Agro - Luis Giménez, investigador en ecofisiología
“Regar en Uruguay es relativamente caro”
“Buscamos diseñar la mejor estrategia de riego en función de los costos locales”
Resulta anecdótico que por exceso de lluvias tuvieran que suspender una jornada sobre riego.
Sucedió que llovieron 252 milímetros en Paysandú en un lapso de tres días, lo que impidió visitar los experimentos en el predio donde se cumple el Proyecto FPTA 261 que, con la colaboración de fondos del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria, se realiza en el campo de la Estación Experimental Mario A. Cassinoni (Eemac) de la Facultad de Agronomía en Paysandú. Además, como se anunciaban lluvias para los próximos días, se resolvió la suspensión definitiva de esa jornada.
¿De qué se trata el experimento?
Este proyecto que comenzó en 2009 tiene tres objetivos básicos. El primero fue tratar de cuantificar las pérdidas que se producen en los cultivos por deficiencias hídricas; no las que se producen en fases Niña, que son severas, sino las deficiencias normales que se producen en verano. Son las que ocurren en los meses de diciembre, enero y febrero, con balances hídricos negativos. Eso quiere decir que el consumo de los cultivos es inferior al potencial por dos o tres razones. Primero porque la capacidad de almacenamiento disponible de los suelos es relativamente escasa en relación al consumo. Solamente puede almacenar un 30% del consumo que requieren los cultivos. Por lo tanto, se requieren precipitaciones importantes para llegar a abastecer el consumo normal de un cultivo agrícola de verano, como maíz, soja y sorgo.
¿Cuáles son los objetivos del proyecto?
Trata de medir cuánto se pierde en cada una de las etapas de los cultivos cuando existen deficiencias hídricas, no vinculado a una fecha determinada, sino al estado fenológico de las plantaciones. Por lo tanto, provocamos una deficiencia hídrica durante el estado vegetativo, también durante los estados reproductivos (cuando se producen períodos críticos de determinación de los rendimientos) y también en la etapa de llenado del grano.
¿Cómo se provocan esas situaciones de déficit hídrico?
Las provocamos a través de una metodología experimental que fue innovadora en América Latina, que son simuladores de sequía. Son determinadas estructuras construidas en hierro y lonas de camión que colocamos en las parcelas de cultivos inmediatamente antes de cada evento de precipitación y las sacamos inmediatamente después de ocurridas las lluvias. De esa manera provocamos las deficiencias hídricas vinculadas al estado fenológico de las plantas. Por ejemplo, tenemos un tratamiento que durante la etapa vegetativa del cultivo tiene deficiencias hídricas, mientras que en el resto del ciclo regamos el cultivo. Esto nos permite medir cuánto se pierde por deficiencias hídricas en la etapa vegetativa del cultivo. Además, con un tubo enterrado en la parcela a un metro de profundidad medimos la humedad del suelo. La medimos desde el momento de la emergencia hasta la cosecha, lo que nos permite establecer cuánto se pierde en los rendimientos en las diferentes etapas del cultivo.
¿Cuál es el segundo objetivo?
Es más de tipo académico. Busca determinar el rendimiento potencial de los cultivos de verano en Uruguay. El país no tiene información de cuál es el techo ecológico para producir (en nuestras condiciones) cultivos de verano, que en la última década han sido los de mayor importancia económica en el país, incluso superando el año pasado a las exportaciones de carnes. En ese marco, se estudian las cosas que podemos variar del suelo, como la nutrición de los cultivos, la fertilización nitrogenada y el agua.
¿Y el tercer objetivo del estudio?
Trata de definir la estrategia de riego en los diferentes cultivos. En los países áridos y semiáridos riegan durante todo el ciclo del cultivo, pero en nuestras condiciones ese sistema no es lo más conveniente para los tres cultivos de verano desde la emergencia hasta la cosecha. En Uruguay tenemos especies que son muy diferentes fisiológicamente, por lo tanto es factible que la respuesta del riego sea distinta. Otra razón por la cual estamos estudiando estrategias de riego es porque regar en el Uruguay es relativamente caro. Hay que hacer inversiones en las fuentes de agua y también hay que pagar los costos de producción, como energía eléctrica o combustibles fósiles para bombear el agua desde la fuente hasta los cultivos. Esos costos, que son caros , se ubican entre US$ 0,5 y US$ 2 por milímetro de agua. Por lo tanto, si podemos generar estrategias diferentes para los cultivos, que se puedan ajustar a los precios del grano, puede ser una buena información para utilizar racionalmente el agua de riego. Queremos determinar cuáles serían las ganancias del riego en Uruguay, considerando que las pérdidas son muy importantes por el déficit hídrico. Por ejemplo, en maíz se pierde más del 50% del potencial (7.000 kilos) por una deficiencia hídrica de 28 a 30 días. Por lo tanto, buscamos diseñar la mejor estrategia de riego en función de los costos locales.
La ficha
Luis Giménez es el responsable del proyecto "Respuesta física y económica al riego en cultivos y pasturas" de la EEMAC (Facultad de Agronomía). Tiene 52 años, está casado y tiene tres hijos. Es ingeniero agrónomo e hincha de Peñarol en fútbol y de Defensor en básquetbol.




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