Agro - Informe
Negociación complicada por el arroz
A los productores y a los industriales les resulta cada vez más arduo lograr márgenes de ganancia y eso empantana las relaciones entre los eslabones de la cadena arrocera
La inauguración de la cosecha de arroz 2012 generó como pocas veces un hecho político que no necesariamente sorprende, pero que ciertamente no estaba en las previsiones de nadie. El presidente exhortó a los productores a saltear a la industria y tomar en sus manos la comercialización de arroz. Algo habitual en Brasil, donde muchos productores medianos a grandes secan su arroz una vez cosechado y empiezan a negociar con la industria un precio.
Los arroceros uruguayos desde hace mucho tiempo, en virtud de los acuerdos construidos décadas atrás por la empresa Saman, acuerdan un precio con las principales industrias, en base a los precios y costos que esas industrias logran en su operativa.
Pero los costos, como en una competencia de garrocha, van subiendo gradualmente, un año tras otro, y eso ha hecho a la negociación de este año particularmente ardua.
Eso tiene enojado al presidente José Mujica, que considera que las empresas industriales que tuvieron el camino abierto para invertir en Uruguay tienen una posición inflexible en la negociación en curso.
“Es inadmisible que un sector de esta potencialidad no tenga como programa de futuro ser la fuerza directriz que maneja la industria que corresponde a este sector. Una verdadera integración significa la propiedad efectiva de los molinos y de la venta del arroz al exterior, como sector francamente integrado”, dijo Mujica en Las Achiras, el campo del empresario Gustavo Ferrari, en las inmediaciones de José Pedro Varela.
“No le voy a pedir a los productores de mi país que se hagan socialistas. Lo que les tengo que pedir es que sean dueños de todos los mecanismos que significan la venta de su trabajo al exterior; me parece que ese debe ser el sueño que deben tener los grandes productores, los medianos y los pequeños: fijarse el propio precio con una rentabilidad real en el comercio exterior”, agregó.
Detrás de ese discurso no estaba un llamado a que los productores instalaran un molino y se reconvirtieran a industriales repitiendo experiencias que en el pasado han terminado mal en otros rubros. Pero sí poner una cuota de presión a la industria que estaba desde hacía semanas negociando con los productores y sobre esta semana parecía ir rumbo a un arbitraje respecto al precio final del arroz de la zafra pasada.
La puja por el precio
Las principales industrias de Uruguay fijan un precio provisorio, se supone que con la suficiente cautela como para que luego el precio definitivo signifique un leve adicional para los productores. Para la zafra pasada, tras el precio provisorio fijado en US$ 12,20, los productores podían aspirar a cobrar US$ 13.
Sin embargo, en las negociaciones que desde hace un mes llevan adelante productores e industriales, las posiciones no logran salir de una batalla de trincheras en la que los industriales apuntan a un precio final cercano a US$ 12.
En realidad, argumentan, dada la suba de costos ocurrida en los últimos meses, estarían en condiciones de pagar aproximadamente US$ 11,80 por bolsa. Según los números de la industria, no se podría mantener el precio provisorio y los productores tendrían que compensar la diferencia entre el precio final y el precio provisoriamente pago meses atrás por la industria.
A nivel de los productores, como máximo se acepta mantener el precio provisorio sin que haya más pagos. Con un costo de US$ 1.800 por hectárea, que algunos productores dicen ya llega a US$ 2.000 por hectárea, los productores no la tienen fácil.
Porque la tendencia –como le sucede a la industria– es que el costo de producir se incrementa un año tras otro. Y en este año, con un rendimiento menor al del año pasado, por una siembra tardía, los productores encuentran inaceptable el precio ofrecido por la industria.
En síntesis, el sector arrocero enfrenta una de las negociaciones más duras de la historia y sin duda la más difícil desde la llegada de Camil, la empresa brasileña que compró Saman cinco años atrás.
Los arroceros adjudican a la anterior empresa el diseño de este sistema, al que respaldan como un mecanismo de integración y asociación que ha sido parte del crecimiento y el cambio tecnológico del sector desde hace décadas.
Pero consideran que es preferible ir a un arbitraje antes que aceptar un acuerdo desventajoso con la industria.
Desde la industria, la queja por los costos es similar. ¿Quién se hace cargo del aumento en los costos de energía y salarios que son el 70% del costo industrial? Se preguntan ante la disconformidad de los productores. En medio de la negociación, la suba de precios de los combustibles agravó la situación.
“En realidad lo que está detrás de la discusión es el gran tema del costo Uruguay. Somos cada vez más caros como país y de eso no podemos hacernos cargo los industriales”.
En el transporte del arroz, los números son casi risibles. Transportar el grano desde Artigas a Montevideo, unos 600 kilómetros de distancia, cuesta unos US$ 80 por tonelada, mientras que llevarlo luego de Montevideo a la China, un transporte de 10.000 kilómetros, cuesta US$ 18 por tonelada, menos de la cuarta parte, para una distancia varias veces mayor. El costo de transporte del kilómetro uruguayo es 74 veces mayor que el del kilómetro oceánico.
Algunas empresas empiezan a estudiar los vientos para instalar autogeneradores y usar la energía del viento a ver si por ese lado se puede economizar. Pero refiere al largo plazo.
En el corto plazo, los productores tienen que producir 7.500 kilos de arroz para cubrir los costos y lograr 8.000 kilos por hectárea, el posible rendimiento de este año y uno de los más altos del mundo, para conseguir un margen que está muy por detrás del que se logra con una soja de 2.000 kilos por hectárea.
El cierre de la pasada cosecha parece ser doloroso. El arbitraje por parte de una tercera parte es una fisura en el articulado complejo arrocero y parece inevitable. Además agregará un costo para el estudio, que por la multitud de variables a considerar y el monto del dinero en juego, no es menor.
La persistente suba del costo muestra un problema que trasciende al arroz. Por ejemplo, también abarca al trigo. Cuando las cotizaciones internacionales no son excepcionalmente elevadas, se vuelve muy difícil hacer frente a los costos locales.
El mercado internacional del arroz, como el del trigo, tienen precios buenos en términos históricos, pero no excepcionales. Las reservas internacionales de ambos cereales van en ascenso y, con un escenario externo normal, los costos de Uruguay quedan desubicados.
El precio del arroz quedará muy cerca de los US$ 12 por bolsa, US$ 240 por tonelada. Con ese precio cruje toda la cadena arrocera. La producción será 250 mil toneladas menor a la del año pasado. Un alerta para el sector, pero que, por sus causas, es un alerta que va bastante más allá del arroz. El costo Uruguay empieza a generar problemas que ningún arbitraje puede solucionar.
El mundo abastecido, Brasil escaso
Solucionadas las rispideces vinculadas al cierre del precio de la zafra pasada, el arroz tendrá el desafío de lograr un buen precio para la actual cosecha, que es menor a la del año pasado y enfrentará un precio más alto, al menos en los combustibles.
Y eso no será fácil. Algunos industriales consultados estimaron que un precio provisorio de acuerdo a la situación actual sería más bajo que el precio provisorio pactado el año pasado. Nuevamente el factor costos industriales y de comercialización determinan un precio más bajo al productor.
Sin embargo, todavía queda mucho por comercializarse de esta zafra y hay expectativas puestas en que un buen precio en Brasil pueda ser un factor de sostén para los precios uruguayos. En el país norteño van en suba cuando acaba de terminar la cosecha. Eso es una señal que permanecerán firmes durante todo el año.
Sin embargo, hay arranques proteccionistas del sistema político riograndense. El diputado Jerônimo Goergen, del partido progresista de Río Grande del Sur, propone junto a la gremial arrocera gaúcha Federarroz gravar de alguna forma al arroz uruguayo bajo el supuesto de que no recibe algunos de los impuestos que pagarían los agricultores gaúchos. También hay presiones para que sea cuotificado el ingreso de arroz uruguayo que no prosperarían. Con un precio por la bolsa de arroz que se va acercando a US$ 15 en el sur brasileño, los agricultores uruguayos empiezan a mirar con expectativa la comercialización de este año, a la espera que el precio brasileño ayude a remontar el precio actual. Al mismo tiempo surgen cuestionamientos respecto a las causas por las cuales el arroz en Brasil parece despegarse del precio que reciben los productores de este lado de la frontera.
¿Y China?
Tras el pánico de 2008, cuando los precios se dispararon y los consumidores asiáticos temieron quedarse sin su alimento más básico, la producción de arroz en muchos países de Asia ha aumentado y los precios se han calmado.
Sin embargo, desde el segundo semestre del año pasado, por primera vez en la historia, China ha participado de las compras a Uruguay. Y a nivel internacional va creciendo la expectativa que el gigante asiático empiece a realizar compras cada vez más importantes de arroz.
Luego de varias décadas en las que China logró el autoabastecimiento de arroz, en 2011 importó aproximadamente 600 mil toneladas y se estima que este año importará al menos dos millones de toneladas, principalmente de Vietnam. Tal vez el comienzo de una tendencia similar a la que inició en soja 10 años atrás, o en maíz hace dos años. Por ahora es apenas un factor estabilizador para absorber el grano que tienen los grandes exportadores de Asia.




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