Seisgrados - EDITORIAL
Las lecciones que deberíamos aprender sobre el deporte
A nueve meses de los Juegos Olímpicos de Londres, qué se puede esperar de Uruguay? ¿Un cuadro de fútbol y algunos otros desprotegidos deportistas?
Hace pocas semanas se llevaron a cabo los Juegos Panamericanos. En Uruguay tuvieron poca repercusión, seguramente porque una vez más nuestro país fue a una competencia internacional dejando al desnudo todas sus deficiencias organizacionales en cuanto al deporte, sobre todo en este tipo de competencias.
El fútbol es el deporte más popular en Uruguay y en términos generales en todo el mundo. Si es popular quiere decir que hay una masa crítica de público que lo sigue. Ese pequeño gran detalle lo hace interesante para los sponsors. El común denominador en casi todos los deportes es la competencia, el querer superarse y ganar. Cada individuo o equipo, en el deporte que sea, quiere ser lo más competitivo posible. La forma de serlo es dedicarse, entrenar, dejar preocupaciones, distracciones de lado y poder concentrar tiempo, mente y cuerpo en una preparación que hará al deportista más competitivo. En el interés del deportista por entrenarse y en el de los sponsors por estar presentes en eventos que captan la atención de las masas, es donde se da el punto de interés común. El sponsor encuentra un medio ideal para promocionar sus productos y servicios y el deportista alguien que esté dispuesto a pagar por su dedicación.
En deportes como el fútbol se ha montado una industria de tal magnitud que esto es fácil de entender. El sponsor no solo ve un “medio de comunicación” en el deportista o su equipo, lo ve en la amplificación que tienen sus actividades en medios de comunicación masiva tales como la televisión, diarios, internet, radio, revistas, etcétera. El problema es con los deportes más chicos, no son tan populares, no tienen tantos seguidores, entonces los medios no se preocupan por transmitirlos o amplificarlos, de modo que no son atractivos para los sponsors. Entonces, ¿por qué invertir dinero en algo que no van a ver mis consumidores? Yo tengo mi argumento de porqué.
El ciclismo no es el deporte más popular de todos, pero seguramente la medalla de plata de Wynants en los Juegos Olímpicos de 2002 fue uno de los eventos deportivos más comentados de los últimos años en Uruguay, y la frase que gritó un uruguayo en la ceremonia de premiación “Uruguay pa’ todo el mundo” una marca registrada que se repitió en cada acto heroico de un deportista uruguayo en el mundo. Seguro hubiese sido un gran negocio en términos de comunicación para un sponsor si hubiese apostado a ese deportista, pero claro, con el diario del lunes es fácil decir esto. Lo que está claro es que lo de Wynants fue mérito suyo y de nadie más.
Él se sacrificó y logró el éxito. Pero todos los uruguayos nos subimos al éxito, todos festejamos esa medalla. Ese día pensé que íbamos a aprender la lección. Pero a los pocos meses, cuando Wynants entrenaba solo de noche en la ruta de Paysandú y un ómnibus lo chocó, entendí que no habíamos aprendido nada.
El deporte no solo es importante para que empresas comuniquen sus productos y servicios, el deporte puede unir países. No estoy loco, Nelson Mandela utilizó la copa mundial de rugby de 1995 para unir a Sudáfrica cuando parecía imposible que boers y negros lograran dejar de lado décadas de apartheid (el libro El Factor Humano de John Carlin es un buen ensayo sobre ese período, si no quieren leer, la película Invictus de Clint Eastwood es un buen resumen de ese libro). Pero no todo termina ahí. Los países han usado el deporte hasta como estrategia de posicionamiento en el mapa geopolítico mundial. Cuba casi no figura en ningún deporte colectivo mundial, sin embargo parece ser una potencia deportiva, alcanza con mirar sus medalleros en la historia de los Juegos Olímpicos.
Esto solo tiene una explicación: dedicación. La lucha en los JJOO entre la Unión Soviética y Estados Unidos servía como una extensión de la guerra fría, y hasta el día de hoy parece como una resaca de aquel viejo conflicto. No digo que puntualmente esto esté bien o mal, simplemente quiero ilustrar uno de los extremos del poder que tiene el deporte, inclusive para la política de un país, para el estado de ánimo de su pueblo, para el orgullo y hasta para crear una marca país.
En Uruguay, es aún más inexplicable que todo deporte que no sea fútbol ocupe un lugar tan ínfimo en la política general del país. ¿Cuánto dinero se invierte en cientos de acciones, subvenciones, etcétera? Decenas de millones de dólares. ¿Cuánto costaría crear un verdadero plan de alto rendimiento para deportes olímpicos? Apenas unos millones. ¿Y cuál es el beneficio? Lo acabo de explicar.
Estamos a nueve meses de los Juegos Olímpicos de Londres, nada parece indicar que vayamos a ir mucho mejor preparados. Estaremos un poco más contentos porque en el desfile inaugural habrá 30 integrantes del plantel de fútbol desfilando con nuestros colores. Si hay un Wynants, será mérito de él, y nos debería dar cierta vergüenza subirnos a ese éxito. Ojalá algún día exista en Uruguay un plan que apoye a los que sacrifican horas de familia, descanso y amigos, para que ellos tengan la posibilidad de dedicarse a lo que realmente aman y nosotros ciudadanos podamos festejar medallas y ser felices y sentirnos orgullosos y grandes, como nos sentimos después de la final de la copa América. Luis Ara




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