaginario del campo brasileño comenzó a mezclarse con otros componentes culturales que antes no se hacían presentes, como una mayor presencia de la industria de la moda surf entre los vaqueros y su entorno, pese a vivir en regiones sin playas cercanas.

Al conocer a los nuevos integrantes de este espacio, Mascaro se inspiró en la idea relacionada a la narrativa de una persona que quiere "escapar" de su ambiente y no puede. Escribió un guion sobre una familia no convencional de las vaquejadas, cuyo uno de sus integrantes principales es Iremar, un vaquero con afición y talento para el diseño de moda que en Boi Neón es interpretado por el actor Juliano Cazarré, quien ha participado en telenovelas brasileras como Avenida Brasil y Rastros de mentiras.

La decisión de enmarcar la historia como una roadmovie dramática, explica, se debió a la posibilidad de retratar un viaje no como la experiencia de grandes cambios, sino como una costumbre sin transformaciones significativas para sus personajes.

En la película, Mascaro lidia con los paradigmas de la masculinidad en Brasil, la relación entre lo humano y lo bestial y la presencia alterable de una economía desarrollada en un contexto rural. Y mientras esos temas se reflejan en situaciones cotidianas en la vida de lo personajes como Iremar, el trabajo de fotografía del camarógrafo mexicano Diego García hace que las escenas de Boi Neón se destaquen por su manejo del encuadre y del color, un elemento que se vuelve un protagonista por sí solo dentro de una obra mayoritariamente monocromática.

Boi Neón fue realizada como una coproducción entre Uruguay y Brasil y contó el apoyo económicos del Instituto de Cine y Audiovisual del Uruguay (ICAU). Para su director, su atractivo es universal. "Muestra de forma muy honesta relaciones humanas en conflictos mínimos", dice Mascaro. "Es una historia simple sobre un lugar en transformación".


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