No perder el tren otra vez

Una década después, un segundo tren de apertura comercial echa humo en la vecindad. No ha llegado aún
Una década después, un segundo tren de apertura comercial echa humo en la vecindad. No ha llegado aún. Pero si pasa por Uruguay no hay que perderlo, como hicimos en 2006 cuando el primer gobierno de Tabaré Vázquez rechazó un tratado de libre comercio que nos ofrecía Estados Unidos. Actuó bajo presión ideológica de sectores del Frente Amplio y oposición de los socios mayores del Mercosur. Ambos obstáculos se han atenuado ahora por la necesidad de reactivar una economía estancada, imperativo que impone salir a buscar no solo inversiones sino también TLC bilaterales, por fuera del Mercosur.

Vázquez, el canciller Rodolfo Nin Novoa y el ministro de Economía, Danilo Astori, están resueltamente embarcados en este rumbo. Pero todo depende de que el guiño brasileño se traduzca en autorización a nuestro país a concertar TLC por su cuenta. Actualmente lo prohíbe la fatídica resolución 32 del bloque, que restringe ese tipo de acuerdos a que los haga todo el Mercosur en forma conjunta. La norma fue establecida por Brasil hace años bajo la presidencia de Fernando Henrique Cardoso, como lo recordó el expresidente Jorge Batlle en declaraciones a El ObservadorTV. Batlle señaló que será imposible que Uruguay negocie TLC bilaterales si la resolución no es derogada. Es el deseable camino formal, aunque también bastaría que Brasil y Argentina se abstuvieran de invocarla contra nuestro país.

Es posible que ocurra porque ambos socios principales del Mercosur, asediados por sus propias urgencias económicas, también quieren salir a buscar inversiones externas y acuerdos de expansión comercial. El nuevo presidente brasileño Michel Temer le dio a Vázquez señales en ese sentido, cuando se reunieron días atrás en Naciones Unidas. Si llega la concreción, Vázquez podrá sacar mejor provecho de sus próximas visitas a países de los cinco continentes en busca de inversores y TLC. En el panorama inmediato están acuerdos de ese tipo con Chile y China. Se les agrega el interés expresado por Gran Bretaña, como parte de su campaña de buscar nuevos socios comerciales para paliar el impacto negativo de su salida de la Unión Europea.

Sectores del Frente Amplio y el PIT-CNT cuestionan la conveniencia de esta eventual apertura uruguaya. Argumentan que el ingreso de bienes extranjeros eximidos de aranceles por un TLC puede perjudicar a industrias nacionales menos competitivas. Bajo estos tratados el riesgo es real, especialmente ante países como China y otros de Asia que tienen costos de producción muy inferiores a los de Uruguay. Pero este posible problema para algunos rubros es ampliamente compensado por las enormes ventajas de expansión exportadora e incremento inversor que aseguran los TLC. Basta mirar el caso de Chile. Con una política inalterada durante más de 20 años, desde la era Pinochet y bajo gobiernos de diferente signo político, se convirtió en la nación más desarrollada de América Latina gracias a los TLC que ha firmado con una veintena de países.

Los objetores seguirán levantando obstáculos en defensa de intereses sectoriales de segundo plano, así como también por las persistentes rémoras ideológicas que ayudan a mantener a Uruguay en el atraso. Pero si Brasil y Argentina nos dan vía libre, Vázquez y sus ministros principales tienen que correr a la estación con el boleto en la mano para el viaje del desarrollo.

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