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La noche en que Luisito fue... ¡Suárez!
El delantero anotó los cuatro goles que le dieron el triunfo a Uruguay ante Chile y los celestes siguen primeros tras tres fechas del clasificatorio
Hay cosas que el paso del tiempo no puede modificar. Chile probó de todas las formas posibles. Con técnicos que recomendaron a sus jugadores golpear. Con otros que pretendieron gritar en el túnel. Con el Pelado Acosta a pura fibra. Con el Loco Bielsa. Y ahora apostando al fútbol. Pero acá manda Uruguay. La historia es clarita y deberán seguir esperando para romperla. Nunca tuvieron tantas ventajas como en esta oportunidad. Las bajas padecidas por Uruguay no eran menores. Pero esta selección cuenta hoy con un entrenador que conoce el negocio y armó un plantel apostando a un modelo de jugador. Entonces, falta uno, entra otro. Y la idea no se resiente.
Es verdad. Los uruguayos tenemos esa tendencia al dramatismo. Fuimos dependientes de tantos y tantos jugadores que cuando faltaban se generaba poco menos que un dilema nacional. Pero cuando el primer día de entrenamiento el técnico se para y dice “basta de fatalismo”, el drama pasa a un segundo plano.
Acá hay cosas bien aprendidas. De esas que se fueron transmitiendo desde el principio. Este Uruguay que la gente disfruta no es producto de la casualidad. No es una generación. Es consecuencia de una tarea pensada, diseñada, elaborada y llevada adelante. No es una golondrina. Es trabajo.
Y hay detalles que marcan ese trabajo y que el común denominador de la gente que no tiene la posibilidad de conocer. Mire, aquellos que tuvieron la fortuna de presenciar los primeros entrenamientos de Tabárez en la selección supieron comprender la importancia que brindaba a su mensaje. Con una pelota en la mano y la otra en movimiento, el entrenador marcaba las pautas sobre la forma de presionar al rival en el campo de juego.
Sus jugadores, aquellos que iniciaron esta historia en 2006 y los que se fueron sumando, dejaron en claro el viernes que tienen bien aprendida la lección. El equipo se dispuso con Suárez y Cavani en primera línea y Gastón Ramírez con el Ruso Pérez en un segundo escalón. Y desde ahí comenzó a cimentar su triunfo. Con la presión para robar en campo rival.
Es que, después de una acción individual de Suárez donde el golero Bravo adivinó su intención cuando tenía a Cavani por el medio, el equipo generó siempre producto del aprovechamiento de esa arma.
A los 11 el Ruso, abanderado por excelencia en este tema, robó una pelota en tres cuartos y puso a correr a Suárez que asistió a Cavani pero el mano a mano lo volvió a salvar el uno chileno.
Uruguay se mostró levemente superior pese a que Gastón Ramírez apareció en cuenta gotas en su tarea de gestación de juego. A su favor se debe hacer notar que se mostró sumamente concentrado en la tarea de cubrir espacios. Fue ordenado. Pero desde el punto de vista futbolístico mostró poco en ese primer tiempo.
Estaba claro que en algún momento Chile tenía que salir. Y la más clara la tuvo cuando Suazo metió una pelota punzante para Vargas. Era gol, pero lo evitó Muslera tapando con un pie.
Acaso fue la única acción de campo clara de un equipo chileno que en el fondo es una invitación al ataque. No se explica cómo sigue jugando Waldo Ponce. En la Copa América pasada Suárez se hizo un picnic y anoche lo volvió a desbordar cada vez que lo encaró. El delantero que juegue contra Ponce debe tener claro que siempre, pero siempre, le regalará una pelota.
A los 16, Luis lo encaró, lo dejó parado como un poste, enganchó ante otro rival y sacó un remate bajo y cruzado que se perdió apenas afuera. Enseguida dispuso de un tiro libre pero el travesaño le negó el gol. A esa altura el delantero de Liverpool se había tornado insoportable para la defensa roja. Faltaba el regalito de Ponce. Llegó a los 25, cuando salió mal, se la dejó en los pies a Suárez que puso de cara al gol a Cavani pero el delantero definió mal.
Un solo equipo en cancha. A esa altura cinco situaciones de gol ante un Chile tibio, de mucho toqueteo intrascendente. Uruguay imponía su jerarquía. En el fondo, al margen de alguna distracción en dos jugadas de pelota quieta, ganaron siempre. Los del medio dominaron. Y acá hay que detenerse en Arévalo Ríos y Diego Pérez. El primero es el termómetro del medio. Es el balance y la rueda de auxilio. El segundo, el abanderado de la presión. Se podrá decir que a veces se equivoca en alguna entrega, pero hay que mirar el resto.
Con este panorama y luego de sendos cabezazos de Lugano y Godín, lo único que restaba era esperar era el gol. Se hizo desear. Pero llegó con la lección impartida en 2006. Minuto 41, presión de Arévalo, robo y toque a Suárez que se abrió camino por el medio y sacó un remate bajo y esquinado. Imposible para el golero. Uruguay 1 a 0.
El segundo cayó cuatro minutos después. Bravo salió a cortar un centro, la perdió, le quedó a Cavani que buscó por arriba, salvó a medias Contreras y Suárez la vio regalada y se mandó como una topadora a llevarse todo por delante y terminó metiendo a Chile adentro del arco. Uruguay 2 a 0.
En el segundo tiempo el equipo uruguayo bajó la intensidad. Dejó la sensación de que esperaba que Chile fuera a buscar para contar con espacios. Tabárez se percató de la merma y ordenó cambios. Sacó a Ramírez y mandó al Loco Abreu. Y luego que se acomodaron las piezas y recuperaron la pelota que se la habían regalado a Chile, el equipo fue incontrolable. El partido fue un disfrute para la gente y un padecimiento para los chilenos que se llevaron un baile del Centenario.
Luis Suárez dejó en claro los motivos que lo llevan a pelear la condición de mejor jugador del mundo. Marcó dos goles más de una factura técnica impresionante. El primero, aprovechando otra vez el arma de la presión cuando el Ruso robó, cedió a Cáceres y su centro fue conectado por Suárez con un cabezazo fulminante. El segundo, a la carrera con un zapatazo esquinado e inatajable.
Al margen de las bajas y el drama que se había instalado, Uruguay volvió a hacer respetar la historia y Luisito se transformó en ¡Suárez! El equipo cierra un año memorable. Campeón de la Copa América. Cuarto en el mundo. Y, por primera vez desde que se instauró este sistema de eliminatoria, puntero de la tabla. Parece un sueño, pero es real.




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