Nicaragua frente a un sistema político que impone dinastías

Matrimonio Ortega avanza sin competencia y con viento judicial a favor a su cuarto gobierno
El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, y su esposa, Rosario Murillo, serán compañeros de fórmula en los próximos comicios de ese país que se realizarán el 6 de noviembre, en los que no participará el principal bloque opositor, golpeado por los poderes del Estado que responden al actual mandatario.

La inscripción de Murillo recibió además la crítica inmediata de sectores que consideran que Ortega no solo quiere instaurar un régimen de partido único en Nicaragua, sino que busca darle forma a una nueva dinastía en ese país centroamericano, 37 años después de que se derrocó a otra, la de la familia Somoza (1937-1979).

Ortega se registró el martes ante el Poder Electoral en busca de su cuarto mandato y tercero consecutivo, en unos comicios en los que su Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) es favorito para conservar el poder, según las encuestas, por gozar de una elevada popularidad.

Según la oposición, con la postulación de Murillo a la vicepresidencia, Ortega busca garantizar la sucesión familiar en el poder, algo similar a la dinastía de la familia Somoza que gobernó Nicaragua durante casi medio siglo hasta que fue derrocada en 1979.

"Es una pareja delirante con una desmedida ambición por el poder y de riqueza, sin el más mínimo escrúpulo", opinó la socióloga, periodista y disidente sandinista Sofía Montenegro.

"Está pasando algo parecido a la dictadura de Somoza", afirmó a la agencia AFP la exguerrillera y disidente sandinista Dora María Téllez.

Aunque la nominación de Murillo levantó críticas de opositores, la primera dama tiene una simpatía del 82% de los nicaragüenses y, según juristas, la Constitución no inhibe a la esposa del presidente de turno a postularse a un cargo de elección popular.

Sin oposición

Ortega se perfila como el único candidato fuerte para disputar la presidencia, luego que la principal fuerza de la oposición fuese excluida de las elecciones mediante una maniobra judicial.

La Corte Suprema de Justicia le quitó el pasado 8 de junio al líder opositor Eduardo Montealegre la representación legal del Partido Liberal Independiente (PLI), una agrupación de derecha que en los comicios de 2011 se constituyó como segunda fuerza política con el 31% de los votos. En esas elecciones Ortega ganó con el 62,5% de los votos.

En lugar de Montealegre, la Corte –controlada por jueces sandinistas– nombró para los próximos comicios a un político desconocido vinculado al oficialismo, Pedro Reyes, quien desintegró la coalición opositora que el PLI pretendía encabezar para frenar los planes de reelección de Ortega.

El fallo también dejó sin oportunidades políticas a la disidencia sandinista, uno de los más férreos críticos del gobierno de Ortega, que formaban parte del anterior PLI, luego de que el tribunal electoral les quitara en 2008 su personería jurídica.

Tras barrer a la oposición, la contienda electoral se dirimirá entre la alianza del Frente Sandinista y seis pequeñas agrupaciones de derecha que no pasan del 6% de adhesión en las encuestas.

En tanto, la reforma del año 2000 permitió al sandinismo asumir gradualmente en los últimos años el control de los altos cargos de dirección estatal que son nombrados por el Parlamento.

Además, la inscripción de la fórmula presidencial de la "Alianza Unida, Nicaragua Triunfa", encabezada por el FSLN y que incluye a pequeños partidos, ocurrió cuatro días después de que la Junta Directiva del Parlamento, controlada por el oficialismo, ratificara una resolución del Poder Electoral de destituir a la buena parte de los diputados opositores.

Los legisladores removidos por la autoridad electoral nicaragüense son los mismos que encabezan la principal coalición opositora y que, afectados por una serie de fallos judiciales que los dejaron sin partido, decidieron no participar en los comicios de noviembre, que califican de "farsa".

La defensa

Pese a la sucesión de críticas, Ortega tiene espaldas anchas y apoyo de la ciudadanía que lo posicionan como favorito para las próximas elecciones.

"Se hablaba de quién iba a asumir la vicepresidencia para seguir con el buen gobierno de este país. Tenía que ser una mujer y quién mejor que la compañera Rosario Murillo, que ha realizado una labor con mucha eficiencia, disciplina, dedicación y sin horario", señaló el líder sandinista en un acto proselitista desde la sede del Poder Electoral.

En ese evento, al que se le impidió el acceso a un equipo de la agencia EFE y a otros medios nicaragüenses, y que fue transmitido por canales de televisión identificados con el oficialismo, Ortega dijo que eligió a su esposa como su compañera de fórmula porque había que "ser consecuente".

Murillo se forjó como revolucionaria en los años de 1970 como activista del FSLN en la lucha contra la dictadura somocista y fue una actora clave de su partido y el gobierno desde que Ortega comenzó su carrera política.

El presidente Ortega agregó que la primera dama, quien también es coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía y ejerce el 50% del poder de Nicaragua –una decisión que el mandatario hizo pública–, aspira a la vicepresidencia "en representación de las mujeres nicaragüenses".

Primera dama con superpoderes

Rosario Murillo, la excéntrica y controversial poeta y esposa del presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, busca consolidar su poder en Nicaragua como compañera de fórmula del mandatario, quien pretende reelegirse en los comicios de noviembre.

La aspiración de la primera dama, de 65 años, fue avalada por Ortega, quien el martes la inscribió como candidata a la vicepresidencia del gobernante Frente Sandinista (FSLN), en el cual Murillo milita desde 1969.

Murillo ha tenido una relevancia política que ninguna otra primera dama ha ostentado en la gestión pública de Nicaragua.

Ha ejercido una fuerte incidencia en las políticas sociales y culturales del gobierno y del partido, y concentrado tanto poder que sus opositores consideran que la que gobierna el país es ella y no Ortega.

Como coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía, Murillo informa todos los días a través de los medios oficiales el quehacer de las instituciones, el clima, las epidemias y del partido.
Ortega admite que comparte con Murillo la administración en respuesta a una política de género de dar más participación a la mujer en la toma de decisiones.

Murillo, quien no fue figura relevante en el primer mandato de Ortega (1985-1990), se convirtió en la jefa de campaña que lo devolvió al poder en 2007, recurriendo a cambiar su imagen dura de guerrero por otra de hombre humilde que pide perdón y promete paz y reconciliación.

En el ámbito partidario, Murillo se dedicó a atraer a jóvenes de entre 16 a 34 años al FSLN, lo que provocó un choque generacional dentro de la agrupación.

En su edición del 26 de julio, la revista Forbes colocó a Murillo en la posición 28 de las 50 mujeres más poderosas de Centroamérica, utilizando como parámetros los cambios generados en sus países, el poder para cambiar las realidades en favor de la región y no seguir estereotipos que frenen sus ideas o proyectos.

Fuente: Agencias

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