Opinión - Editorial
Cachetada del asediado régimen k
El gobierno argentino está claramente resignado a soportar un descrédito internacional cada vez más agudo para dar prioridad a evitar su derrumbe financiero
El repudio mundial a los gobiernos argentinos desde el funesto default (con aplauso y festejo incluidos) en su deuda externa hace 10 años se ha agudizado con la denuncia de 40 países en la Organización Mundial de Comercio (OMC) por el exacerbado proteccionismo del actual régimen kirchnerista. El grupo incluye a los 27 países de la Unión Europea, Estados Unidos, Japón y otras 11 naciones. Previamente Estados Unidos le había suspendido a Argentina preferencias arancelarias, que otorga a miles de productos de los países emergentes, por incumplir obligaciones financieras.
Uruguay, pese a estar entre los países más perjudicados por las restricciones del régimen K, se abstuvo de incorporarse a la protesta grupal ante la OMC. La causa presumible es la política del presidente José Mujica de aguantarse el diluvio proteccionista de nuestros vecinos para no poner en riesgo vitales temas comunes como el dragado de los canales y el suministro energético. Es un curso cuestionado con fundamento desde la oposición y por el sector exportador, incluyendo unas 40 empresas que dependen de las exportaciones a Argentina y que corren peligro de desaparecer.
Tampoco China y Brasil se incorporaron al planteo en la OMC. Históricamente Brasil se entiende en forma directa con Argentina, en tratos bilaterales que han hecho trizas el Mercosur, en tanto que China se mueve con cautela. Tal vez como premio a no haber protestado ante la OMC, al día siguiente del planteo de los 40 el régimen de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner liberó una lista voluminosa de permisos de importación que estaban trancados. Pero el gesto argentino no alcanzó a Uruguay, cuya falta de peso por pequeñez económica es aprovechada por el poderoso secretario de Comercio, Guillermo Moreno para castigarnos, pese a las vacuas profesiones de cariño fraternal de la presidenta a Mujica. Es una nueva cachetada que nuestro gobierno mal puede soslayar.
El gobierno argentino está claramente resignado a soportar un descrédito internacional cada vez más agudo para dar prioridad a evitar su derrumbe financiero. Años de descontrol en el gasto público amenazan ahogarlo pese a sus manotazos a diestra y siniestra para aumentar ingresos con medidas arbitrarias. Incluyen haberse apoderado de los fondos privados de la seguridad social, impedir importaciones al costo de deteriorar servicios y calidad de vida de los argentinos, cerrar el acceso privado a dólares y utilizar las reservas del Banco Central para pagar gastos corrientes. El gobierno depende hoy de que se mantengan los precios de la soja, su principal exportación, base endeble para evitar la bancarrota.
En ese deteriorado panorama, Uruguay tuvo la buena noticia de que la OCDE no avaló la decisión arbitraria de CFK de exigir retroactividad en el previsto tratado de intercambio de información financiera. Técnicos de ambos países habían acordado excluir la retroactividad pero la presidenta abruptamente exigió lo contrario, para tratar de recaudar impuestos sobre antiguas inversiones argentinas. Esto se agrega a la exclusión de Uruguay de la liberación de importaciones concedida a Brasil y China como nuevo embate contra Uruguay, lo que pone aun en cuestión la política de cuasi total tolerancia de Mujica con nuestros vecinos.




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