Opinión - Editorial
Reencauce de la inflación
Las presiones que se acumulan este año crean incertidumbre sobre el éxito del pertinente empeño oficial en bajar la inflación
Las presiones que se acumulan este año crean incertidumbre sobre el éxito del pertinente empeño oficial en bajar la inflación. La sorpresiva suba de la tasa de interés de referencia de 8% a 8,75%, anunciada por el Banco Central, la ataca en tres frentes, pero este enemigo peligroso amenaza colarse por otros muchos flancos. El aumento de la tasa de interés está dirigido, por un lado, a encarecer y desalentar el crédito como forma de reducir la demanda consumidora, motor de la suba de precios. Por otro, mejora el rendimiento de los títulos públicos en pesos, lo que debe actuar como incentivo para que los inversores se vuelquen de dólares a moneda nacional. El efecto es incrementar la oferta de dólares, lo que impulsa la divisa a la baja y reduce el costo en pesos de rubros de consumo expresados en dólares. La decisión del BCU actúa además como fuerte señal al mercado de una política monetaria más restrictiva para tratar de reencauzar la inflación hacia el tope oficial del 6%, hoy superado en más de dos puntos.
Pero el impacto antiinflacionario no solo todavía es imponderable sino que enfrenta riesgosas realidades tangibles. Los aumentos salariales públicos y privados y de pasividades a partir de enero fortalecen el ya incrementado ingreso de los hogares y tienden a acrecentar el consumo interno, dada la escasa tendencia de los uruguayos al ahorro. Si se mantiene el ritmo de inversión, especialmente de origen externo, se agudiza la presión inflacionaria. Incide también decisivamente en este panorama poco alentador el excesivo gasto público previsto en el presupuesto. Y no puede dejarse de lado el costo de optar por la lucha contra la inflación en detrimento de la competitividad del país. El previsible debilitamiento del dólar para abatir precios internos conlleva la contrapartida de reducir la capacidad de competencia de nuestras exportaciones, desde el turismo a los rubros de producción agropecuaria.
Hay caminos arduos pero claramente definidos que el gobierno puede tomar, como complemento de las acciones en política monetaria, para enfriar la demanda interna y desactivar algo el consecuente riesgo inflacionario. Uno es controlar severamente el gasto público, restringiendo la ejecución presupuestal en las áreas donde es posible. Incluyen las desaprovechadas partidas asignadas a la ineficiente educación pública y algunos programas sociales de subsidios que han demostrado ser un gasto improductivo porque alientan la holganza y el trabajo informal. Menos gasto permitirá también mesura en las tarifas públicas al reducir necesidades gubernamentales de financiamiento. Y el gobierno debe imponer límites severos en las negociaciones salariales de este año en los sectores público y privado.
Al anunciar la suba de la tasa de interés, el Banco Central enfatizó la necesidad de actuar con "prudencia" y con "responsabilidad". Es un llamado que el gobierno no puede ignorar, pese a las protestas sindicales que con seguridad generará una política más restrictiva. Uruguay está lejos del desempleo y el derrumbe de ingresos que asuelan a la Unión Europea y Estados Unidos. Pero es igualmente aconsejable una pizca de austeridad y control monetario si se quiere asegurar la derrota del empuje inflacionario.




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