Estilo - GASTRONOMÍA
Cuando el sabor se prepara entre rejas
Presas de Texas publican un libro de cocina titulado "From The Big House to Your House", una colección de 200 recetas
Quizá estas mujeres no tienen horno, heladera, cuchillos, ni siquiera la posibilidad de hervir agua, pero tienen mucho tiempo disponible. De hecho tienen décadas e ingredientes poco convencionales que sumados al deseo de cocinar, a pesar de las dificultades, las han llevado a publicar un libro de cocina extraordinario: From The Big House to Your House, una colección de 200 recetas compilada por seis presas de Texas.
Las autoras cumplen sentencias de al menos 50 años en la Unidad de Mountain View del Departamento de Justicia Penal de Texas por homicidios, excepto una. El antojo por la comida que disfrutaban cuando estaban fuera las hizo ser creativas tras las rejas. Descubrieron que una bolsa vacía de papas fritas sirve para preparar alimentos en una olla eléctrica, la única fuente de calor que tienen para cocinar. Identificaciones plásticas, similares a las tarjetas de crédito, pueden servir como cuchillos.
El libro manifiesta algo que se ha manejado desde hace años: el placer de cocinar tras las rejas, donde generaciones de amantes de la cocina han combinado mezclas legales e ilegales en platillos que a veces son un fracaso y a veces un verdadero éxito.
La realidad de la cocina en las prisiones es bastante distinta de la imagen de Buenos muchachos, la película de 1990 en la que aparecen unos mafiosos rebanando delicadamente un diente de ajo con una hoja de afeitar mientras preparan una cena italiana tipo gourmet.
Los presos suelen ser creativos en la “cocina”. Se ha sabido de casos en los que viejos platos de metal se convierten en sartenes que se calientan en tazas de baño llenas de papel higiénico quemándose o de la transformación de los tubos de la pasta de dientes en cucharas y de frutas en “vino de la casa”.
En 2009, un preso de Washington intentó calentar salchichas en el retrete de acero inoxidable de su celda, pero no salió como lo planeaba. El humo del horno improvisado entró por una ventilación del drenaje y las autoridades evacuaron a los internos pues pensaron que se trataba de un incendio. El prisionero pasó a ser apodado “El Chef WC”.
Las mujeres tejanas, que de acuerdo con las leyes tienen prohibido lucrar con alguna empresa cuando están tras las rejas y donarán las ganancias de su libro a su editorial, solo tienen su “olla”, una olla eléctrica parecida a las de café que calienta agua pero no la llega a hervir, pues el agua hirviendo se puede convertir en un arma.
Los ingredientes también están limitados a lo que se puede comprar en la prisión, es decir que no hay leche verdadera (solo en polvo) o manteca, tampoco la mayoría de los sazonadores. ¿Ajo? Ellas lo obtienen de tabletas de vitaminas con ajo.
“Parece grotesco”, dijo Celeste Johnson, de 49 años, una de las autoras del libro. “Pero funciona y se sorprenderían”.
No todas las recetas que realizaron las mujeres de Texas fueron un éxito. Ceyma Bina, una de las coautoras que ha cumplido seis años de una condena de 50 por un homicidio en Houston, puso cara de asco cuando describió cómo hicieron ravioles con fideos y salsa.
Las autoras de From The Big House to Your House dicen que los lectores “disfrutarán la libertad que existe en crear un confort hogareño en los tiempos difíciles”.




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