"Nos ponen a todos en zona roja"

Tras incidentes, vecinos sufren ausencia de transporte, falta de maestros y cierre de policlínicas
Por Lucía Núñez y Carolina Delisa

En la puerta de la escuela 350, en Casavalle, varios padres se reunieron desconcertados. "No entiendo por qué no hay clases. Si el lío no fue acá", comentó, enojada, Gloria Núñez, cuando se enteró de que las maestras de dos de sus tres hijos no habían ido a la escuela. "Es que nos ponen a todos en zona roja", respondió Daniela Denis, que se tuvo que volver a su casa con sus dos hijos. La imagen de los niños correteando al grito de "no viene la maestra" se repitió también en la escuela 319, ubicada en la misma zona y a solo tres cuadras de donde el viernes se había desatado la guerra.

Dentro de Marconi no hay escuelas públicas, por lo que los niños que viven allí tienen que asistir a clases en los barrios aledaños. Sin embargo, la Asociación de Maestros de Montevideo (Ademu) decidió que los docentes no trabajaran en esas escuelas a raíz de los enfrentamientos entre la Policía y un grupo de individuos que terminaron con un joven muerto, varios heridos, y ómnibus, autos y contenedores incendiados.

A las 13 horas del lunes, en el bulevar Aparicio Saravia había silencio. La aparente -e incómoda- paz del barrio cada tanto se contrarrestaba con el ladrido de los perros o con algún auto que pasaba. De repente, un joven se apareció por la calle Trápani disparando piedras con su onda. Cruzó la cuadra y siguió de largo. El silencio se volvió a instalar.

Una hoja escrita con marcador borroneado por el agua anunciaba que uno de los tres centros CAIF instalados en Marconi estaba cerrado. Los otros dos tampoco abrieron ayer. En la casa de al lado, en el mismo terreno, otro cartel indicaba que allí trabajaba un médico, pero no estaba. Una cuadra más lejos, sobre la calle Enrique Castro, en la policlínica Ruben Misurraco tampoco había movimiento, dado que los médicos no fueron a raíz de que uno de ellos, el doctor Eusebio, fue uno de los heridos en los enfrentamientos.

"Si cierra la policlínica mi trabajo se termina", comentó a El Observador Mariela, una vecina que se dedica a la venta de ropa nueva y usada frente al centro de salud. El lunes por la tarde estaba parada en la vereda de enfrente, esperando a otros vecinos que habían quedado en reunirse allí para decidir qué hacer ante la falta de servicios. Para ella, lo del viernes en Marconi no fue tan grave como lo que pasó en el barrio años antes. El peor episodio que recuerdan los vecinos fue en el verano de 2010, cuando mataron de un escopetazo a "El Maca", un delincuente de 16 años que se disputaba el poder con otra banda de narcotraficantes. Después le tocó a su hermano, "El Samanta", y en 2012, otro enfrentamiento terminó con la muerte de "El Bebe". Después de tanta sangre, esta es la primera vez que los vecinos se quedan sin servicios, aseguró Mariela a El Observador.

A raíz del incendio del ómnibus 405 -el único que atraviesa el barrio- se suspendió el transporte de pasajeros en esa zona. "La gente no puede ir a trabajar. Por eso no vienen las maestras", razonó Carla, otra mujer que también esperaba la llegada de más vecinos.

Sin policía

Solo una cosa resaltaba entre tanta quietud: un intenso patrullaje. Agentes de la Policía y de la Guardia Republicana circulaban permanentemente en motos, autos e incluso camionetas.

En lo que respecta a inseguridad y violencia, Marconi tiene antecedentes impactantes. Y aunque el gobierno asegura que las rapiñas bajaron un 60% gracias a mayor presencia policíaca, para los vecinos la situación es otra.

Aunque la vigilancia en la zona debería ser durante 24 horas, Mariela y Carla aseguraron que las patrullas circulan poco por algunas calles y trabajan solo hasta las 23 horas. En la noche, no hay rastro de autos ni motos.

La vigilancia policial en las calles que siguió a los incidentes del viernes tampoco complació a los vecinos porque, aseguran, ha terminado en atormentar al resto del barrio.

Esto le ocurrió a Carla que, de cinco veces que salió de su casa para hacer mandados, fue detenida en tres ocasiones.

Junto con ella, otras mujeres pasaron por lo mismo, mientras caminaban con sus hijos. Las ponían contra la pared, las revisaban y las interrogaban por unos 15 minutos. Para Mariela fue peor. Tuvo tres allanamientos en su casa y en dos casos su marido y su yerno quedaron detenidos. Dijo que la policía entraba buscando "armas, plata y droga", pero ella solo podía reírse y contestarles: "Sabés que acá no hay eso".

El juez que investiga los incidentes en Marconi, Ricardo Miguez, señaló a El Observador TV que las personas detenidas por el caso fueron liberadas por los "pocos elementos probatorios" que los involucraban con los hechos. De todos modos, señaló que pidió más pruebas para avanzar en la identificación de los responsables.

Estigmatización

El lunes fue un día atípico para las organizaciones sociales que trabajan en el barrio desde hace varios años. El miedo a que se desarrolle un nuevo incidente de violencia y el anuncio del gremio docente de no dictar clases hizo que tanto la Escuela de Oficios Don Bosco como el Colegio Obra Banneux, única escuela en Marconi, vieran reducido su número de alumnos. En la Escuela de Oficios, de 200 alumnos apenas asistieron 65, contó a El Observador el padre Alfredo Bachini, director de la institución.

Si bien el "miedo es constante" y "se vive una inseguridad muy grande desde hace tiempo", ambas organizaciones continúan trabajando en la zona con "la convicción de que se puede hacer algo con ellos". Sin emabrgo, Bachini admitió que la tarea es difícil cuando la seguridad no está garantizada ni para alumnos ni para educadores. "Es difícil decir de quién es la culpa. No hay que sesgar al barrio entre los malos o buenos. Tampoco que quede sellado como el barrio de los chorros (...) Acá encuentran valores, se sienten queridos y seguros. Somos como una frontera", concluyó.

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