Opinión - Editorial
Complemento del grado inversor
Lo único que sorprende en la decisión de Standard&Poor´s de restablecerle a Uruguay el grado inversor es la demora con que se produjo
Lo único que sorprende en la decisión de Standard&Poor´s de restablecerle a Uruguay el grado inversor es la demora con que se produjo. Los mercados financieros, mucho más perceptivos de la realidad que las calificadoras de riesgo, hace ya cuatro años que la reconocieron al mantener un flujo sostenido de inversión externa, tomar vorazmente nuestros títulos de deuda y mantener bajo el riesgo país, en nivel similar a los de Chile, Colombia y Perú. Esta situación reduce la incidencia de la tardía decisión de Standard&Poor´s, que presumiblemente será imitada en breve por Moody´s y Fitch, que completan el terceto principal de las empresas que califican el riesgo de que un país deje de cumplir sus compromisos de deuda.
Tiene especialmente cierta utilidad en esta época de incertidumbres mundiales por la persistente crisis financiera en la zona del euro y la vacilante recuperación económica de Estados Unidos. El retorno de Uruguay al escalón más modesto del grado inversor conlleva la admisión de que el país está adecuadamente preparado para sobrellevar sin grandes sobresaltos las turbulencias financieras y comerciales que se generen en el mundo desarrollado. Ayuda además a un acceso más barato al crédito, al darle a nuestra deuda soberana cierto diploma de confiable que la saca de la condición de especulativa. Y representa un espaldarazo a una década de lenta pero firme recuperación económica desde que la misma empresa fuera la primera en retirarnos del grado inversor durante la terrible crisis financiera de 2002.
Standard&Poor´s basó su decisión en el manejo de la deuda pública, uno de los méritos principales de la gestión económica bajo los tres últimos gobiernos, y en la credibilidad de las políticas macroeconómicas. Se les agrega la estabilidad institucional, que supone asegurar continuidad en el manejo de la economía. Pero el comunicado de la empresa enfatizó que, debido a los vientos inciertos que soplan desde Europa y Estados Unidos, Uruguay debe mostrar prudencia fiscal para no poner en riesgo la solidez de la economía. Tener en cuenta este mensaje por la administración Mujica y las que la sigan puede ser la consecuencia de más impacto de la decisión de Standard&Poor´s, ya que desde el advenimiento del Frente Amplio al gobierno, hace siete años, persiste una irresistida tentación al gasto público excesivo en áreas en las que los resultados no justifican el vuelco torrentoso de recursos fiscales, como ocurre en la educación y la salud.
El resultado ha sido un déficit fiscal que, aunque pequeño, está en leve aumento en vez de alcanzar un superávit neto tan deseable como factible dada la actual bonanza económica. Es una meta en la que el gobierno debe empeñarse, como complemento de lustre a una gestión macroeconómica en general acertada, lo que permitiría situar a Uruguay entre los primeros puestos mundiales en materia de buen manejo de la economía. Es además la mejor forma de justificar e incrementar la confianza inversora de los mercados y la que ahora finalmente han empezado a reconocer las calificadoras de riesgo.




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