Deportes - NUEVO DEPORTE
Rugby con un disco y sin golpes
El ultimate es un deporte que se practica en Uruguay desde hace solo 2 años
El ultimate o ultimate frisbee es una suerte de rugby con un disco volador en lugar de una pelota ovalada. Surgió en la década de los 70 en Estados Unidos, pero en Uruguay lo juegan unas pocas decenas de personas.
En 2009, Carlos Chiale conoció a Braden Mogler, un estudiante estadounidense que vivió unos meses en Uruguay durante un intercambio estudiantil. Una tarde a fines de ese año, Braden lo invitó a practicar un deporte desconocido: el ultimate. Le gustó y siguió jugando, al igual que su hermano menor. Al tiempo, el extranjero regresó a su país y les dejó un disco de regalo.
“Me motivó porque era un deporte nuevo, distinto. Por el espíritu de juego y la buena onda. Fue un desafío personal, porque acá no se jugaba, entonces había que juntar gente”, afirmó Carlos, de 21 años.
“Empezamos siendo mis amigos y los amigos de mi hermano”, continuó. Ahora son 20 o 30 que se juntan todos los sábados a las 16 horas en una cancha del Centro Juvenil Salesiano, en Sayago.
Práctica sabatina
La tarde sabatina era fría y la cancha estaba embarrada por la lluvia del día anterior. De todas formas, 13 jóvenes de ambos sexos dieron inicio a una nueva jornada de entrenamiento.
Lo primero es ensayar el lanzamiento; lo primero del entrenamiento y lo primero que aprende cada nuevo jugador. Hay que saber lanzar, que el disco vaya paralelo y no muy alto. Y saber atraparlo. “¡Cocodrilo! ¡Cocodrilo!”, se escuchó cuando una jugadora no logra retenerlo.
“Cocodrilo”, a diferencia de casi todas las expresiones del ultimate, no es vocabulario en inglés. “Cocodrilo”, dijo y ejemplificó Carlos imitando con sus brazos el movimiento de agarre de la mandíbula del conocido reptil y parte de una coreografía de Los Fatales. Con las dos manos es la forma más segura de atrapar el disco, agregó el joven.
Después, practicaron unos movimientos para convertir puntos. Una triangulación que culminó con uno de los deportistas corriendo e intentando capturar el disco en una zona de anotación supuestamente rival.
En el grupo hay dos extranjeros: un estadounidense y un japonés. El ultimate es nuevo en Uruguay, pero en otros países no tanto. Sin embargo, los “ultimateros” uruguayos ya han competido en torneos de Argentina, vestidos de celeste y con el nombre Cimarrón.
Casi una hora después de iniciado el entrenamiento, llegó el partido. Lo correcto es jugar siete contra siete, pero en esa oportunidad eran seis de cada lado.
Al igual que en la práctica, durante el encuentro reinó el buen ambiente y la camaradería, y es que este deporte se basa en ello. Según establece el reglamento de la Federación Mundial de Disco Volador, “el ultimate descansa sobre el espíritu de juego, que pone la responsabilidad del juego limpio y justo sobre cada jugador. Se cree que ningún jugador incumplirá las reglas intencionalmente, por lo cual no hay penalidades severas a las infracciones”.
La honestidad y el respeto están antes que nada, lo que se cristaliza en el hecho de que no haya árbitros y cobren los propios jugadores. Si hay distintas opiniones, se discute hasta llegar a un acuerdo.
El espíritu de juego también se hace presente cuando uno de los participantes detiene el partido para agregar una nueva regla. Esa mañana, las mujeres no estaban recibiendo mucho el disco, así que se decide que, para que el punto valga, el disco tiene que pasar por una de ellas. Minutos después, un jugador anotó, pero enseguida se escuchó: “¡No valió! ¡A menos que te pongas peluca y te pintes los labios!”.
Cuando el disco vuela, varios vociferan: “¡Up! ¡Up!” (“¡Arriba! ¡Arriba!”). Es el grito con el que los jugadores del equipo que defiende se avisan que el disco está volando.
Para jugar
“Lo que más cuesta es el disco”, explicó Carlos. En sí vale US$ 7, pero en Estados Unidos. En Uruguay no se vende y por el envío les termina saliendo US$ 10. Para este juego, el disco volador debe pesar 175 gramos.
El resto de la infraestructura del ultimate es simple: una cancha. Si mide 100 metros de largo por 37 de ancho, mejor porque es lo correcto, pero por ahora es a ojo y delimitada con unos pequeños conos fosforescentes.
La tarde avanzaba junto con el partido. “Uno, dos, tres, cuatro”. El que marca cuenta en voz alta. El que tiene el disco pivotea sobre un pie buscando el pase. Si se mueve, pierde la posesión, y si pasan diez segundos y no lo lanza, también. Pero, si lo tocan, es infracción.
El siguiente sábado el objetivo será el mismo: correr, atrapar el disco, divertirse y lograr que cada vez haya más ultimateros en el país. Sin embargo, la cita cambiará de lugar, pues el fin de semana del 13 y 14 de agosto se disputará el Charrúa 2011: segundo torneo que se organiza en Uruguay.
Este año hay más de 50 inscriptos, de los cuales apenas 19 son uruguayos. Los demás son de Brasil, Colombia, Japón, Nueva Zelanda, Australia, Perú, Estados Unidos y Francia.
Tanto el sábado 13 como el domingo 14 el disco estará volando desde las 9 de la mañana y hasta caer la tarde en el Complejo Deportivo del Ejército, en Bulevar Artigas y Colorado. La invitación es abierta a todo aquel que quiera ver este novedoso deporte, especialmente en la tarde del sábado, cuando se estará jugando un partido exhibición.




Envíala por email
Más Opciones
Imprímela
Las caras del fútbol fueron más vistas esta semana