Seisgrados - OPINIÓN
Elogio de la abundancia
Tan importante como el progreso material es el progreso y el cuidado de los valores que dan sustento a nuestra civilización
¿Usted se muestra pesimista por el futuro del mundo? ¿Por la escasez de recursos, de energía, de agua potable? Le recomiendo escuchar la breve conferencia que Peter Diamandis, una figura clave de la industria aeroespacial americana, fundador de varias ONG y en particular de Singularity University, pronunció en el marco de las conferencias anuales de TED (Technology, Entertaiment & Design) que tuvieron lugar en California a fines de febrero.
La conferencia dura apenas 16 minutos, pero desarrolla con tanta convicción las mejoras conseguidas por la humanidad en los últimos 100 años y las posibilidades para el futuro en función del desarrollo tecnológico que estamos experimentando, que deja poco espacio al pesimismo.
Ciertamente la mejoría material no es lo único que precisamos en el planeta, porque pese a ella siguen las guerras, el terrorismo, las catástrofes naturales, los problemas sociales, la pobreza de mucha, mucha gente. Diamandis tampoco lo ignora. Dice que “no está diciendo que no tenemos problemas –crisis climática, extinción de especies, falta del agua y energía– sino que en el largo plazo podremos superarlas”. Para ello comienza mostrando varios indicadores de los últimos 100 años: la expectativa de vida se multiplicó por 2, el ingreso per cápita real por 3 y la mortalidad infantil descendió por un factor de 10.
Lo mismo ocurrió con el costo de alimentación, que descendió por un factor de 10, el costo de electricidad por un factor de 20, el de transporte por un factor de 100 y el de comunicación por un factor de 1.000. El alfabetismo mundial pasó de 25% de la población a 80% y hubo que redefinir el concepto de pobreza en Estados Unidos. Hoy en día las personas que se consideran por debajo de la línea de pobreza tienen en un 99% electricidad, agua y refrigerador; en un 95% un aparato de TV; en un 88% un teléfono celular y en un 70% un auto y aire acondicionado. No es para “tirar cohetes”, pero es una situación muy superior a la de quienes estaban en esa condición hace 100 años.
Ese gran salto en el último siglo es lo que permite a Diamandis fundamentar su optimismo para el próximo y, más aún, para las próximas décadas. En cuanto a la disponibilidad de agua y energía, el problema no es la escasez de las mismas sino su distribución al mayor número de gente posible. La clave para Diamandis radica más bien en la expansión y democratización del acceso a la salud y a la educación. Y en ambos campos ve que la tecnología está jugando a favor de un mayor acceso.
La telefonía celular, que tendrá una penetración del 70% para 2013, y el uso de internet, que pasará de una penetración del 30% en 2010 a una de 70% en 2020, darán acceso a muchos millones de personas a servicios de salud y de educación y les permitirán ampliar las fronteras de su conocimiento.
Tomemos el ejemplo de internet, dice Diamandis. Hoy hay aproximadamente 2.000 millones de personas con acceso a internet. En 10 años, habrá más de 5.000 millones. Es decir, la friolera de 3.000 millones más de personas con capacidad de conocer, trabajar, innovar, producir, e inventar. Es un aumento impresionante el de poder incorporar 3.000 millones de personas, sobre todo de países poco desarrollados, al mundo del conocimiento, al mercado de trabajo y al de consumo. Con razón, Peter Diamandis tituló su conferencia “La abundancia es nuestro futuro” y se mostró tan optimista.
Comparto el optimismo de Diamandis en cuanto al progreso material. El pasado y el presente juegan a favor de su tesis. Pero me permito recordar que tan importante como el progreso material es el progreso y el cuidado de los valores que dan sustento a nuestra civilización. Sin estos, los progresos materiales corren riesgo de derrumbarse o de generar un frenesí consumista que a ningún buen final conduce, por más celulares y acceso a internet que haya.




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