Ni una sola concesión

Algunas conclusiones sobre lo que fue la noche con John Lydon y su esencial grupo en Montevideo
Desde el momento en que el concierto comenzó con la extensa y climática Albatross y John "Rotten" Lydon plantado con anteojos y chaleco frente a su micrófono, en plan recitador de teatro callejero, la cosa quedó clara. Pero por las dudas, el cantante lo aclaró al final: "This is PiL" (esto es Pil). Lydon, que pisaba por primera vez el escenario de La Trastienda (un poco más mítico tras la noche del miércoles), entiende el rock como un ejercicio de discurso y ambientes que muevan a la reflexión o a la ira, esa que, según reza su propio mantra, se vuelve energía.

Al simbolismo de su visita no le faltó estadística: el miércoles, Public Image Limited fue acompañado por una sala colmada de fanáticos (la mayoría de más de 40 años) en un concierto intenso en lo performático y lo musical que atravesó fases rítmicas de mayor empatía general (la banda tiene un alma funky que asoma bastante) y pasajes bien hipnóticos, con Rotten cabalgando sobre distorsiones (las de Lu Edmonds) que parecen haber dejado huella en entidades tan diferentes como la guitarra de Skay Beilinson o Buenos Muchachos.

Sí, cuando sonó la nueva I'm not satisfied o la quintaesencial This is not a love song la audiencia agradeció con ovaciones (hasta los rockeros quieren bailar a veces), pero en cualquier fase de esa marea sonora asomó siempre la esencia magnética de Lydon, un intransigente que capitalizó en vivo el amor que Montevideo le profesa desde los años 80.


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