Nacional - ASAMBLEA ANUAL DEL BID
El prestamista bueno
Aliado histórico de Uruguay, el organismo es la primera fuente de financiamiento de la región
Antes de hablar del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) –que en estos días celebra la reunión anual de gobernadores en Montevideo– la primera recomendación de los entendidos es liberarse de las cargas ideológicas. “Como la sede central está en Washington se generó la imagen distorsionada de que el BID había sido un invento del imperialismo de EEUU, pero nació como una idea latinoamericana”, señala Isabel Clemente, profesora del Programa de Estudios Internacionales de la Facultad de Ciencias Sociales de la Udelar. El BID es la principal fuente de financiamiento multilateral para el desarrollo económico, social e institucional, en América Latina y el Caribe, para proyectos en sectores que van desde el saneamiento, la reforma del Estado, el transporte y la educación, principalmente del sector público pero también del privado.
Otra de las primeras lecciones para comprender el BID es diferenciarlo de los organismos multilaterales de crédito con los que suele ser comparado: el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM). “Son instituciones con objetivos totalmente diferentes”, destaca Carlos Sténeri, ex director en Washington de la Unidad de Gestión de Deuda del Ministerio de Economía. “El FMI tiene como objetivo ayudar a resolver los problemas de balanza de pago de los países y el BM tiene una óptica global. El BID, en cambio, es un banco destinado a proyectos de América Latina. El FMI es como una especie de cuartel de bomberos: algunos incendios los puede apagar a tiempo; a veces cuando lo hace destroza otras cosas. Este no es el cometido del BID, aunque fue un prestamista que ayudó a combatir la crisis”.
Otra diferencia sustantiva entre el BID y el FMI, explica el coordinador de la licenciatura en Desarrollo de la Udelar, Reto Bertoni, es que mientras el FMI genera programas a partir de los cuales los países deben ajustar los proyectos a realizar, en el caso del BID son los propios proyectos el punto de partida de los que surge el financiamiento.
La idea de la creación del BID se remonta a la Primera Conferencia Panamericana de 1890, pero fue recién en 1959 que el organismo nació, de la mano de EEUU y 19 países latinoamericanos, entre ellos Uruguay. En la actualidad el banco está conformado por 26 países no prestatarios, que poseen el 50,02% del poder de voto en el directorio de la institución, y 22 prestatarios, que no reciben créditos pero se benefician de los procesos de adquisiciones y contrataciones del organismo. Entre ellos se encuentra EEUU, que posee el 30% de la capacidad de sufragio.
“La forma en que el BID se organiza y toma decisiones puede representar una amenaza, porque puede estar influido por intereses de fuera de la región”, señala Bertoni. El que los países extra zona conformen el 49,98% del poder de voto, indican los expertos, se debe a que, como en todos los bancos del mundo, los accionistas tienen el poder que les confiere el capital que han aportado. “Ahí juega mucho la capacidad y el liderazgo del presidente de turno –sostiene Clemente–. Nosotros estuvimos favorecidos durante mucho tiempo por la habilidad de liderazgo y negociadora de Enrique Iglesias”.
En este sentido, Uruguay siempre ha tenido una excelente relación con el BID, su principal acreedor multilateral, especialmente desde la presidencia de Iglesias de 1988 a 2005. En la actualidad, con el colombiano Luis Alberto Moreno al frente del organismo, el vínculo continúa por un buen sendero. De hecho, la financiación estipulada para Uruguay en 2011-2015 será la mayor en la historia del país:
US$ 1.797 millones. “Cuando se produjo la vacante en la presidencia había un candidato propuesto por Brasil y Moreno. Uruguay, pese a estar en el Mercosur, votó por el colombiano, lo que marca la buena sintonía del gobierno con el presidente del BID”, señala Clemente.
Por otra parte, los préstamos otorgados por este banco son muy beneficiosos para los países que los toman, debido a que son baratos en costos, tienen plazos más largos y en muchos casos vienen acompañados con asistencia técnica, como es el caso del Plan de Saneamiento de Montevideo. El que la mayoría de los créditos tengan como destino a la capital, indica Bertoni, se relaciona con la propia iniciativa de las intendencias y no con un sesgo del BID.
Proyectos y responsabilidades
Otro aspecto que ha generado polémica es el referente al tipo de planes que este organismo financia. “Su impacto social tiene mucho más que ver con el proyecto que con quien los financió”, señala Bertoni. “Hay que analizar la debilidad de nuestras sociedades de ser propositivos. Estamos más esperando a ver qué programa abre el BID para alinearnos que en ser proactivos”. En consonancia con uno de los objetivos primordiales del organismo, que es la erradicación de la pobreza y la desigualdad, el banco beneficia más a proyectos asistencialistas que a los que permitan la superación de estos males, indica Bertoni, aunque esta tendencia estaría revirtiéndose. Sin embargo, dice, muchas veces son los mismos países quienes priorizan los programas. “Para los políticos es fundamental generar hechos focalizados y de corto plazo que puedan poner en la campaña electoral como realizaciones”, estipula.
Otra de las críticas vertidas es por el impacto ecológico de algunos de los planes financiados por el BID. “Si un gobierno nacional promueve un proyecto y dice que hizo todos los estudios de impacto ambiental, no podemos pretender que el BID sea más realista que el rey”, señala Bertoni.
En el caso uruguayo, los expertos consultados valoran positivamente los proyectos financiados por el organismo, a excepción del relativo a la reforma educativa. “Esto ha levantado protestas no solo en Uruguay sino en otros países latinoamericanos, porque el financiamiento de estos planes implicaba una visión de la educación como promotora del desarrollo. Y evidentemente la educación puede contribuir, pero esa no es su meta principal”, explica Clemente.
En cuanto a los objetivos del BID, un aspecto positivo ha sido que entre 2002 y 2011 el número de pobres bajó de 225 millones a 174 millones, según la Cepal. Sin embargo, sostiene Bertoni, el continente está lejos de haber reducido la desigualdad y de haber generado un desarrollo sostenible: “Lo que ha caracterizado el crecimiento de la región en los últimos tiempos ha sido la explotación de los recursos naturales. No hay indicios de que la estructura productiva de estos países haya cambiado. Y esto depende mucho de una coyuntura internacional favorable, que en el corto o mediano plazo se va a terminar”.
US$ 1.797 millones es la financiación estipulada para Uruguay en 2011-2015. Será el mayor crédito otorgado por el BID al país.
El rescate de Haití
El BID se comprometió a dar apoyo preferencial con menor desarrollo relativo en la región, entre los que está Uruguay. El caso de Haití es especial, pues tras el terromoto ha recibido cuantiosas donaciones y préstamos y le fue condonada la deuda anterior.
Las tres patas del BID
El Grupo del BID está integrado por el Banco Interamericano de Desarrollo, la Corporación Interamericana de Inversiones (CII), que apoya principalmente a la pequeña y mediana empresa, y el Fondo Multilateral de Inversiones (Fomin), que promueve el crecimiento del sector privado mediante donaciones e inversiones y se focaliza especialmente en la microempresa.






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