"No compartimos la idea de que lo público deba ser deficitario"

El nuevo director del Auditorio habla sobre el rumbo que seguirá de ahora en más

Matías Castro, especial para El Observador

Alguna vez, hace muchos años, Gonzalo Halty fue profesor de educación física. Hoy dirige el Auditorio del Sodre como sucesor de Gerardo Grieco, responsable de convertir el edificio en el centro cultural más exitoso del país (284 mil espectadores y 445 funciones en 2015).

Nacido en Montevideo hace 51 años, Halty es un gestor de perfil bajo y, al mismo tiempo, ejecutivo, cuyo momento de mayor visibilidad comienza ahora con el Auditorio. Mientras fue gerente del Sodre, logró implementar algunos cambios, como la reestructura de las oficinas, la gimnasia en el trabajo y la simplificación de trámites que pasaron de 45 etapas a 14. El Auditorio venía de exhibir cifras altísimas de público y también de enfrentar polémicas internas por los criterios de programación y algunas críticas por los precios de alquiler. Grieco, además, dejó su cargo mucho antes de lo previsto.

Gerardo Grieco renunció a la dirección del Auditorio unos 40 días antes de lo que prometió. ¿En qué situación lo dejó?

Con Grieco nos conocíamos desde hace tiempo, de la Intendencia, y teníamos confianza. Debo reconocer que me dio toda la información que se precisaba para la transición. Él me avisó unos 15 días antes de irse, cuando se había tomado licencia y yo era director interino del Auditorio. Después entramos en confianza con el equipo.

¿Con qué se encontró?

Me encontré con una maquinaria en funcionamiento, con una lógica supervertiginosa de alto nivel de exigencia y tensión. Hay que entender ese proceso porque, desde 2009, el crecimiento fue vertiginoso. El Auditorio crecía a como diera lugar para llenar los espacios que se habían generado, porque había que darle contenido a este monstruo. Se llenó de contenidos de la mejor manera que se entendía en ese momento. Y por la foto que vemos ahora, entendemos que no se puede trabajar con esa lógica vertiginosa. Ya estamos en la meseta de ese crecimiento. Muchos más inventos no podemos hacer. Y por eso tenemos el desafío de sostener, entonces apuntamos a generar planes de trabajo más sistematizados y estamos reorganizando algunas áreas.

Había diferencias sobre criterios de trabajo entre la dirección del Auditorio y la Presidencia del Sodre. Imagino que esta tensión se terminó en agosto.

Había una acumulación de tensiones que no le hacía bien a nadie. Y desde la perspectiva personal e institucional, la situación se distendió. Cada uno tiene un estilo de conducción y ahora me toca a mí construir esa forma de relacionarme con el Consejo (Directivo del Sodre). Yo ejercía la Gerencia del Sodre, pero esto es otra cosa y creo que tiene que existir muchísimo respeto a las políticas institucionales. Soy consecuente y la política del Ministerio y del Sodre forman parte de lo que tengo que observar como línea general. Pero el Auditorio tiene que tener su autonomía de funcionamiento desde el punto de vista técnico. Es una cruza de gestión pura y dura con las políticas institucionales.

¿Cómo encaja el ballet en esta lógica?

Tenemos que trabajar con ellos, porque tienen un despegue a nivel mundial, y todos nos tenemos que alinear a su aspiración de estar entre los 10 mejores del mundo. No van a poder hacer eso si el Auditorio no les da el soporte para su trabajo. Y por un efecto derrame, eso repercute en las demás estructuras. El ballet es el tractor que nos tira hacia esa meta, pero desde la dirección tenemos que pensar en el todo.

El eje de ese "todo" seguirá siendo el ballet.

Hoy es la columna vertebral, porque arma la agenda del año. Y esto contempla también a la orquesta. La ópera termina de armarse en función de eso. Luego, en los espacios que van quedando, van el coro y la orquesta juvenil.

Recién decía que el Auditorio "Se llenó de contenidos de la mejor manera que se entendía". ¿Quiere decir que la lógica de acumular eventos no es la mejor forma de gestión redituable?

El proceso de gestión cultural es dinámico y por eso no existen verdades absolutas. Lo que hoy pienso capaz que dentro de un año lo cambio. No lo tomo con la lógica de blanco o negro. Esa lógica sirvió para posicionar el Auditorio. Ahora lo que necesitamos es sostener y encontrar una avenida de desarrollo para reenamorarnos del proyecto y volver a crecer, aunque no va a ser al ritmo monstruoso que tuvo hasta ahora.

¿Cómo pensarán esa programación menos "monstruosa"?

La intención es mantener a los elencos estables en la sala grande, como columna vertebral, y armar una programación de calidad, amplia y diversa.

¿Qué pasará con la sala Balzo?

Ahí tenemos la discusión más profunda. Entendemos que tiene más que ver con las políticas culturales. Por eso pensamos en políticas vinculadas al INAE (Instituto Nacional de Artes Escénicas) y al propio Sodre. El privado va a tener su espacio también, como corresponde. Pero no vamos a trabajar a demanda, o sea, no vamos a esperar que la sala se llene solo de esa forma. Por ejemplo, tenemos la obligación de tener un espacio más institucional para el folclore. Lo mismo ocurre con el tango. O con los artistas emergentes del proyecto Bitácora, del INAE.

Este año hubo reclamos sobre los costos de alquiler de la sala Balzo para producciones chicas. Esos reclamos, entre otras cosas, llevaron a que se revieran esos costos. ¿Cómo ve ese tema?

Gran parte de ese nudo estaba dado por la programación. Por eso discutimos específicamente la Balzo. Por el tema del rumbo que sigue la sala y su perfil, pensamos en el tema de los ciclos, porque tiene que ver con la forma en que se construye una imagen. Y otra pata fuerte (del proyecto) tiene que ver con lo que sucedió este año. Esto es pensar en qué estado vienen las producciones a la sala Balzo para discutir con los productores. No nos podemos dar el lujo de que la sala tenga un público de 20 personas. Por eso pensamos que si el productor hace un esfuerzo artístico para llegar, nosotros podemos aportar para que la sala tenga un aforo respetable.

¿La sala debe ser redituable?

El objetivo de la sala no es recaudar, pero no por ello podemos darnos el lujo de tener espectáculos con 20 entradas vendidas. Estamos pensando en hacer cursillos o seminarios de gestión cultural para la producción, para la comunicación, ya que mucha gente se dedica a lo artístico y en producción hace lo mejor que puede. Y eso implica que a veces terminan vendiendo las entradas a sus familias.

Lo que argumentaban los productores era que la sala tenía también una suerte de función pública al dar cabida a propuestas menos comerciales.

Somos una organización pública por más que tengamos una financiación a través del fideicomiso. Pero no compartimos la idea de que lo público deba ser deficitario. Tenemos que buscar que lo que está en funcionamiento tenga obligación de generar los recursos necesarios para financiarlo. Si hacemos el ciclo de folclore, debe tener una estructura que permita el autofinanciamiento. El hecho artístico no tiene por qué ser deficitario. Es decir, te puede ir bien o mal, pero al menos jugá todos los boletos para intentar que te vaya bien.

Hablaba de espectáculos que venden pocas entradas, pero por otro lado el ballet tiene entradas muy populares, subvencionadas. ¿Es importante que se llene o que se autosustente?

No sé si están subvencionadas. El ballet autosustenta las producciones con la venta de entradas más los auspiciantes. Y en los casos en los que la ecuación no les da, suman dos o tres funciones. Y es único en la región, por la cantidad de espectáculos previstos y la cantidad de entradas vendidas. Tenemos la aspiración de que la orquesta y el coro aumenten 20% las entradas.

¿El Auditorio se autosustenta?

Esto tiene una lectura política, porque el Estado apostó a la política cultural, y esto debe ser entendido como inversión y no como gasto. Por otro lado tenemos la herramienta del fideicomiso para encontrar alternativas de financiación y que esto tenga nuevas unidades de negocios que mejoren nuestro presupuesto. Si fuera solo con el presupuesto del Estado, hay un techo.

Entonces, ¿es deficitario?

Dentro de lo que se nos asigna y lo que generamos, en general terminamos en un punto de equilibrio. Con la planificación estratégica queremos que cada elenco sepa qué presupuesto tiene y que en función de eso se organice. Desde el Auditorio incidimos porque todo lo técnico viene de acá, y eso afecta al presupuesto de los espectáculos. Queremos que los elencos planifiquen la mayoría de las cosas con un número al lado.

¿Esto no se hacía?

No con esta forma de planificación anual. Y a veces se hacía bravo cerrar los números, había que salir a último momento a buscar patrocinadores. Por eso ahora vamos a lanzar una campaña de búsqueda de patrocinios.

¿Tienen otros planes para cambiar esa situación?

En primer lugar queremos tener una política más ambiciosa de rentabilidad de espacios. Esto quiere decir que buscamos cómo sacarle a cada lugar un recurso económico. No tiene nada que ver con las políticas culturales, porque lo que es gratis seguirá siendo gratis. Tenemos la tienda de mercadeo, con otro diseño y con una propuesta comercial más ambiciosa. Tenemos la esperanza de generar productos en plataformas electrónicas, para transformar la plataforma de Auditorio TV en un producto comercial vendible, que se autosustente.

Parte del asunto sigue siendo la venta de entradas y funciones, y ahí aparece una vieja disputa interna del Sodre, entre aquellos que apuntan a lo variado y lo popular y entre quienes querrían volver a lo clásico o culto. ¿Qué rumbo se seguirá?

Hay que buscar un equilibrio. Hoy la prioridad la tienen los elencos estables y eso condiciona las fechas para otras cosas. Comparto el criterio de buscarle ocupación a la sala, por una cuestión de rentabilidad, pero no por eso hay que meter cualquier cosa. Por ejemplo, una producción internacional de Disney no es para acá, porque hay salas comerciales con ese perfil. No discuto la calidad, pero el perfil es para otra sala.

El criterio puede ser ambiguo, porque está Roy Berocay y el Sapo Ruperto, o Rada para niños, que, más allá de sus valores, podrían ser tan comerciales o de venta segura como algo de Disney.

Vamos a hacer un proyecto con Berocay, pero junto al ballet, a la orquesta juvenil y a las escuelas de formación artística. Por un lado le damos lugar al artista nacional y optimizamos los recursos del Estado.

¿Y las murgas?

No vamos a hacer un Teatro de Verano acá. Si viene una murga, será porque hace un espectáculo que lo amerite, ya sea porque tiene algo distinto o celebra un aniversario. No voy a hacer un ciclo con Daecpu.

Sin embargo, en verano hay pocos espectáculos y la murga podría ser una alternativa rentable.

Pero estaría bombardeando a otros escenarios. Para el verano estamos pensando otra programación diversa, que complemente la avidez de los espectadores. Un cantante brasileño, el teatro negro de Praga, o algún grupo argentino, sumado al coro y la orquesta, podrían armar una temporada interesante.

Un gestor con estudios

Halty estudió gestión cultural en la Universidad de Girona; fue docente en posgrados sobre políticas públicas en la Universidad Católica, el Claeh y otras instituciones; dirigió la División de Acción y Promoción Cultural de la Intendencia y, en el último año, fue gerente del Sodre. En 2012 quiso renunciar a aquel cargo en la Intendencia debido a las denuncias de irregularidades cometidas en la comisión administradora del Velódromo, que dependía de su división. Ana Olivera no aceptó esa renuncia.

Música de la Tierra, primera incorporación

Uno de los primeros acuerdos de la nueva gestión es con la productora del festival Música de la Tierra, un encuentro anual patrocinado por Fundación Itaú Uruguay, declarado de interés por el MEC y con un marcado perfil regional y de alto nivel musical que ha aumentado año a año la afluencia de público a los escenarios de Jacksonville, donde suele ser el evento. Habrá un concierto por mes de marzo a noviembre en la sala Hugo Balzo, que además será transmitido e implicará actividades como entrevistas dentro del concierto. La medida se enmarca en una de las prioridades de la nueva gestión, que van en pos de mejorar el vínculo del público uruguayo con el folklore de calidad, aseguraron fuentes del Sodre.


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