Noche con las estrellas

Se estrena La La Land: una historia de amor, favorita para los próximos premios Oscar
El director de cine Damian Chazelle es un amante empedernido del jazz. Lo demostró en su segunda película, Whiplash: música y obsesión, filme que obtuvo cinco nominaciones a los premios Oscar incluyendo el reconocimiento a la mejor película y ganó tres estatuillas.

Whiplash contaba la relación entre un joven baterista de jazz, interpretado por Miles Teller, y su estricto profesor, personificado por J.K. Simmons y quien recibió un premio de la Academia por esa labor. El filme abrió el camino para que Chazelle convenciera a los estudios LionsGate y a la productora Black Label Media de convertir a La La Land: una historia de amor, uno de sus proyectos más anhelados, en su tercera película como director.

El musical, protagonizado por Ryan Gosling y Emma Stone, es hoy una de las candidatas más firmes para ser nominada y hasta obtener el Oscar a Mejor película. Su recorrido por diferentes festivales –en donde suele recibir ovaciones de pie– y certámenes de cine es prueba de ello.

la la land

Influenciada por las películas del director francés de la Nueva Ola Jacques Demy, el filme narra el romance entre Sebastian (Gosling), un pianista que anhela ser dueño de su propio club de jazz, y Mia (Stone), una actriz aspirante que idolatra a estrellas de la Época Dorada de Hollywood como Ingrid Bergman.

Tan solo en Tráfico el número de apertura de La La Land en el que un centenar de personas se ponen a bailar y cantar sobre una aglomerada carretera, Chazelle es capaz de transmitir, con eficacia y encanto, su idea de fusionar la energía y estética de los musicales antiguos de Hollywood en un romance situado en el presente de Los Ángeles.

Aunque se toma algunas licencias poéticas (la casi ausencia de celulares en el filme es injustificable), Chazelle y el compositor Justin Hurwitz no presentan dificultad en seguir las reglas narrativas del musical, en las que los personajes se expresan a través de canciones y bailes diegéticos de los que entran y salen con total naturaleza.

Por su banda sonora, coreografías, locaciones y, sobre todo, las actuaciones de Gosling y Stone, es difícil que hasta el espectador menos incrédulo no se deje embelesar por el filme, que resulta una carta de amor doble dirigida a la música (específicamente al jazz) y al cine (particularmente al Hollywood más clásico).

Más allá del cautivante talento que rodea a ambos artistas, quienes bailan, cantan y hasta tocan el piano por su propia cuenta, hay que reafirmar que La La Land es un ejercicio sobresaliente de cine altamente disfrutable.

Mientras que el guion podría haberse tornado uno de los libretos más empalagosos del año, Chazelle no tiene tapujos en poner la relación entre Sebastian y Mia entre la espada y la pared cuando la situación lo amerita, una postura que cierra de forma excelsa con el final del filme.

"La La Land es una película muy diferente a Whiplash en muchas formas", explicó Chazelle en un comunicado publicado por la distribuidora local de La La Land. "En La La Land quería contar la historia utilizando música, canciones y baile. Me parece que el musical como género es un gran vehículo para expresar ese acto de equilibrio entre sueños y realidad", añadió.
Por ahora, tanto el público como la crítica han recibido con optimismo la visión del realizador. Queda por verse si la Academia, que rara vez suele resistirse a una obra que celebra los aspectos más brillantes del cine, se deja deslumbrar de la misma manera.

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