Noche de despedida

En el medio de esas conversaciones de deseos, de limpieza, barro y diáspora, tomo unas cuantas cervezas y me reúno con las historias

Fuimos a despedir a unos amigos que por hache o por be dejaron de laburar en el diario. Siempre es una situación rara; actúa como un planteo de vida que es permanente en los periodistas pero que se acentúa cuando uno ve que algunos rompen esas cadenas prejuiciosas que nos atan a la labor. 

Y así surgen en tono de burla y de envidia las preguntas sobre cómo va el laburo de comunicación corporativa en esa gran empresa, que seguro tiene mejor café, mejores sueldos, paga horas extras y no te hace llevarte problemas a casa del laburo.

Hay otros más jugados que se meten en una tormenta de laburo por un desafío distinto, un entierro con adrenalina. Incuestionable: nada es más importante en la vida que desafiarse a sí mismo permanentemente.

Otros quieren irse de viaje porque allá afuera pasan cosas y en Uruguay las baldosas son, fueron y siempre serán cuadriculadas. Y porque en el ascensor siempre se va a hablar del clima, del precio del boleto y del partido de Peñarol o Nacional.

Entonces yo, en el medio de todos esos deseos de limpieza, barro y diáspora, me tomo unas cuantas cervezas y me reúno con todas esas historias; las de los que se quedan, las de los que se fueron y las de los que se quieren ir ya mismo.

En momentos como estos le tengo fe a los humanos. En todos los encuentros hay planteos razonables, cargados de pasión y de buenas intenciones. Me alejo de la mediocridad que critico permanentemente, del conformismo y del facilismo.

Y cuando veo que estoy por mamarme digo adiós. Me da ganas de ir pal boliche con los que sé que van a ir para el boliche. Quiero desarrollar mi punto de vista sobre la letra Banquet, de Bloc Party, con Kristel. Lo que yo interpreto que ellos quieren decir y lo que ella cree que ellos dicen. Después colgarme con Pablo sobre por qué hizo esa canción en tono andino, en una banda que es influenciada principalmente por algo más brit que otra cosa. O con el propio Pedro, sobre los equipos que pelean la Champions League. 

Pero la sensatez me golpea con más fuerza que la rebelión.

Y manejo con cuidado de que no haya canas, con cuidado porque hoy en día somos más conscientes que nuestros padres sobre el manejo. Y llego a mi casa. Y después de dejar dos o tres cosas en la cocina, reviso lo que más me importa en la vida. Felipe está durmiendo boca arriba con los brazos abiertos, rendido tras un día que lo llevó por la playa y la plaza y que tuvo el desafío de distinguir con su abuela cuál es una y cuál es la otra. Y que se rindió y le pidió que mejor se encargue ella de decir qué es qué.

Lucía duerme de costado. Está cansada y entregada al sueño. Le doy un beso sacudiéndola para hacerle saber que llegué, que la amo y que todavía no son la una. Me porté bien. Aunque podría haber llegado antes; pero la despedida fue divertida.

Antes de cerrar la puerta, prender a la computadora y escribir esto, miro atrás, la veo a ella y lo veo a él y me siento en paz. El pecho se me llena de mariposas y me siento por un instante en un estado de absoluta felicidad.

Guardo el archivo. Lo dejo para una releída antes de publicar y me pongo a laburar en mis 800 laburos más.

Vino blanco, música y que sea lo que Dios quiera.  


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